Banderillas

Héctor M. Guyot
Héctor M. Guyot LA NACION
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22 de febrero de 2018  

Foto: Diego Pineda - DPA
Foto: Diego Pineda - DPA Fuente: LA NACION

A veces la vemos venir. De pronto, la embestida de la realidad parece tan inminente y tan inexorable que sentimos el impacto antes de que se produzca. Tensamos entonces los músculos de la cara y otros también, nos fruncimos, como si esa anticipación pudiera morigerar un dolor inevitable que, aunque no haya llegado todavía, ya está en nosotros. Algo de eso parece estar experimentando este gallardo banderillero, que pasó de la ofensiva a una retirada agónica acaso para el delirio de una tribuna caliente, que acudió a la plaza sedienta de un espectáculo que justificara el pago de la entrada. En este trámite, de poco le valen al hombre las banderillas. Para tener éxito en su fuga debería desprenderse de todo lastre. Y ni así tendría garantizada su participación en una nueva corrida. Cuando la realidad adopta la forma de un toro de lidia y te toca estar en el ruedo, la cosa se pone fea. ¿Quién no ha pasado, alguna vez, por un trance semejante?

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