Avanza la mediación comunitaria

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13 de enero de 2001  

Va ganando protagonismo el recurso a la mediación como método alternativo para la solución de conflictos. Alrededor de 3000 litigios son resueltos anualmente en nuestra ciudad sin necesidad de apelar a los mecanismos más complejos y onerosos de la Justicia. Muchos de ellos podrían ser considerados, a primera vista, pueriles, pero la experiencia ha demostrado que la incapacidad de las partes para llegar a acuerdos satisfactorios suele llevarlas a situaciones de creciente violencia personal, que aconsejan la intervención de terceros ajenos al problema.

El proceso de mediación, en la Capital Federal, es voluntario, confidencial y gratuito. Existe un Programa de Mediación Comunitaria y Métodos Alternativos de Solución de Conflictos y en cada uno de los Centros de Gestión Participativa existe una oficina de Mediación Comunitaria. Los mediadores no son necesariamente abogados, pero sí personas con capacidad suficiente para establecer el consenso, sobre la base de un proceso eficaz de comunicación entre las partes.

Muchas de las situaciones conflictivas que podrían dar lugar a la intervención de la Justicia son atendidas hoy a través de los mediadores, cuya tarea principal es hallar la manera de conciliar los intereses hasta lograr una solución que satisfaga aceptablemente a todos. Como solución voluntaria, en la cual nada se produce como no sea por acuerdo de las personas, resulta una respuesta singularmente eficaz, que ahorra mucho dinero y ayuda a aliviar las cargas de una Justicia que está ampliamente desbordada en sus capacidades de acción.

La mediación comunitaria se está desarrollando en todo el país y gradualmente ingresa en las prácticas judiciales de las provincias y los municipios. Una cantidad más que importante de problemas que afectan a la convivencia, en los barrios, en las escuelas, en las familias, pueden ser encarados con la ayuda de este recurso.

Los especialistas señalan que una parte sustancial de los conflictos que por esta vía se atienden tiene que ver con la desocupación, el alcoholismo y la adicción a las drogas. En muchos casos -y esto resulta realmente valioso- la intervención de los mediadores va más allá de la atención del reclamo e influye benéficamente en la conducta ulterior de las personas.

La práctica de la mediación es una manera de librar al brazo del Estado de su poder para actuar sobre los ciudadanos, lo que implica un cambio sustancial en la óptica con que se miran los litigios. Cuando se trata de cuestiones con un grado de intensidad relativamente menor se otorga a personas que no son agentes del orden la posibilidad de intervenir en muchos problemas, con la aceptación de quienes se sienten afectados.

Todo esto implica también una respuesta que puede considerarse educativa, en la medida en que enseña a las personas que pueden hallar por sí mismas las vías que necesitan y reclaman. En un sentido más específico la mediación es un asunto de interés escolar, porque también actúa en las escuelas. Un número significativo de docentes, padres y alumnos, aun del ciclo primario, han sido capacitados para actuar como mediadores.

Hay motivos de diversa índole para propiciar el desarrollo de estas instancias. La posibilidad de superar los ofuscamientos e imponer la razón y el derecho por encima de la pasión o los intereses particulares no es en modo alguno desdeñable.

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