¡Auxilio! Primer día de vacaciones…

Pasás por "el castillo de la ruta". Con emoción, tratás de que no se lo pierdan. "¡Ahora!", "¿¡Dónde?!" "¡Ahí"! Imposible
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8 de enero de 2014  • 00:08

La cédula verde. La VTV. El papelito del seguro. El duplicado de las llaves del auto. Cambio para los peajes. Botellita de agua, "así no frenamos". Las llaves del departamento alquilado. El teléfono del señor de la inmobiliaria. Despertás a los "nenes" sin despertarlos. Los subís al auto. Protestan. Se despiertan. Cerrás el baúl. Faltaba la tabla de barrenar. Reacomodás. Cerrás la casa. Dudás. Volvés a cerrarla. Arrancás.

No llegaste a Dock Sud. Pedís mate. "¿Ya?", te responden. Consecuentemente, los "nenes" piden tomar algo. Les decís que se duerman. Que si se duermen, "llegamos antes". No te creen. Igual se duermen. Alguien te pregunta: "Cerraste el gas en la cocina, no?" Dudás. Respondés como si estuvieras seguro. "Sí, obvio".

Pasan los peajes. Se te acumulan billetes de 2 pesos y tickets varios. Necesitás estirar las piernas. Van 100 km. "No frenemos, aprovechemos que los nenes duermen", sugieren desde el acompañante. Tus meniscos piden cambio. En realidad, morís por Atalaya. Decís que no aguantás más. Que necesitás ir al baño. En definitiva, sos el "héroe", sos "el que maneja". Lo lográs.

Hacés un chiste. No divierte. Pasás por Gándara. Les contás que cuando eras chico, te daban dulce de leche gratis, y enfrente, agua mineral. No les importa

Frenás en Atalaya. Desborda. Estacionás a 300 metros. Te bajás. Caminás como podés. Para medialunas, 45 minutos de espera. Gente con riñonera desfila ante tus ojos. Se despertaron "los nenes". Todos al baño. No tienen ganas. No importa, vayan porque "no paramos más". Reponés agua del termo. Seguís. Todos despiertos.

A la izquierda, se ven los desodorantes gigantes. Hacés un chiste. No divierte. Pasás por Gándara. Les contás que cuando eras chico, te daban dulce de leche gratis, y enfrente, agua mineral. No les importa.

Pasás por "el castillo". Con emoción, tratás de que no se lo pierdan. Que lo vean. "¡Ahora!", "¡¿Dónde?!" "¡Ahí"! Imposible. Entre el poco entusiasmo y la hendija mínima de visibilidad entre los árboles, otro año comienza con un nuevo fracaso.

Faltan 100 km. Desde el asiento del acompañante, se decreta que es hora de comer. De una bolsa de pan lactal, salen sanguchitos prefabricados. Te piden que, además de todo, no hagas migas. Imposible. Tu remera de "manejar en la ruta" es un mantel receptor de las migas y pequeños pedacitos de fiambre. Dos de los tres "nenes" protestan. Querían jugo en vez de agua...

Desde el asiento del acompañante, se decreta que es hora de comer. De una bolsa de pan lactal, salen sanguchitos prefabricados. Te piden que, además de todo, no hagas migas

El sol de la media tarde castiga de costado. Mandás repasador a la ventana.

Llegás a destino. Con el auto cargado, vas a la inmobiliaria. Dejás la garantía. Vas al departamento. Llegás. Gente que está de antes, sale para la playa, fresca, mientras vos bajás valijas, bolsos y dos almohadas. Entrás. El departamento alquilado tiene todo, incluido olor a amoníaco recién echado, un control remoto sin pilas y un juego de scrabel al que le faltan fichas, perdido en un placard.

Te disponés a descansar. Tu familia te pide ir a la playa YA, "así disfrutamos desde el primer día".

Subís las valijas arriba de las camas de colchas floreadas. Rastrean mallas. Vos decidís ir con la ropa que usaste para viajar, "total es un ratito". Remera agredida por el respaldo del asiento del auto y un bermudas beige arrugadísimo. Incluye cinturón. Te sacás las medias tres cuartos blancas, de las que se compran de a muchas. Se vuelven a subir al auto, que tiene rastros de ruta. Vas a la playa. Llegás. Hacés todo lo que hay que hacer en poco tiempo. Entás al mar corriendo desde las carpas. Te sentás con la sillita en la orilla. Tomás mate. Le comprás choclo a "los nenes". Pedís un juego de tejo. Tus ojos se te caen. Estás despierto desde las 3, porque había que salir con "la fresca".

Te arde la cara. Como era "un ratito", nadie se puso protector. Todos rojos. Deciden volver. Escuchás "vamos, así vamos al súper...". No puede ser verdad. No falta el desodorante de ambiente, que mezclás disimulado. Vas a pagar. La caja desborda, entre gente tostada, otros blancos, y vos, rojo como tomate. Volvés al departamento.

El departamento alquilado tiene todo, incluido olor a amoníaco recién echado, un control remoto sin pilas y un juego de scrabel al que le faltan fichas, perdido en un placard

Llega el descanso. No.

A bañarse, así salimos a pasear por "el centrito". Pedís que se bañen rápido, así alcanza el agua.

Concedés la prioridad al resto. Mientras tanto, te aislás mirando un partido viejo del Nacional B, en TyC Sports.

Seguís con la cédula verde en el bolsillo de atrás del bermudas beige. Te bañás. El rojo de las caras quemadas resalta más. A "los nenes" les ponen crema. Te ofrecen. Rechazás. Te obligan. Ahora sí. Todos rojos, bañados, brillantes y encremados listos para pasear por el "centrito" y comer una pizza sentados en una mesa en la vereda. Se lleva un abrigo, "porque en la costa, a la noche refresca". Pulovercito en el hombro.

Caminás. Te chocás. Mirás vidrieras que no te interesan, con productos que no vas a comprar. Los nenes te piden un copo de nieve. Después de comer. "No, ahora". Cedés. Se llenan las manos de pegote.

Caminás. Te chocás. Mirás vidrieras que no te interesan, con productos que no vas a comprar. Los nenes te piden un copo de nieve. Se llenan las manos de pegote

Rogás ir a comer y a descansar. Estás despierto hace 18 horas, te arde la cara, y lo del supermercado te liquidó. Vas al bar más cercano. No hay lugar. No hay lugar en ningún lado. Hacés fila. Los "nenes" se fastidian. Resulta que hay que entenderlos porque "tienen sueño", y los agota "el aire de mar". Los retás. Protestan. Se sientan a comer. Piden pizza. Te pedís unas rabas, como todos los años.

Respirás hondo. Te relajás. A lo lejos, un artista callejero hace retratos en carbonilla de entusiastas veraneantes. "¿Puedo hacerme uno, pá?"

Ya todo te da lo mismo. Hay buenas noticias. Se va terminando el flagelo del primer día de vacaciones.

Eduardo Ceccotti

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