Cartas

Hugo Caligaris
Hugo Caligaris LA NACION
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25 de septiembre de 2005  

"¡La gente me cuenta en las cartas que me escribe que le ofrecen cosas para ir a los actos...!"

(Acusación de Hilda Duhalde a los candidatos kirchneristas del Frente para la Victoria.)

Demasiado pronto se dio por muerto el género epistolar a la manera clásica, es decir, en forma de cartas escritas en papel, ensobradas y estampilladas. Las cartas no murieron ni morirán nunca, puesto que hay mensajes de naturaleza tan oculta, íntima y reservada que jamás podrían ser transmitidos a través del en cierto modo impúdico e-mail. Nadie en su sano juicio podría haberle revelado a Chiche por correo electrónico que existen dirigentes que con ausencia total de escrúpulos ofrecen regalos y prebendas que son entregados solamente a cambio de la asistencia a los actos políticos que organizan. ¡Cosas así, nunca vistas, reclaman la reserva de las cartas y aun así producen rubor y un vago sentimiento de vergüenza ajena en el destinatario cuando las lee!

Ahora bien: ¿qué reacción pueden provocar cartas con los contenidos descriptos? En este caso, es fácil imaginar que hubo un primer instante de estupor al que siguió un esfuerzo titánico para recuperar el aliento. Después, necesariamente, tiene que haber surgido la furia. ¿Cuándo en la larga historia del peronismo se recurrió a métodos tan arteros? ¿No confían, acaso, estos advenedizos en su propio poder de convocatoria y esa falta de fe los induce a ofrecer a la población "bolsones de alimentos, viviendas y cosas por el estilo" para asegurarse su apoyo? Por otra parte, ¿quién decide a quién se le darán bolsones de alimentos y a quién, viviendas? Se trata, sencillamente, de un escándalo que clama al cielo.

Ya repuesta, Chiche entró con seguridad en su fase tonante. Puso todas sus cartas sobre la mesa. Mientras me quede un hálito de vida, dijo, voy a luchar para que se haga justicia. Quien se compra, se alquila o se deja comprar no es peronista y, puesto que se ha marchado del partido, jamás podrá volver a su seno. Ya no llegan desde Madrid aquellas cartas que dividían las aguas de la lealtad y la traición, pero quedan, afortunadamente, estas otras, cuyo mandato será cumplido al pie de la letra, porque, como expresó con toda claridad la candidata, "un peronista tiene convicciones".

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