Capitanich, o el desafío de convertirse en otro

Martín Rodríguez Yebra
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24 de noviembre de 2013  

El concepto de "heredero" nunca figuró en el manual político de los Kirchner.

Detrás de la apelación constante a una "construcción colectiva", inmune a sus sucesivas transformaciones, el "modelo" kirchnerista mantuvo siempre como objetivo primario conservar, profundizar y centralizar el poder del líder; Néstor primero, Cristina después.

Por eso, la novedad política más llamativa que dejó el regreso festivo de la Presidenta después de la convalecencia y la derrota electoral fue la designación de Jorge Capitanich en la Jefatura de Gabinete, investido de facultades y márgenes de acción para construir una carrera como sucesor.

Pero el dilema de Capitanich es saber si con la caja y la lapicera para firmar decretos no le habrán entregado también la imposible misión de convertirse en otro.

Quienes lo anotan en la lista de presidenciables destacan que es un peronista "moderado", abierto al diálogo y con dotes de buen gestor económico, acaso requisitos mínimos para un candidato competitivo después del mensaje electoral del 27 de octubre. ¿Qué margen tendrá para desplegarlos cuando la primera directiva de la Presidenta a su nuevo gabinete fue esforzarse en "profundizar el modelo"? ¿O cuando le entregó todo el manejo de la economía a Axel Kicillof, una figura que difícilmente agite la moderación como bandera?

Capitanich siempre cuidó las formas con el kirchnerismo y puso la cara en las grandes cruzadas –el campo, los medios críticos–, pero no deja de ser un agente extraño en el universo de los "pibes para la liberación" que rodearon a Cristina en su vuelta –derrotados en las listas electorales, triunfadores en el Boletín Oficial–. Daniel Scioli podría darle una lección o dos sobre las penurias de un aspirante a sucesor en tiempos de los Kirchner.

Es evidente que Capitanich está en alerta. Por algo dejó la gobernación del Chaco con un cauteloso pedido de licencia. Detrás de escena, el entrerriano Sergio Urribarri espera su turno si se cumple el pronóstico de algunos oficialistas sobre el futuro de Capitanich: "Ser la cara visible de un gobierno en retirada y desbordado de urgencias económicas es garantía de incendio".

Lo seguro es que Capitanich le brindará en el corto plazo soluciones a Cristina para diluir el impacto de la derrota electoral. Impondrá un estilo de comunicación diferente, más de carne y hueso, en un gobierno necesitado de transmitir mensajes novedosos. Y, sobre todo, operará en el peronismo para contener la sangría de dirigentes hacia proyectos opositores como el de Sergio Massa. Tiene "los fierros", como les encanta decir a los peronistas. Básicamente, fondos públicos y poder para repartirlos o escatimarlos.

La Presidenta ya demostró con el cambio de gabinete y el destierro dorado para Guillermo Moreno que retiene una enorme capacidad para dominar el escenario político y opacar a los pretendientes a su cargo que salieron triunfadores de las elecciones de octubre.

Con una gestión efectiva, Capitanich ayudará a Cristina a ganar tiempo y a blindar su autoridad en un momento crítico. ¿Será tal vez ése el único –amargo– papel que el manual kirchnerista tiene reservado a los que se sueñan herederos?

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