Alejandro Rozitchner: "El Poder Judicial tiene que cumplir de una vez por todas con su deber"

El filósofo dice que, pese a la dureza del momento económico, la situación es mejor que en 2015; opina que el país "está aprendiendo a pagar el precio de los logros que necesita" y cree que la ciudadanía volverá a elegir a Macri
El filósofo dice que, pese a la dureza del momento económico, la situación es mejor que en 2015; opina que el país "está aprendiendo a pagar el precio de los logros que necesita" y cree que la ciudadanía volverá a elegir a Macri Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk
Astrid Pikielny
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19 de mayo de 2019  

Siempre lo sorprendió la facilidad de su encuentro con Mauricio Macri a pesar de provenir de mundos aparentemente tan distintos. "Yo vengo del rock, la filosofía, la literatura, el arte. Él, de la empresa, el deporte, la ingeniería", dice el filósofo y asesor presidencial Alejandro Rozitchner, sentado en un bar cerca de la Plaza de Mayo. "Tal vez ambos asumimos la necesidad de una transformación en serio, no desde una mirada bastante retrógrada de los símbolos y una defensa de lo popular constantemente traicionada", explica.

Frontal en su cerrada defensa de la gestión actual, niega que el Gobierno agite como contrafigura a Cristina Kirchner, que Cambiemos haya incurrido en alguna mala praxis y que se discuta internamente la candidatura de Macri. "Mauricio es el candidato -enfatiza-. Si fuera por los medios y por las cosas que se dicen, da la impresión de que es imposible que gane, pero siempre termina ganando". A poco de que la Corte Suprema haya intervenido para dejar en suspenso el juicio oral y público por corrupción contra Cristina Kirchner, Rozitchner sienta posición. "La ciudadanía está cansada de la escandalosa protección a una corrupción también escandalosa. El Poder Judicial tiene que dar un paso patriótico y cumplir de una vez por todas con su deber".

Tras el golpe militar de 1976, Alejandro -hijo del filósofo León Rozitchner, un destacado intelectual de izquierda- se exilió con su familia en Venezuela hasta 1984. Consultado por la situación política de ese país, considera que lo que sucede allí es "el horror interminable"; un espejo esclarecedor respecto de qué camino habría que elegir en las próximas elecciones. "Este gobierno está ordenando la Argentina como no lo hizo nadie nunca. Es profundamente transformador y revolucionario para una tradición que se basa en el ocultamiento, la patota y la fuerza. No nos hagamos los que no nos damos cuenta", afirma.

¿Cómo definiría el liderazgo de Macri?

Es un liderazgo muy tranquilo, no hay un culto a la personalidad, impostura o pretensión de promoción personal. Más bien creo que se concibe como cabeza de un proyecto. Lo que tienen en común Mauricio y Marcos [Peña] es la facilidad con la que arman equipos. Es un atributo positivo y tiene que ver con creer en el diálogo y la construcción colectiva. Son auténticamente dialoguistas.

No piensan eso algunos integrantes de la coalición y de la oposición. ¿No cree que los 10 puntos de consenso lanzados por el Gobierno llegaron tarde?

Esas son las mismas opiniones desencantadas de siempre de los que creen que el desencanto es una virtud. El Gobierno fue extremadamente dialoguista y abierto desde el inicio: en la relación con los gobernadores, en las reuniones de gabinete, en las mesas sectoriales, en las infinitas reuniones con sindicalistas. Entonces, este no es un paso distinto. Se hizo con un espíritu de nueva política y de planteo abierto. Muchos dirigentes, con un estilo de vieja política, dicen "a mí no me llamaron" como si la propuesta debiera ser secreta y personalizada. El Gobierno está enfocado en resolver cuestiones del presente para generar futuro.

Usted siempre dice que la historia está sobrevalorada y que no es un recurso para el presente. Pero los inversores suelen sugerir que la Argentina lleva décadas de imprevisibilidad, y que un presidente no cambia la historia de un día a otro. ¿Subestimaron el peso de la historia?

Sin embargo, lo que uno ve es que el cambio es posible. Con el criterio de que el pasado nos determina de manera absoluta, no habría existido el G20, no se hubieran abierto los mercados que se abrieron, no estarían aumentando las exportaciones, no habría combate a la inseguridad y al narcotráfico. Realmente es una Argentina que cree en la posibilidad de hacer la experiencia de vivir en vez de estar remitiéndose a un destino donde "está todo escrito".

