Cambios en la agenda de Bush

Por Mario del Carril Para LA NACION
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10 de diciembre de 2001  

WASHINGTON.- El gobierno de los Estados Unidos ha estado diciendo que el mundo ha cambiado a partir de los ataques terroristas del 11 de septiembre. Si prestamos atención a los voceros más exuberantes, esa fecha divide los tiempos en un antes y un después como el nacimiento de Cristo. Pero si mantenemos los pies sobre la tierra y buscamos un significado real a estos enunciados, creo que lo que se está diciendo es que a partir del 11 de septiembre ha cambiado la agenda política de los Estados Unidos.

Después de los atentados

Antes del 11 de septiembre, los objetivos del gobierno de George W. Bush eran la educación, la implementación de teorías económicas que llevan a un Estado minimalista y una temática cultural conservadora. Después de los ataques, la prioridad fue proteger al pueblo de nuevos ataques y castigar a los culpables con una política preactiva. Pero estos cambios de los objetivos del gobierno, ¿corresponden a un cambio de de sentir del pueblo norteamericano? Todavía no se sabe.

Cuando un pueblo cambia sus prioridades premia y castiga a los partidos políticos según sus programas se ajusten o no a esos cambios. Por ejemplo, a partir de los conflictos civiles de los años 60 y 70, la lucha por los derechos civiles y las protestas contra la Guerra del Vietnam, se advierte un cambio en las preocupaciones del pueblo norteamericano: la seguridad pública y la amenaza a la idealización de la vida de clase media pasaron a ser elementos prioritarios en la agenda política del norteamericano medio.

El Partido Republicano ofreció los programas y la retórica política aparentemente más apropiados para resolver estos problemas y como resultado cosechó beneficios en las elecciones. Desde 1968 hasta 1988 los candidatos republicanos ganaron cinco de seis elecciones presidenciales. La excepción fueron las elecciones de 1976, cuando el demócrata Jimmy Carter derrotó al republicano Gerald Ford gracias a la reacción del pueblo norteamericano ante escándalo Watergate y la derrota en Vietnam.

Un segundo gran cambio de las prioridades del pueblo norteamericano ocurrió después de que Estados Unidos ganó la Guerra Fría. George Bush padre, que era presidente cuando cayó el Muro de Berlín, que había sido comandante en jefe de la coalición que ganó la Guerra del Golfo e hizo retroceder a las tropas de Saddam Hussein, fue vencido por el demócrata Bill Clinton en las elecciones presidenciales de 1992.

Es que en 1992, vencida la Unión Soviética, el pueblo norteamericano no se sentía inseguro y tenía otras preocupaciones. Este cambio fue captado por James Carville, el publicista de Clinton, en aquella frase suya utilizada para orientar su campaña: "Es la economía, estúpido". En otras palabras, en esa campaña la seguridad y la defensa no interesaban al electorado.

Estos dos cambios en las prioridades del pueblo norteamericano, la que empezó en los años 60 y 70 y que tuvo lugar a fines de los 80 y principios de los 90, cuando terminó la Guerra Fría, se reflejan claramente en los resultados de las elecciones.

Por ejemplo, en las tres elecciones presidenciales anteriores al fin de la Guerra Fría ganaron por mayoría absoluta los republicanos: Ronald Reagan en 1980 y 1984, y George Bush padre en 1988. En las tres elecciones, la seguridad y la defensa fueron temas prioritarios.

En cambio, en las tres elecciones presidenciales que tuvieron lugar después de la Guerra Fría -1992, 1996 y 2000-, que fueron ganadas dos por Clinton y una por Bush hijo, ningún candidato obtuvo una mayoría absoluta y, con respecto a la década del 80, los republicanos en promedio perdieron un 6 por ciento del voto y los demócratas ganaron un 7 por ciento. Este cambio se explica porque antes del fin de la Guerra Fría la seguridad era un tema prioritario, y una vez que esa guerra terminó, dejó de serlo.

En 1988 Bush padre, aviador que había peleado en la Segunda Guerra Mundial, pudo ridiculizar a su rival demócrata, Michael Dukakis, cuando éste, un hombre de baja estatura, se filmó en un tanque de guerra portando un casco demasiado grande para su cabeza. Pero no pudo usar eficazmente en la elecciones de 1992 el hecho de que Bill Clinton había eludido la conscripción cuando era joven.

Vemos entonces que la presencia o ausencia de la seguridad como un tema prioritario para el electorado ha tenido un significado político importante en Estados Unidos. Por eso uno debe preguntarse si los ataques terroristas del 11 de septiembre han vuelto a colocar la seguridad en el centro de las preocupaciones del pueblo norteamericano, el lugar que ocupó casi siempre durante la Guerra Fría.

No hay duda de que el ataque produjo una profunda impresión y la reacción del gobierno ante el ataque mejoró considerablemente la imagen del presidente George W. Bush, que actualmente tiene una aprobación del 90 por ciento. Pero también es cierto que la Guerra del Golfo mejoró la imagen del padre de Bush, pero que esa imagen y su victoria en el Golfo no le aseguraron la victoria en las elecciones de 1992, porque la defensa y la seguridad ya no eran entonces preocupaciones prioritarias del pueblo norteamericano.

Si el pueblo norteamericano llega a las elecciones presidenciales de 2004 más preocupado por su seguridad que por la economía, es probable que la buena imagen que tiene el presidente por la manera en que ha manejado la guerra hasta ahora le sirva en esas elecciones. Pero si el pueblo norteamericano deja de estar preocupado por su seguridad, James Carville va a tener razón, nuevamente, y va a perder el que no se dé cuenta de que el tema principal de la campaña es la economía y no la guerra.

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