Dinero

Ariel Torres
Ariel Torres LA NACION
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20 de agosto de 2019  

Hay personas, se sabe, que se llevan mal con el dinero. Les cuesta reclamar lo que les corresponde o, en los casos más extremos, solo hablar del asunto las incomoda. Me ocurre exactamente lo contrario, y creo conocer la razón. Mi madre, sabedora de la vida con astucia mágica, cuidaba mucho nuestra alimentación. Pues bien: algo le decía que las gaseosas azucaradas no eran una opción saludable, y además costaban un dinero que no nos sobraba. Entonces decidió matar dos pájaros de un tiro y un día nos propuso darnos la plata de esas bebidas si aceptábamos tomar agua con las comidas. Consentimos, encantados, y de este modo se ahorró el dinerillo para nuestros gastos diarios y mi hermano y yo aprendimos una lección cardinal: que ganar dinero supone siempre un esfuerzo o un renunciamiento.

Un amigo mío tiene trillizas. Así que subasta las tareas del hogar; más bien, las licita. Cuál de ellas hace las camas, saca la basura, les pone agua y comida a los perros o guarda los platos. Estas pequeñas, cuando dejen atrás la infancia, habrán incorporado, a la edad en la que se aprenden los cimientos de la existencia, de dónde sale el dinero, y el tema no se convertirá en un tabú ni la prosperidad en un bochorno. Dicho simple, se lo habrán ganado.

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