Caryathis, la musa empoderada

Hugo Beccacece
Hugo Beccacece PARA LA NACION
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17 de agosto de 2020  • 00:30

La semana pasada, me ocupé del gran escritor francés Marcel Jouhandeau (1899-1979), el autor, entre otras obras, de Crónicas maritales y de Crónica de una pasión. Hoy, en obediencia al empoderamiento femenino, voy a escribir sobre su esposa.

Jouhandeau se casó en 1929 con una bailarina y actriz, Elizabeth Toulemont (1888-1971). El esposo era homosexual, pero amaba a su esposa. Eso no significaba que él renunciara a lo que llamaba "mi vicio". Sus "imprudencias" con atractivos jóvenes tenían consecuencias conyugales. Las peleas entre Elise (como Marcel llamaba a su compañera) y Jouhandeau no tenían tregua. Ese estado bélico perpetuo fue el rico material con que él construyó su obra. ¿Quién era Elise?

Durante su niñez y adolescencia, Elizabeth Toulemont se pasó el tiempo cosiendo con su hermana Madeleine, bajo las órdenes de la madre de ambas. Elise era demasiado inquieta para quedarse aguja en mano toda su vida. Creyó enamorarse de un vecino, un joven cirujano al que le confesó en el consultorio que necesitaba "ternura". Él le pidió que lo esperara unos minutos. Salió del edificio y volvió con un paquete de macarons. No era lo que Elise había ido a buscar. Después de varias visitas, ella obtuvo lo que deseaba y más aún. Quedó embarazada, abortó y se fue de la casa materna, lejos del cirujano.

Elise consiguió un trabajo cualquiera y se acercó al mundo del teatro. Estudió baile, mímica y actuación con Charles Dullin, el gran actor y director de teatro. Durante un período fue su amante. En poco tiempo, conoció al Tout-Paris. Se había convertido en una hermosa mujer con una expresión de fiereza masculina en la cara. El contacto con Dulllin la había introducido en la cultura asiática, en las máscaras y el exotismo. Como bailarina su estilo era una mezcla de baile clásico, danzas populares, jazz, humor, erotismo y ritos supuestamente orientales. Adoptó el nombre Caryathis y se vistió con ropas llamativas. Tenía algo de una drag queen, pero de su propio sexo. Con los años, ese curioso travestismo de mujer disfrazada de hombre disfrazado de mujer se acentuó.

Elise le encargó a Satie que compusiera para ella una suite de ballet de unos diez minutos. La obra fue La belle excentrique. Se estrenó en 1921 y tuvo mucho éxito. Fue Marie Laurencin la que reunió a Elise y a Jouhandeau. Se enamoraron y se casaron. Caryathis dejó su carrera y se convirtió en esposa de tiempo completo. Su matrimonio no fue lo que ella esperaba. Su marido no la engañaba con mujeres sino con otros hombres. Elise era celosa, pero terminó por acostumbrarse a las escapadas de Marcel. Lo que no toleró fue que se enamorara del joven pintor J. St. Ese vínculo llegó a ser una gran pasión. J. St. pintó un extraordinario retrato de Jouhandeau que revelaba hasta qué punto conocía la sensualidad, el lado místico y el lado diabólico del autor de De la abyección. El artista se lo regaló al escritor, que lo colgó de una pared del salón. Elise se enfureció, conminó a Jouhandeau a que dejara a su amante. Ante el fracaso, se dispuso a matar a J. St.

Un día, armada de un cuchillo, Elise fue a la casa de J. St. Afortunadamente, éste había salido. Eso la enloqueció aún más. Regresó a su hogar. Se fue directamente al salón y destrozó a puñaladas el retrato de Marcel por J. St. Se calmó. Marcel nunca más tuvo relaciones sexuales con ella. Vivieron juntos hasta la muerte de ella, se siguieron peleando, él siguió retratándola con humor, amor y crueldad en sus libros. Ella, por su parte, escribió su autobiografía: Alegrías y dolores de una bella excéntrica. Jouhandeau se la corrigió. Elise nunca llegaría a elevarse, como escritora, al nivel inalcanzable de Marcel. El destino le había asignado el papel tradicional de musa de un gran hombre.

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