Benyamin Netanyahu podría dejar de ser primer ministro de Israel

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
(0)
10 de octubre de 2019  • 00:56

La democracia israelí funciona. Y ejemplarmente. Pero eso naturalmente no asegura que los resultados de las urnas arrojen necesariamente soluciones simples de ejecutar. Porque el país está muy dividido políticamente. Tanto, que Benyamin Netanyahu acaba de ser derrotado en las urnas por el general retirado Benny Gantz, por muy escaso margen, en una elección que finalmente resultó sumamente reñida. Gantz es el líder del partido Azul y Blanco (Kahol Lavan, en hebrero) y pareciera contar con la simpatía mayoritaria de las fuerzas de centro-izquierda.

En mi opinión, las acusaciones de corrupción que últimamente se acumularon contra Netanyahu influyeron decisivamente en la contienda electoral. Los cargos específicos y formales contra Netanyahu aparentemente se conocerán recién el próximo 3 de octubre. A lo largo de toda la campaña, los sondeos de opinión señalaron la existencia de una carrera "codo a codo". No se equivocaron.

Al tiempo de escribir estas líneas, tanto Netanyahu, como Gantz, negociaban activamente en procura de conformar un gobierno de unidad nacional, tarea que no resulta nada simple, pero que fue emprendida con la serena madurez del caso. Ante la falta de resultados de los esfuerzos de concertación, el presidente israelí encargó a Netanyahu la formación del gobierno.

Gantz, que seguramente avizoraba un resultado parejo, durante la campaña mantuvo insistentemente una posición claramente contraria a la idea de una coalición de unidad conformada con el partido Likud, de Netanyahu. No obstante, en su entorno se afirma que, si el Likud de pronto se aviene a desplazar a Benyamin Netanyahu de su comando, la coalición podría, de pronto, ser factible. Los partidos ortodoxos apoyan a Netanyahu y, en cambio, Gantz se define a sí mismo como un líder laico.

Para gobernar en Israel, cabe recordar, se necesita poder contar con al menos 61 bancas en un Parlamento (Knesset) compuesto por 120 escaños, que desde hace rato es políticamente multicolor: posee nada menos que once diferentes grupos parlamentarios.

Gantz obtuvo en las recientes elecciones parlamentarias 32 bancas y su principal rival, Netanyahu, 31. La necesidad de conformar de alguna manera una coalición de gobierno en un país que luce polarizado políticamente es, entonces, más que obvia, indispensable. En los temas sociales, Gantz tiene posiciones más bien liberales. Pero en materia de seguridad ha sido siempre calificado de "halcón" por la clara firmeza de sus convicciones y posiciones.

Gantz tiene 60 años. Es esencialmente una figura "de centro". Nació en el sur de Israel, y es hijo de un hombre que felizmente pudo escapar al Shoah. Es padre de cuatro hijos y estudió en los EE.UU., en la "National Defence University". A los 18 años ingresó en el ejército israelí. Es paracaidista. Y un conocido fanático del fútbol.

Llegó a ser general a los 42 años, lo que evidentemente acredita condiciones profesionales de excepción. Por su aspecto elegante -y hasta señorial- muchos lo llaman "el príncipe". Sus ojos denuncian una personalidad serena y comprometida a la vez con todo lo que emprende. Respecto de la corrupción se pronuncia como dispuesto a enfrentarla de plano en todos los frentes, "con tolerancia cero".

Como muchos, parte del supuesto de que Israel está, desde hace rato ya, amenazada por múltiples peligros y que, por ello, debe siempre poder defenderse sola, de ser necesario. En esto coincide ciertamente con la visión prevaleciente en el propio Likud. Lo acompañan en su campaña dos ex Jefes de Estado Mayor del ejército israelí: Moshe Yaalon y Gabi Ashkenazi.

En su opinión, Gantz siempre habla de una solución "con dos partes", pero, pese a ello, no la define como la de los "dos Estados", en procura de mantener flexibilidad en los eventuales diseños que procuren implementarla. La dirigencia palestina no rechaza a priori a Gantz. El propio Mahmoud Abbas ha dicho, con meridiana claridad: "nuestra posición es contra Netanyahu". Punto.

Para Netanyahu -a su vez- lo que está en juego no es menor, desde que se trata de nada menos que su propia supervivencia en el complejo mundo de la política en el que su estrella ha perdido luz. Donald Trump en los últimos tiempos dio, en su favor, algunos pasos trascendentes. Como el de reconocer expresamente a la ciudad santa de Jerusalem como capital del Estado de Israel y aceptar asimismo la soberanía de Israel sobre las crucialmente estratégicas Alturas del Golán.

Por esto último, Netanyahu insistió constantemente -todo a lo largo de su campaña- en que nadie, absolutamente nadie, en su país tiene la gran intimidad con el gobierno de los EE.UU. que sólo él tiene.

Trump, por su parte, se cuidó mucho de no aparecer como "interviniendo" de cualquier manera en la campaña política israelí, procurando no "ser usado" en ella.

El árbitro de las actuales negociaciones podría, de pronto, ser Avigdor Liberman, el líder del partido de derecha "Yisrael Beiteiniu", secular y nacionalista. Liberman fue, en su momento, ministro de Defensa de Benyamin Netanyahu. Renunció a ese cargo en noviembre de 2018, luego de que se suscribiera un acuerdo de cese el fuego en la Franja de Gaza, al que calificó de verdadera "capitulación ante el terrorismo". Es un hombre que, con sus propuestas, parece encarnar a la derecha laica. Por esto, no sorprende demasiado que una de sus discutidas propuestas sea la de obligar a todos los judíos ortodoxos a tener que hacer la conscripción y servir entonces, como ocurre con los demás israelíes, en las fuerzas armadas de Israel.

El partido de izquierda que se denomina "Lista Árabe Unida", comandado hoy por Ayman Odeh, ha anunciado que está dispuesto a integrar una posible coalición de gobierno con las fuerzas políticas que hoy apoyan a Gantz, lo que es inusual, desde que los árabes que son ciudadanos de Israel generalmente se rehúsan a actuar en coalición con las fuerzas políticas israelíes. Todo un cambio, ponderable por cierto. Quizás motorizado por la sorpresiva propuesta, de corte obviamente electoral, de Beyamin Netanyahu de anexar a la actual soberanía territorial de Israel una parte, bien significativa, del territorio de la llamada "Margen Occidental".

Con casi dos metros de altura y unos ojos celestes profundos, Benny Gantz es hoy una figura muy popular en el mundo de la política de Israel.

Es, en rigor, el candidato para ser Primer Ministro de la centro-izquierda. Se trata de un general, paracaidista, de una enorme experiencia militar profesional desde que, como Jefe de Estado Mayor del Ejército de su país, participó en un sinnúmero de operaciones de envergadura en Gaza, Líbano, y Cisjordania.

Fue, recuerdan algunos, el último uniformado que dejó al Líbano en la retirada israelí del año 2000.

Es hijo de una sobreviviente de uno de los odiosos campos de concentración nazis, el de Bergen-Belsen. Su madre, en su momento, vivió recluida en el gueto de Budapest. En su andar público Gantz siempre siguió el ejemplo y los pasos de uno de los hombres más destacados y admirados de la historia de la política israelí, Isaac Rabin. Hoy tiene un gran peso propio y se ha instalado en el centro del escenario político israelí. Puede que esta vez no sea su turno, pero sus posibilidades han quedado demostradas por el veredicto de las urnas.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.