Bush, De la Rúa, O´Neill, Cavallo: ¿ayuda o amistad?

Mariano Grondona
Mariano Grondona LA NACION
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26 de agosto de 2001  

Un amigo nos pide ayuda porque atraviesa un mal momento. Le prestamos cien pesos. ¿Le dimos mucho o le dimos poco? Para contestar esta pregunta, no importa cuánto sino cómo le dimos. Quizá nuestro amigo no necesita cien pesos sino mil. En tal caso, cuantitativamente, le dimos poco. ¿Pero qué ocurriría si, al darle esa suma insuficiente, lo hicimos con un abrazo que testimoniaba nuestra amistad? ¿No pensará nuestro amigo que los cien pesos sólo fueron un anticipo? El mensaje que le dimos al abrazarlo es que estamos dispuestos a ayudarlo a partir de esos cien pesos convertidos, en función del abrazo, en una suma inicial . ¿Pero qué pensaría nuestro amigo si le prestáramos los cien pesos con un gesto de fastidio? Que los cien pesos fueron una suma final . Que, con ellos, se agotó la pretendida amistad.

Impulsado por el gobierno norteamericano, el Fondo Monetario Internacional le prestó a la Argentina algo así como cien pesos. Para un país que venía perdiendo alrededor de 300 millones de dólares de depósitos por día, ¿qué son en efecto 5000 millones de dólares? Menos de veinte días de supervivencia.

Pero la pregunta no es cuántos dólares quiso darle el gobierno norteamericano a la Argentina cuando ella atravesaba su peor momento. La pregunta es cómo quiso dárselos. ¿Con fastidio o amistad?

Cavallo y O´Neill

Antes y durante los doce días de agónicas gestiones del equipo argentino que procuraba el préstamo especial del Fondo en Washington bajo la conducción del viceministro Daniel Marx, el secretario del Tesoro norteamericano Paul O´Neill tuvo durísimas expresiones para con la Argentina que recogimos en esta columna. O´Neill era, al parecer, el malo de la película. Basándose en razones diplomáticas, el Departamento de Estado de los Estados Unidos nos enviaba guiños tranquilizadores. Pero el que tenía la billetera, el que según dijo debía rendirles cuenta a los plomeros y carpinteros de su país sobre cómo gastaba los impuestos que ellos pagaban era O´Neill. Por otra parte, el secretario del Tesoro parecía expresar la reticencia del propio presidente norteamericano. Su "no" a la Argentina se parecía demasiado por ello al "no" de los Estados Unidos. Mientras duró esta impresión, se hundían día tras día los mercados.

Pero ahora resulta que O´Neill, cuando conoció a fondo el problema argentino a través de la visita a Buenos Aires de su subsecretario John Taylor y de frecuentes conversaciones con su par Cavallo, les dio a las negociaciones un giro tan favorable como inesperado. Pidió, por lo pronto, que se estudiara la reprogramación de la pesada deuda externa argentina y propuso que se destinaran 3000 millones de dólares suplementarios para facilitarla. Retomó con énfasis, además, una iniciativa que parecía dormida: la negociación de un acuerdo de integración comercial entre los cuatro países del Mercosur y Estados Unidos, a la que se le ha dado el nombre de "cuatro más uno".

Tanto una reprogramación de la deuda destinada a aliviar nuestros vencimientos como la exploración de aquella ruta comercial que pone a los miembros del Mercosur en la misma línea que Chile como la vanguardia en el acceso al inmenso mercado norteamericano de lo que será algún día el ALCA o Area de Libre Comercio de las Américas excedían largamente el modesto objetivo financiero que había llevado a Marx y los suyos a Washington.

O´Neill ya no hablaba de un simple respiro financiero como el que buscaban los negociadores argentinos; estaba hablando nada menos que de crear condiciones financieras y comerciales de largo plazo para asegurar una meta mucho más ambiciosa: nuestro desarrollo económico sustentable de aquí a 2010, a partir del regreso de nuestro país a la vía del crecimiento económico sostenido de la cual había descarrilado hace tres años.

Lo que pasa, dijo Cavallo por televisión el jueves por la noche, es que O´Neill no es sólo un financista sino "un hombre de la economía real". Habiendo llegado al gobierno después de presidir la empresa productora de aluminio más grande del mundo, O´Neill no cree en los fuegos artificiales de las finanzas sino en el suelo económico "real" de la productividad y la competitividad, de los factores de la inversión y el empleo que los alimentan.

Si las finanzas están al servicio de la economía y no la inversa, lo que importa más no es si la Argentina tiene tal o cual vencimiento. Lo que verdaderamente importa es si volverá a crecer. Y en este punto parecen encontrarse dos hombres de ideas semejantes y comparable carácter. Cavallo, como `O´Neill, es "cascarrabias". Va de frente. Y cree, como él, que lo que finalmente importa es la competitividad de las economías. Pero el ahogo financiero y el cierre de los mercados compiten contra ella. Por lo tanto, hay que removerlos. A partir de la coincidencia entre estos dos ministros con cara de pocos amigos, el crecimiento económico de largo plazo de la Argentina parece haber dejado de ser un objetivo únicamente argentino para convertirse en un objetivo argentino-norteamericano.

De la Rúa y Bush

En la medida en que este análisis se confirme, la nueva actitud del gobierno norteamericano implicará un giro de ciento ochenta grados en la dirección que estaba dando a los acontecimientos el presidente Bush.

Cuando llegó a la Casa Blanca, hace sólo siete meses, el republicano Bush traía consigo el peso de una tradición partidaria propia de lo que The Economist llamó un daddy party , un "partido de papá": a la inversa de un partido "maternal" o mommy party como son los demócratas y los partidos socialdemócratas, los partidos conservadores o republicanos son "paternos", esto es, severos. Ahora, el republicano Bush cambia de sexo ante nosotros, aunque no del todo. Maternal, Clinton se inclinaba por los salvamentos internacionales ya fueran a favor de México, Rusia o los países del sudeste asiático. Venido del extremo opuesto del cuadro ideológico, nacionalista y hasta aislacionista, Bush cambia ahora el rumbo, aunque exigirá como contrapartida que sus amigos disciplinen sus propias economías con duro esfuerzo.

Lo cual coincide en cierto modo con el giro que ha venido experimentando el presidente De la Rúa. La Alianza llegó al poder hace un año y medio como un partido "maternal" de centroizquierda. Pero el estado calamitoso de nuestras finanzas lo ha venido obligando a ser cada día más severo hasta llegar a la orilla de un partido internamente "paternal": la exigente propuesta de "déficit cero". En la medida en que avance decididamente hacia ella, se encontrará en el camino con Bush y O´Neill, que acaban de colocarse a mitad de camino entre el rol paterno que traían desde el llano y el rol materno de Clinton: amigos de sus amigos a condición de que éstos demuestren que con capaces de ayudarse a sí mismos.

Tanto Bush como De la Rúa están subiendo la cuesta del aprendizaje inicial de los presidentes novicios. Vinieron con ideas anteriores a la experiencia. Ella, ahora, les está enseñando. Si completan su evolución, quizá las "relaciones carnales" entre la Argentina y los Estados Unidos que fundaron hace diez años Menem y Bush padre conozcan un vigoroso renacimiento. Si éste llega a ser el caso, ¿qué importará si nos prestaron "sólo" 5000 millones? ¿Qué importarán los cien pesos?

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