Burbujas en Wall Street

(0)
26 de marzo de 2000  

NUEVA YORK(The Economist).- De acuerdo con medidas muchas veces probadas, Wall Street está hoy más sobrevaluada que en cualquier otro momento de los últimos 150 años. En septiembre de 1929, justo antes del crac, la relación precio-ganancias para el índice compuesto S&P alcanzó a 33. Esta es una cifra mucho más alta que las de los otros dos grandes picos del último siglo, en 1901 y 1966. Hasta los años 90, estas tres fechas fueron clave en la historia de ese coeficiente crucial; en los tres casos, los mercados sufrieron a continuación prolongadas depresiones. En enero último, la razón precio-ganancias, calculada sobre la misma base, se disparó a 44. Y esta semana, después de tres meses de extraordinaria turbulencia, alcanzó nuevamente ese nivel.

Estas cifras son casi todo lo que necesita Robert Shiller, profesor de economía en la Universidad de Yale y destacada autoridad de los mercados financieros, para convencerse de que las acciones les darán a los inversores rendimientos muchísimo menores en los próximos diez años que en los diez años anteriores. Su nuevo libro ("Irrational exuberance", Princeton University Press), no tiene por objeto demostrar que el mercado está sobrevaluado -dadas las cifras, Shiller considera que eso se demuestra por sí mismo-, sino explicar cómo sucedió.

Shiller examina cuidadosamente los factores -estructurales, culturales y psicológicos- que impulsaron a Wall Street a sus recientes niveles. Define los factores estructurales de modo que incluyan, primero, fuerzas "precipitantes", como la llegada de Internet, los cambios demográficos, el nuevo consenso político en favor de bajos impuestos, cambios en el sector previsional, una declinación en la calidad del asesoramiento profesional en materia de inversiones (crecientemente optimista) y otras.

El segundo tipo de factores estructurales "amplifica" tales acontecimientos. Son "procesos de Ponzi que ocurren naturalmente" y crean un círculo vicioso de mayor confianza entre los inversores, empezando con los hechos precipitantes, que son de poca o ambigua significación en sí mismos.

Cuando se refiere a factores culturales, Shiller critica dura y convincentemente a los medios. Como señala en forma significativa: "La historia de las burbujas especulativas comienza aproximadamente con el advenimiento de los periódicos". Describe la forma en que los medios intervienen en la formación de burbujas, gracias a su obsesión por los falsos "récords" del mercado de una clase u otra, su miopía sin remordimientos (sólo ven los hechos de corto plazo y los comentarios financieros en la televisión son el equivalente mediático de las ruedas bursátiles), su gusto por las causas triunfantes y su apetito por las notas de la new age .

Epoca de cambios

Hoy está Internet, el gran cambio que lo explica todo. Así como los años 20 vivieron un ritmo acelerado de invenciones que abarcaron toda la economía, la divulgación de nuevas tecnologías de producción masiva, la proliferación de automóviles y la creciente red de rutas y la aplicación de nuevos métodos científicos a la administración.

El argumento de Shiller -los mercados de valores pueden hacer que la cosa se ponga fea e influyen en mecanismos similares cada vez que esto ocurre- es muy fuerte. "Irrational exuberance" es de lectura obligatoria para cualquiera interesado en Wall Street o cuyas finanzas se puedan ver influidas por ella. En este momento, eso incluiría a todo el mundo en los Estados Unidos, desde Alan Greenspan hasta un lustrabotas. Shiller debería tener un best seller en sus manos -sólo que la gente de Wall Street no compra hoy malas noticias.

El libro tiene muchas virtudes, pero es una pena que su autor no haya prestado más que una atención superficial a quienes argumentan que el mercado está, después de todo, correctamente valuado. Apenas menciona, por ejemplo, la tesis de que los precios de las acciones están a punto de experimentar un cambio histórico porque los inversores han tomado conciencia de que en el largo plazo, los papeles no son más arriesgados que los bonos.

Traducción de Mara Farhat

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.