El buen esnob

Víctor Hugo Ghitta
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26 de febrero de 2019  

Me he reencontrado con un colega después de más de veinte años, lo he contado ya. Cuando éramos jóvenes me señaló que había música bella y música importante, aquella que logró cambiar el rumbo de la historia: Miles Davis, Charlie Parker, Igor Stravinsky, enumeró. Dice Stravinsky y sonríe:

-Yo quizá era un poquitito esnob en aquel tiempo -se burla de sí. Sigue un rapto de vanidad o ironía-: pero fijate el caso de Stravinsky. Qué habría sido de La consagración de la primavera si no hubiese sido por los esnobs.

Me cuenta Diego F. que cuando Stravinsky estrenó esa pieza en París, en 1913, escrita para los Ballets Russes de Diaghilev, que se estrenó con coreografía de Nijinsky, la crítica se mostró bastante remisa a aceptar la obra y mucho más el auditorio. Los esnobs de la época se encargaron de defenderla, y esa impostura dio tiempo a que público y crítica se avinieran a comprender su verdadero significado artístico. Habrá que prestarles atención, entonces, a los esnobs de nuestro tiempo. Allá lejos nos aguarda a todos la historia.

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