El pasado no determina pero condiciona; hay inercias difíciles de modificar.

Está bien, ¿pero eso cómo se trabaja? No volviendo al pasado mediante una interpretación fatalista, angustiada y desencantada. Se trabaja metiéndose en el filo del presente y operando en las posibilidades actuales mediante la acción. Existe esta sensación de que la verdad siempre tiene que tener un sabor miserable y que todo lo demás es ilusión, pero eso es un dogma religioso, neurótico.

¿No cree que haya gente desencantada?

Sí, por supuesto, hay desencanto, y eso no tiene que ver con una mala práctica del Gobierno sino con una situación muy dura del país. La alta inflación promedio de tantas décadas y el 30% de pobreza no son inventos de Cambiemos; cuando llegamos ya estaban ahí. María Eugenia [Vidal] no fue a romper las escuelas, las escuelas ya estaban destruidas. Pero como este proyecto se enfrenta a las patotas y las mafias de la dirigencia política, es criticado por cosas que no le corresponden. Si uno quiere que el país cambie, hay que aguantar que la patota te opere.

Pero la pobreza, uno de los índices por los que Macri pidió que se evalúe su gestión, en un momento bajó, y volvió a subir.

Claro, el desafío sigue presente y la idea de ser evaluados por el descenso de la pobreza sigue siendo legítima. Tuvimos un traspié, sí. Pero si vos observás las causas del traspié, muy claramente no tienen que ver con que el Gobierno haya hecho mal las cosas, sino con que tuvimos golpes muy duros en condiciones de gran fragilidad.

Además de innegables factores externos, ¿no considera que hubo mala praxis, errores de diagnóstico, sobreestimación de metas?

Hay muchos señalamientos vacíos. ¿Cuál fue la mala praxis? ¿Haber sido demasiado osados en las metas de inflación? Eso es parte de la visión del mundo de los que quieren emprender grandes transformaciones. A veces la pifiás, pero si vos observás lo que ha pasado en los últimos tres años, en todos los planos el país está mejor que en 2015. Evidentemente, la situación económica se complicó y hay mucha gente que la está pasando mal. Aun así, se están haciendo correcciones macroeconómicas importantísimas que no se habían hecho nunca, y la situación va a mejorar el año que viene, cuando se disipe el temor de que vuelvan Cristina o un planteo autocrático. Muchos tienen miedo de que el votante vote con el bolsillo. A mí me parece que votar con el bolsillo es fundamental. Para Cambiemos, la gente tiene que tener un buen pasar y llegar a fin de mes.

Y con ese criterio, ¿votarían a Cambiemos?

Si vas a votar con el bolsillo, te recomiendo que votes a Cambiemos y no a Cristina porque tu bolsillo se va a deteriorar en ese camino, que es el camino de Venezuela y del deterioro absoluto de la vida cotidiana.

Pero, justamente, hay una nostalgia del consumo y un reclamo por una vida más previsible, menos atravesada por los constantes aumentos.

Se podría pensar esto en función del "aplazamiento de la satisfacción", como se formula en psicología. Uno madura cuando en vez de obtener gratificación inmediata es capaz de postergar, diferir y obtener satisfacciones más importantes. La Argentina, enganchada en un hábito de gratificación inmediata, está aprendiendo a madurar y a pagar el precio de los logros que necesita. Algo que los países que nos rodean han hecho hace años. Más que perderse en los detalles de la coyuntura, hay que ver la big picture. Siempre hemos barrido los problemas abajo de la alfombra y hemos buscado zafar.

¿Qué responsabilidad tiene el Gobierno de que Cristina Kirchner sea una opción política competitiva?

Ninguna. No veo una preocupación en el Gobierno por sostener la imagen de Cristina para poder contrastar contra ella. Cristina realmente tiene apoyo porque representa ideas políticas de mucha gente. Lo que tenemos que tratar de hacer es vencerla.

¿Leyó Sinceramente?

