Atacar la mortalidad infantil

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23 de agosto de 2000  

EL Ministerio de Salud de la Nación ha anunciado la ejecución de un programa que, con financiación del Tesoro Nacional y del Banco Mundial, procurará atacar el drama de la mortalidad infantil.

Según las estadísticas, fallecen anualmente en nuestro país 13.000 niños menores de un año, lo que equivale a una muerte cada 40 minutos. Con un procentaje de decesos del 19,1 por mil, la Argentina presenta una mortalidad infantil superior a la de naciones como Cuba (9,4 por mil) o Chile (11,1 por mil).

El programa, que prevé brindar atención a tres millones de niños y a unas 650.000 madres necesitadas de asistencia, incluirá un plan de seguridad alimentaria -denominado Unidos - que apuntará a combatir la desnutrición en 744.000 familias de muy escasos recursos. Se distribuirán módulos alimentarios en los hogares que los necesiten y se brindará apoyo a los grupos solidarios que realicen compras comunitarias de alimentos o desarrollen la producción local por medio de huertas y granjas.

Por su parte, el Ministerio de Educación -según se informó- tratará de que las 5500 escuelas más pobres del país funcionen como medios de comunicación para transmitir a las familias la mejor manera de prevenir la mortalidad infantil. También habrá becas para los jóvenes en edad escolar que hayan dejado sus estudios por falta de recursos.

Estos planes deben ser bien recibidos, obviamente, en la medida en que tienden a satisfacer necesidades de especial urgencia en áreas en las cuales no se han registrado progresos en muchos años o se han producido retrocesos. A las dificultades estructurales de antigua data se deben agregar los problemas derivados de la actual situación económica recesiva y de la generalizada falta de trabajo.

Atacar a fondo la mortalidad infantil es una tarea que requiere esfuerzos sostenidos y bien orientados, libres de inútiles cargas burocráticas y con capacidad para producir claras reversiones en las situaciones existentes. No se trata de la aplicación de ingentes recursos sino del empleo inteligente y oportuno de los que realmente son necesarios.

La prueba más clara de esto la dan, justamente, algunas naciones cuyas economías están lejos de ser brillantes y que en muchos casos se encuentran por debajo de la nuestra. En esos países una focalización satisfactoria de los recursos ha producido resultados positivos. La mortalidad infantil puede ser reducida con campañas preventivas y asistenciales de objetivos claros y ejecución eficaz.

La Argentina tiene una deuda interna insoslayable con los niños que mueren por falta de una asistencia que con una organización eficiente podría ser brindada, sin costos excesivos, a una población que desde hace mucho la está esperando.

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