Cerebro y educación

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11 de mayo de 2003  

Hace dos décadas asistimos a la mayor revolución en la educación desde la imprenta: la introducción de las computadoras y de las comunicaciones digitales en la escuela.

Pocos científicos y educadores lideraron ese esfuerzo. Las PC eran elementos extraños para la mayoría de la comunidad educativa, estaban reservadas a la investigación y a la educación superior. Eran escasos los expertos en informática que se aventuraron a explorar el nuevo mundo de la educación digital y viceversa. No todas las escuelas abrieron sus puertas a los pioneros y hubo bastante reacción contra una tecnología que no había surgido del seno de la pedagogía tradicional.

Fue preciso crear una pedagogía totalmente diferente. Eso llevó una generación. Poco a poco la tecnología informática y de comunicaciones se fue perfeccionando, disminuyeron sus costos y se hizo accesible a millones de estudiantes y de profesores.

Nadie pudo imaginar esta explosión creativa hace apenas dos décadas. Y esto es sólo un comienzo.

Algo semejante sucede ahora con la introducción de las neurociencias cognitivas en la educación. En este caso no se trata de introducir un nuevo equipamiento en las escuelas. El cerebro ya está dentro de nuestros cráneos y la cuestión es protegerlo, usarlo bien y para el bien.

Hace ya varios años, la Universidad de Harvard dedica un considerable esfuerzo para poner en contacto los estudios sobre la mente y el cerebro (la "neuromente") con la educación. Este es el objetivo de un próximo seminario intensivo ( MBE ) que atrae a educadores de muchas partes.

Un cambio fundamental tendrá lugar el día en que las escuelas cuenten con equipamientos accesibles, sencillos y no invasores para estudiar el cerebro en actividad durante el proceso de aprendizaje y de enseñanza. Eso hoy parece ciencia ficción, pero también parecía imposible poner las computadoras en manos de alumnos y maestros.

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