Automatización del proceso electoral

Por Rafael A. Bielsa Para LA NACION
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21 de mayo de 2003  

Poco se puede añadir a lo que ya se ha dicho respecto de la abismal distancia que existe entre el calendario de la ciudadanía y el de la política rancia. Sin embargo, los estudios demuestran que la mayoría de los habitantes de nuestro país todavía desea ejercer el moderado derecho cívico de emitir su voto y hacerlo con transparencia.

Lo adviertan o no los políticos, este pacífico acatamiento a una democracia que a más del 50 por ciento de nuestros conciudadanos no provee de los bienes públicos más básicos es una extraordinaria y curiosa merced que habría que cuidar como a un pimpollo, tanto más cuanto que aquellos no han hecho demasiado para haberla merecido.

Poco se puede añadir, y mucho es lo que hay que hacer. No habiendo considerado la política indígena que ha llegado el momento oportuno para introducir las reformas que permitan terminar con la discrecionalidad y la clandestinidad en la nominación de candidaturas, por lo menos podría aceptar dar un paso en dirección a que la emisión del voto no merezca el más mínimo reclamo. Y aunque seamos remisos a aceptar que pared de por medio se hagan las cosas mejor de lo que las hacemos, los elementos informáticos del sistema electoral brasileño merecen que se estudie la posibilidad de solicitar a nuestros socios del Mercosur una asistencia en la materia.

El procedimiento del sistema brasileño es el siguiente: el votante llega a la mesa, su presidente toma el documento de identidad y lo ingresa en la terminal, que queda así lista para recibir el voto. El ciudadano lo emite detrás de un pequeño bastidor de cartulina ubicado sobre una mesa y sin utilizar boletas ni sobres.

Tras el tríptico de cartón se encuentra la urna electrónica, un aparato similar a las cajas registradoras. El votante elige qué cargo va a votar y digita el número correspondiente a su candidato preferido. En la pantalla aparece la foto y sus referencias (cargo, partido, etcétera). Para sufragar se debe pulsar un botón: verde para confirmar, rojo para corregir, blanco para anular.

Una vez que finaliza la operación, la máquina emite un sonido y presenta la leyenda "fin". El equipo consta de un teclado numérico como el de un teléfono (para los no videntes las teclas cuentan con el sistema Braille), una pantalla, una unidad de almacenamiento de datos y un mecanismo de impresión como el de las mencionadas cajas registradoras, en este caso para emitir el comprobante de votación, todo ello en un gabinete metálico inviolable. Para lugares sin energía eléctrica se dispone de unidades con baterías.

En el último proceso eleccionario que terminó con el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva, aproximadamente el uno por ciento de las terminales tuvieron problemas. En algunos casos fueron reemplazadas; en otros se recurrió al voto manual.

La ventaja del sistema electrónico es su simplicidad, su seguridad y el ahorro de tiempo. Al "cierre de las urnas", los responsables de las mesas, en presencia de los fiscales de los partidos, introdujeron una clave que bloqueó las terminales y dio paso a varios juegos de copias con los resultados, los que se enviaron a las autoridades electorales, a los representantes de los partidos, etcétera. La unidad generó un disquete que fue llevado de inmediato a una oficina que los agrupó, por regiones, junto con las computadoras.

Los votos recibidos en las "urnas" fueron contabilizados en diversos centros, que remitieron sus resultados, vía una intranet y de forma encriptada, a la computadora central del Ministerio de Justicia de S‹o Paulo, lo que evitó los riesgos de operar en esta instancia a través de Internet (la mayoría de los expertos concuerda en que Internet no está todavía lista para un proceso eleccionario, dado el estado actual de vulnerabilidad en servidores, la infraestructura de las comunicaciones, y los virus, así como los peligros no técnicos, tales como la venta del voto). Una vez allí se retransmitieron por Internet a Brasilia, al sitio web del Tribunal Superior Electoral y al sitio oficial de las elecciones, donde de inmediato quedaron a disposición del público.

En Brasil esto último es fundamental, porque en el pasado conocer los resultados insumía una semana. Para quienes imaginan la posibilidad de que estos datos puedan ser manipulados o fraguados, cabe mencionar que hasta el momento el sistema demostró ser tan confiable que los últimos comicios no requirieron veedores internacionales.

Un desarrollo oficial

Tanto el desarrollo del sistema cuanto el del equipamiento son totalmente brasileños. Fueron diseñados por el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales, la Fuerza Aérea, el Ejército y el Tribunal Superior Electoral, que se encarga de la programación de las unidades, y su costo alcanzó los 114 millones de dólares. El hecho de que se trate de un desarrollo oficial descarta los inconvenientes que se interponen frente a los de empresas privadas (¿quiénes poseen y conducen estas compañías?, ¿qué otros negocios regentean?, ¿quiénes componen el directorio?, ¿están afiliados a algún partido político sus miembros?, ¿quiénes son sus empleados?, ¿cuáles son sus antecedentes y nivel de capacitación?, ¿estarían dispuestos a proporcionar las respuestas a estas preguntas?).

Para adoptar un mecanismo electrónico de consulta popular, es indispensable que responda afirmativamente a los siguientes criterios: exactitud (el recuento final de votos debe ser perfecto, ya sea porque no puede ser introducida ninguna exactitud o porque todas las inexactitudes introducidas pueden ser detectadas y corregidas), democraticidad (debe permitir que solamente voten una vez los electores empadronados), privacidad (que ni las autoridades ni ninguna otra persona puedan relacionar algún sufragio con el votante que lo emitió), verificabilidad (que cualquier persona pueda comprobar que todos los votos se hayan contado correctamente), conveniencia (debe permitir que los votantes emitan sus sufragios rápidamente, en una sesión, y con el mínimo de equipamiento o habilidades especiales), flexibilidad (si permite una variedad de formatos de pregunta, incluso preguntas abiertas) y movilidad (que no haya restricciones, salvo las logísticas, para que un votante pueda sufragar desde cualquier ubicación).

Las razones apuntadas al comienzo y los detalles brindados a continuación hacen aconsejable que la política y las autoridades argentinas evalúen las posibilidades institucionales, técnicas y económicas de aceptar el convite verdeamarillo.

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