¡No! ¿Por qué habría de hacerlo? Tengo tantas cosas que me interesan que no me da ganas esa lectura. Aparte, no creo en ese principio muy propio de la izquierda de que hay que conocer el pensamiento del enemigo.

Escribió: "el populismo es una filosofía del rencor; Cambiemos, una filosofía del deseo". ¿Podría profundizar?

Creo que el kirchnerismo es una visión del mundo muy basada en el revanchismo, en la victimización, en la necesidad de subrayar lo malo que es el responsable de tu situación. Me parece que quien ejerce esa posición abandona su propia fuerza de transformación y se pone pasivamente a padecer como si fuera un mérito. Esa es una perspectiva de todos los fenómenos populistas.

¿En el populismo no hay deseo?

Podríamos jugar con los términos y decir que hay deseo de revancha porque la épica está determinada por el revanchismo. Es una posición básicamente reaccionaria, conservadora. Y Cambiemos es más bien el movimiento, lo nuevo, gente que quiere dar la batalla por su propia vida y no estar necesariamente esclavizada a un poder capaz de manipularte maquiavélicamente. Uno tiene un deseo, está a cargo y ese es el motor que desarrolla el mundo.

¿Cuánto de ese cambio cultural que se propusieron hace cuatro años cree que alcanzaron?

No lo podría estimar, no sabría decirte. Son procesos difíciles de pensar y creo que la realidad avanza más en hechos concretos que en la conciencia; por eso creo que las elecciones finalmente van a dar a Mauricio ganador. Hace poco leí en Twitter: "Macri siempre pierde hasta que al final gana". Me pareció gracioso porque siempre pasa eso. Si fuera por los medios y por lo que se dice, da la impresión de que es imposible que gane, pero siempre termina ganando. Creo que hay una fuerza sorda y no visible de la ciudadanía que siente esto.

¿Qué pasó para que en cuatro años un sector importante de la sociedad haya pasado de decir "cualquiera menos Cristina" a que Cristina sea una opción central?

No sé. No doy fácilmente por ciertas las afirmaciones respecto de lo que quiere la gente, porque me parece que es difícil saberlo y por eso las encuestas fracasan tanto. Vamos a tener que esperar al día de las elecciones.

¿Qué piensa de los que discuten internamente la candidatura de Macri?

No conozco críticas internas. ¿A qué te referís?

A las especulaciones en torno a que Vidal u otro sea candidato, o a la posibilidad de ampliar Cambiemos a otros referentes.

Yo internamente no veo ningún cuestionamiento a la candidatura de Mauricio. Me parece que eso sucede en la conversación social, pero no hay ninguna duda: Mauricio es el candidato.

Cuando uno escucha al Presidente, parecería que dice: "Los argentinos no entienden lo que les estoy proponiendo". Por otro lado, se escucha decir: "Macri no entiende a la Argentina". Como si hubiera un desencuentro.

No lo veo así. Creo que muchos argentinos entienden lo que se está haciendo, pero hay una andanada permanente de operaciones reales y de descontento -también real- que hacen que sea muy difícil sostener una posición pública de apoyo al proyecto de Mauricio. Creo que es un proceso de cambio muy profundo y, por lo tanto, muy difícil. Vamos a ver qué pasa, cada uno sabrá de qué lado está. Si querés el proyecto Venezuela-Irán-Cuba y de reforma de la Justicia porque creés que eso te va a dar un alivio que es solo pasajero, vas a terminar probablemente viviendo en un nivel de pobreza como el de Venezuela y Cuba; o si sos de los que entienden que el proceso es dificultoso, pero verdadero, y que vale la pena dar la batalla.

¿Qué lectura hace de la reciente intervención de la Corte en el juicio a la expresidente? ¿Más allá de las marchas y contramarchas, aplica el término "defección estratégica", esto es, decisiones judiciales contrarias al Gobierno al final del mandato. cuando se advierte debilidad?

No sé si puede aplicarse ese término, lo que sé es que nuevamente la Justicia resulta decepcionante frente a una ciudadanía que está cansada de que le tomen el pelo; cansada de los procesos interminables, de la escandalosa protección a una corrupción también escandalosa. El Poder Judicial tiene que hacer honor a su tarea, dar un paso evolutivo y patriótico, y cumplir de una vez por todas con su deber. Todos lo estamos esperando.

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