@CasaRosadaAR, sin filtro

Nicolás José Isola
Nicolás José Isola PARA LA NACION
No le hace bien al Gobierno. No le hace bien a la libertad
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29 de enero de 2015  • 14:04

Que los servicios de inteligencia están mirando la vida privada de funcionarios, opositores y periodistas no es una novedad. Sin embargo, que la cuenta institucional oficial de la Casa Rosada se dedique a dar información privada o a burlarse de ciudadanos parece serlo. Ya van varios eventos que invitan a reflexionar al respecto.

El 25 de enero, la cuenta de Twitter oficial de la Casa Rosada ( @CasaRosadaAR) escribió:

Sí. Miedo con comillas. Sí. Desde el Estado. Esa referencia irónica y cínica al temor ajeno. Por suerte, Aníbal Fernández nos tranquilizó, legitimando el asunto: "Las expresiones que están vertidas ahí tendrán que ver con una expresión que representa al grupo político que integramos". El Twitter oficial de la Casa Rosada representa solo a un grupo político. Clarito.

Ya esa misma cuenta había retuiteado información privada de los vuelos del periodista Damián Pachter. El Estado haciendo de informante. Muy atento. De modo que todos sepamos dónde buscarlo a aquel hombre miedoso y desestabilizador que jugaba a las escondidas. No parece un gesto muy democrático.

Días atrás, ya con la hipótesis presidencial de culpar a Diego Lagomarsino, esa cuenta señalaba:

Sí. Las comillas allí. De nuevo. Esto desde el Estado, desde una cuenta oficial.

Ante la delicadeza que requiere la muerte de un fiscal que imputaba a la máxima autoridad del país, esto es comprometido. Grave, en términos institucionales y jurídicos. Grave para la autonomía de la fiscal y de la jueza. No puede una cuenta oficial declarar a alguien responsable por la muerte de un fiscal como si estuviera en la mesa de un bar. Atiéndase bien, no intento defender a Nisman o a Lagomarsino. Muy lejos de mí. Defiendo la importancia de la palabra oficial que nos representa (o que nos debería representar), que debe ser siempre respetuosa de los otros poderes y de los ciudadanos.

La intromisión aquí es evidente. Si el Estado tiene una prueba sobre este delito, entonces debiera presentarla inmediatamente. No por Facebook. No por Twitter. Porque no yace allí el espacio de gobierno. Son las instituciones las que gobiernan.

Una más. Ayer, con respecto al regreso del fiscal, @CasaRosadaAR jugueteaba diciendo:

"¿Le creemos a Nisman o le creemos a Fein?". Una especie de pan y queso, pero con la palabra de un muerto. Nefasto.

Cuando esta modalidad se cruza con una interpretación externalista que pone todas las culpas fuera de la propia responsabilidad, esta lógica parece encaminarse a la persecución (como ha ocurrido con algunas cuentas de opositores). Este gobierno espió como nadie nunca antes a la ciudadanía. Desde el Estado y con presupuestos gigantescos. A todos. Este Estado se desmadró de tanto espionaje. No lo digo yo, lo dicen las medidas del Ejecutivo.

El Estado se quedó bizco de tanto mirar lo ajeno. Paradójicamente en tiempos en los cuales la inteligencia está siendo cuestionada por la Presidenta, la cuenta oficial de la Casa Rosada se pone a dar el GPS de ciudadanos y brindar interpretaciones en esta delicada hora que vivimos.

El exceso de control, en estos casos, genera una percepción de escasez de poder real. Muestra la necesidad de regulaciones discursivas oficiales que moderen e incluso fuercen extremadamente la discusión pública. No ayuda. No suma. No le hace bien al Gobierno. No le hace bien a la libertad.

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