Buenos Aires en la mirada de los otros

Maximiliano Tomas
Maximiliano Tomas PARA LA NACION
Una alternativa es tratar de entender qué ven los que no viven en ella y redescubrirla
(0)
17 de mayo de 2012  • 03:57

A todos nos ha tocado recibir a un amigo que viene por primera vez a la Argentina y convertirnos en guías de turismo de nuestra propia ciudad. Los porteños amamos y odiamos a Buenos Aires casi con la misma intensidad (aunque tenemos una regla de oro: hablar mal de ella sólo cuando estamos en ella, y defenderla a muerte si estamos fuera ), así que dependiendo de nuestra ubicación y nuestro humor, podrá ser tanto la ciudad de las librerías, los cafés, el fútbol, el tango, las mujeres y los asados como la del ruido, la contaminación visual, la violencia verbal, la suciedad, los cortes de calle y el caos cotidiano.

Llega entonces un amigo italiano, y el recorrido empieza por el centro, sigue por San Telmo y Puerto Madero, y más tarde avanza por el bajo, atraviesa Recoleta y termina en Palermo (un trazado que de alguna manera acompaña el curso del Río de la Plata, al cual, como no dejan de notar los turistas, la ciudad le da la espalda). Pasa la calle Corrientes, el mercado de San Telmo, el Museo Nacional de Bellas Artes, donde no hay que dejar de ver la muestra Claridad: la vanguardia en lucha (1920-1940) , el Malba (las crudas fotos de Larry Clark son lo más destacado de la exhibición Bye Bye American Pie ), el cementerio de la Recoleta, los bares y negocios de Palermo.

Alguien me dijo que las ciudades son construcciones personales: que nuestro lugar es aquel donde están las personas que necesitamos o queremos, donde vivimos las experiencias que nos constituyen

Y todo el tiempo, por alguna razón, no dejo de sentir que estoy siguiendo los pasos de otro, recorriendo un mapa ajeno. Que esos espacios no me interpelan. Una vez alguien me dijo que las ciudades son construcciones personales, que es uno quien las diseña: que nuestro lugar es aquel donde están las personas que necesitamos o queremos, donde vivimos las experiencias que nos constituyen. Espacios mutables (hoy una ciudad, mañana otra) pero también fragmentarios, ligados a recuerdos como en una memoria fetichista: la mesa de un bar, un banco de plaza, la puerta de un colegio, una esquina perdida en cualquier rincón del mundo. Pero esa educación sentimental es tan propia como intransferible. ¿Qué Buenos Aires mostrarle a nuestros amigos extranjeros, entonces, más allá de la personal y la de las guías turísticas?

Una alternativa es tratar de entender qué ven en Buenos Aires los que no viven en ella y, a través de ellos, redescubrirla

Una alternativa es tratar de entender qué ven en Buenos Aires los que no viven en ella y, a través de ellos, redescubrirla. Entre el 26 de marzo y el 2 de abril pasado estuvieron aquí, invitados por el Ministerio de Cultura porteño, nueve escritores hispanoamericanos: Alejandro Zambra (Chile), Yuri Herrera (México), Elvira Navarro (España), Wilmer Urrelo Zárate (Bolivia), Natalia Mardero (Uruguay), Gabriela Alemán (Ecuador), Carlos Yushimito (Perú), Eunice Shade (Nicaragua) y Antonio García Angel (Colombia). Vinieron para participar de encuentros sobre literatura, sociedad y política junto a escritores argentinos como Juan Terranova, Oliverio Coelho y Matías Capelli, pero también para recorrer Buenos Aires con el fin de escribir un texto de no ficción, que será publicado en la antología La Ciudad contada . Los textos que entregaron construyen una trama urbana reconocible y a la vez sorprendente, poblada de fantasmas, edificios, leyendas, recuerdos, anécdotas y fantasías. El extrañamiento de mirar a Buenos Aires a través de otro funciona, y los lugares (la calle Florida, el Zoológico, la avenida Corrientes, la Plaza San Martín), los personajes (los taxistas, los kiosqueros, los paseadores de perros) y las costumbres (el humor rioplatense, la dieta porteña) cobran otra dimensión al ser narrados desde la distancia, con otra afectividad. Zambra, recordando la correspondencia que mantuvo durante años con una chica porteña, llega así a la conclusión de que Buenos Aires es, finalmente, como todas las ciudades del mundo: "Pero un poco más hermosa, y bastante más fea".

La ciudad que nos devuelven estas miradas es la que conocemos pero a la vez también otra, menos evidente y más compleja

La ciudad que nos devuelven estas miradas es la que conocemos pero a la vez también otra, menos evidente y más compleja. Buenos Aires surge en ellas, sobre todo, como un espacio en tensión: la rica y la pobre, la barrial y la cosmopolita, la culta y la bruta, la nostálgica y la deseosa de futuro. Una ciudad latinoamericana que pareciera estar de moda (así como desde hace años lo está Berlín en Europa), y que lucha y al mismo tiempo se deja seducir por el impulso de la gentrificación. Ningún recorrido que pretenda abarcarla y excluya estas contradicciones (las mismas que fueron borradas por la especulación inmobiliaria y el turismo internacional y parecen haber embalsamado a lugares como Nueva York y París) nos dejará satisfechos, o podrá ser medianamente verdadero.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.