Tercera edad

Carlos M. Reymundo Roberts
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10 de febrero de 2020  

La señora, de 65 años, suele quejarse de las consecuencias del avance de su edad. Ante cada nuevo achaque, larga la consabida expresión: "Los años no vienen solos...". Dice que su salud ya no es la misma, y tampoco su memoria, su vista, su piel. Aunque la expectativa de vida no deja de crecer (en la Edad Media era de unos 50 años; en la Argentina, hoy, es de 77 años), es obvio que cuerpo y cabeza van sufriendo un paulatino deterioro, sobre todo a partir de los 50. Pero los expertos en la "tercera edad" llaman a abordar el tema en su integridad. Sin negar esos achaques, reparan en un mecanismo natural de compensación, manifestado en la sabiduría y la madurez propias de los adultos mayores. No solo eso. En muchos casos, se da incluso una potenciación de sus capacidades. La señora quejosa de 65 años tiene hoy una agenda más rica e intensa que 20 años atrás, lee más, camina más, lleva adelante un emprendimiento comercial, hace yoga, es voluntaria en un hospital, actúa, canta y baila en un grupo de comedia musical, se ocupa de la casa, cuida a los nietos? Los años no le llegaron solos, sino con un índice de actividad y productividad admirables.

Alguien dijo: no hay que temerles a las arrugas de la cara, sino del espíritu.

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