Así se llame 2010

Norberto Firpo
Norberto Firpo LA NACION
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26 de diciembre de 2009  

SI no fuera porque el país está condenado al éxito, un cierto escepticismo embargaría a Tirifilo Peribáñez. Sagaz observador de la realidad circundante, filósofo y jurisconsulto notable, autor de unos cuantos tratados sobre el ser, la duda existencial y los atendibles matices del derecho de pernada, Peribáñez experimenta un esperanzado y controvertido de-sasosiego cada vez que el almanaque declara agotada su paciencia.

A su entender, cualquier sujeto más o menos avispado puede hoy percibir que las fiestas de fin de año tienen un encantador no sé qué: con ese etílico burbujeo que conllevan y con esa abrumadora polución de plácemes que se regurgitan, no sólo invitan a trazar inventarios y balances amañados, sino que desatan expectativas tan poco consistentes como un sueño de quiniela. Conviene decirlo: las fiestas de fin de año inducen a imaginar que un invento del papa Gregorio XIII -el calendario gregoriano- puede determinar, por el simple hecho de echarse a andar, que una persona cambie de vida (para mejor) o que un país se vuelva serio y confiable y emprenda marcha venturosa, sobre huellas de garantizada prosperidad.

Los calendarios no cambian nada, no dominan las artes del birlibirloque, pero Peribáñez está convencido de que inclinan a mucha gente a formular promesas, a prometerse a sí mismas cosas descomunales, entre ellas la de no seguir engordando y la de gambetear, en lo posible, la tracalada de vivarachas inconductas, ésas que mortifican la conciencia pero que constituyen rasgos tutelares de la idiosincrasia nacional. Más de uno habrá de proponerse no caer en fiebres posesivas, y no faltarán los padres y/o tutores ingenuos, trepados a la ilusión de que el próximo año lectivo tendrá 181 días. Hasta es posible que, de pronto, algunos ciudadanos adquieran certeza de que son mayoría los dirigentes políticos probos y abnegados, imbuidos de genuino patriotismo.

"Todo nuevo almanaque concede estas gracias -acaba de decir Peribáñez en la sociedad de fomento y compresas tibias La Curatela-. Y son precisamente estas gracias -agregó, tras apurar su tercer vaso de garnacha- las que logran eludir cierto perverso y rencoroso desánimo, dictado por la sospecha de que el advenimiento de un nuevo año, así se llame 2010, no conseguirá aliviar nuestros pesares?

"Craso error, muchachos. Al final de este túnel, un poco largo y demasiado oscuro para mi gusto, nos aguardan los iridiscentes fulgores del éxito. Estamos condenados a esa suerte y ya verán la envidia que le provocaremos a Lula, a Obama, a Rodríguez Zapatero, al Club de París, al Fondo Monetario Internacional y, si me apuran, a Susana Giménez."

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