Reliquias placenteras

Ariel Torres
Ariel Torres LA NACION
(0)
15 de octubre de 2019  

Este querido amigo padece de un dilema semejante al mío: acumula libros hasta el punto en que ya no tiene dónde ponerlos. Libros de papel, desde luego. Me donó, por esto, una enciclopedia Montaner y Simón, edición de 1912, incluido su elegante mueble giratorio que contiene los gruesos tomos. Hoy engalana el pequeño hall de mi estudio.

Herencia familiar, tengo en casa también la Británica de 1971. Es otra reliquia, pero el año resulta significativo. En 1971, la compañía Intel construyó el primer cerebro electrónico comercialmente disponible. Este logro, que llegaba solo dos años después del nacimiento de Arpanet -la predecesora de internet-, conduciría al nacimiento de las primeras computadoras personales y, más tarde, a los smartphones y tablets. Ambas invenciones convertirían a las enciclopedias de papel en obsoletas, por muchos motivos. El principal: no pueden actualizarse casi en tiempo real, como es el caso de Wikipedia y muchas otras. Pero aunque la información que contienen ya no tenga el valor de cuando la tinta estaba todavía fresca, recorrer sus páginas, como ocurre con todos los libros de papel, sigue siendo un placer sensual que las máquinas, poco a poco, van borrando de nuestra memoria.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.