Carnaval

Hugo Caligaris
Hugo Caligaris LA NACION
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29 de febrero de 2004  

"Estamos todo el año trabajando para el carnaval y nos merecemos el feriado..."

(De Rubén Varilla, integrante de la murga Los Soñadores de Villa Pueyrredón.)

Todo el mundo está cansado de las calles cortadas, y por eso no hubo simpatía por los murguistas que, para pedir que vuelvan los feriados de carnaval, no tuvieron mejor idea que organizar un corso a contramano por la avenida Corrientes. Fue un error de marketing, pero no invalida la causa. Los feriados deben ser restituidos, sobre todo porque sirven para distinguir los días de carnaval de los que no lo son. Quien los eliminó, en mala hora, es culpable de que se hayan perdido los límites en la Argentina y de que desde hace varias décadas vivamos de carnaval en carnaval prácticamente el año entero.

Aquellos cuatro días locos de otros tiempos eran señal de buena salud. Caían las convenciones, se perdía el respeto, era bastante natural que se dijeran inconveniencias y que el subordinado baldeara de pies a cabeza al jefe, cundían el desparpajo y, claro, el desenfreno, pero la catarsis duraba nada más que cuatro días, en los cuales ya sabían ricos y pobres, graciosos y solemnes, a qué atenerse. Pasada la excepción, retornaba la regla. Ahora la regla es apretar el pomo en cualquier momento, y no siempre es agua perfumada lo que sale de adentro.

Sin el lunes y el martes rojos del calendario, carecemos de brújula. No sabemos cuándo ni por qué lapso estará bien que pongamos el país cabeza abajo. Por eso, durante la era de la convertibilidad, nos arrojábamos dólares picados, en lugar de serpentinas, de enero a enero, y con la devaluación, había gente disfrazada de arbolito en pleno invierno. Hay dirigentes que, por no recordar a ciencia cierta cuándo es carnaval, viven y duermen con la careta puesta. Se ha producido un carnaval de bonos, cuyo mareo llegará a nuestros nietos. Al escuchar a los llamados "opinólogos", vemos que Momo se ha instalado de modo permanente en sus cabezas. La semejanza entre comparsas y piquetes ha sido suficientemente explotada, pero no sólo allí deambulan las mascaritas callejeras, como muy bien lo sabe el intendente. ¿Podremos imponernos al carnaval? °De ninguna manera! Entonces, lo mejor será tenerlo acorralado en febrero.

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