Ningunos giles

Ariel Torres
Ariel Torres LA NACION
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3 de septiembre de 2019  

El domingo fui a ver La odisea de los giles, de Sebastián Borensztein. Me encantó. Si pueden, no se la pierdan. Como se trata, en parte, de una película de suspenso (una en la que además te reís y llorás mucho), no revelaré nada acerca de su argumento.

Pero La odisea de los giles me encantó no solo porque me pareció muy buena, sino también por un detalle que, sospecho, los más jóvenes podrían pasar por alto. En la película, Belaúnde, el jefe de la estación (donde el tren ya no se detiene), es peronista hasta el tuétano. El personaje que encarna Luis Brandoni (Fontana) es anarquista y antiperonista rabioso. Sin embargo, Belaúnde y Fontana son amigos.

Así era antes. Así era cuando yo era chico. Una disputa política no hería más que una futbolística. Escuchar a los grandes debatir ideas en las reuniones familiares era una de las atracciones de mi infancia. En la plaza, mi abuelo polemizaba con vigor, pero sin hostilidad. La amistad trascendía los credos. Lo ha dicho Borensztein en varios reportajes: " La odisea de los giles es una película antigrieta". Porque el enemigo no es el que piensa diferente. Enemigo es el corrupto, el ventajero, el sinvergüenza, el tramposo, el agresivo, el déspota. Esos carecen de ideario. O tienen una sola idea fija.

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