Chicos, ¿podemos cenar sin celulares?

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
Crédito: Shutterstock
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9 de enero de 2020  • 00:28

Esta es una de las preguntas frecuentes que han surgido en las distintas charlas que he brindado a lo largo de todo el país. Se trata de una de las frases que muchos papás repiten al ver a sus hijos inmersos en el mundo virtual, el cual ha venido para instalarse. Además de todos los beneficios que conlleva, también es cierto que la sobreinformación a la que es posible acceder puede generarnos estrés. Asimismo, el celular nos hace sentir que tenemos cierto "control" sobre múltiples tareas, lo que a su vez trae un aumento de la demanda. Hoy cualquier persona nos puede ver en línea, llamarnos, acceder a nosotros desde cualquier lugar.

Hace no mucho tiempo, efectuar un llamado implicaba pedirle a una secretaria que nos comunicara o, en algunas ocasiones, buscar un teléfono público. Actualmente estamos expuestos a mayores estímulos y, junto con ellos, a mayores demandas. Así también nuestro mundo salió del anonimato para estar expuesto a muchas más personas que antes.

Podríamos decir, adicionalmente, que el universo virtual trajo consigo una expansión de relaciones virtuales y, en algunos casos, una disminución de las conexiones presenciales junto con una falsa sensación de control. A algunas personas con cierto nivel de timidez, por ejemplo, les permitió expresarse y bajar la ansiedad por todo aquello que ahora se puede resolver de manera remota, pero produjo también, por otro lado, una gran demanda.

El uso del celular es negativo cuando, a través de este, evitamos el contacto con el otro. Cuando una persona maneja muy bien lo virtual pero no así lo interpersonal, debe repensar el tema. Existe mucha diferencia entre usar el celular como una herramienta y usarlo como un escape por dificultades para establecer las relaciones con el otro. Lo virtual debe ayudar a lo presencial, debe constituir una herramienta que nos sirva para trabajar y potenciar lo real. Toda vez que esta herramienta nos aleja de lo real, entonces su uso se vuelve negativo. Por ejemplo, cuando una familia o grupo de amigos están inmersos en su celular pudiendo compartir entre ellos, lo virtual les quita la posibilidad de interactuar.

En una oportunidad, un papá me comentó que su hijo se había reunido con otros tres amigos. Estaban juntos, pero cada uno compenetrado en su celular. Este papá tuvo la idea de hacer un asado para los cuatro y darle a cada uno una tarea. Uno prendió el fuego, otro trajo la carne... y así todos compartieron un momento muy agradable donde pudieron dejar sus móviles y comenzar a compartir.

No podemos prohibir lo virtual, pero sí potenciar lo presencial para hacer que cada encuentro sea atractivo. Recordemos que los tres regalos más lindos que podemos darles a nuestros hijos son mirarlos, oírlos y acariciarlos.

Ahora bien, tengamos en cuenta determinadas pautas:

  • 1. No sirve de nada pedirles a nuestros hijos que dejen los celulares si en ese almuerzo o cena no vamos a propiciar un diálogo ameno, fluido, divertido. Potenciar lo presencial es la mejor manera de ayudar a los chicos a administrar lo virtual.
  • 2. Nunca confundamos el lenguaje virtual con el real. Esta es una de las grandes preocupaciones de muchos adolescentes que confunden ser bloqueados en una red social con "Me está rechazando", y el "Me gusta" con "Me quiere", cuando los dos lenguajes son totalmente distintos. Una cosa es rechazar a alguien y otra muy diferente es sacarlo de "seguidores favoritos".

Otro comentario que me han hecho muy frecuentemente es: "Me molesta mucho el rechazo en las redes". Generalmente, el rechazo o los comentarios negativos nos molestan, en un principio, por el contraste. Tener veinte comentarios positivos y uno negativo, por ejemplo, genera un contraste que nos lleva a agigantar, a aumentar la percepción del rechazo, convirtiéndolo en un rechazo monumental.

Por otro lado, dado que las redes otorgan anonimato, mucha gente se envalentona y escribe palabras que jamás les dirían cara a cara a otra persona. Esto le genera a quien agrede una facilidad de expresión de su propia frustración. La agresión en las redes nunca es una acción reflexiva, siempre es impulsiva. No está basada en el razonamiento dado que, de ser así, sería un comentario y nunca una agresión. Muchas veces esta falta de reflexión hace que la persona desplace las frustraciones que ha tenido en otras áreas a través de lo virtual, sintiéndose así un poquito "más fuerte".

Lo mejor siempre es bloquear a quien agrede y nunca contestar, porque una cosa es discutir, disentir, lo cual sí puede aportar al diálogo, y otra es la agresión por la agresión misma. Contestar a quienes nos agreden es entrar en el juego de ellos. El mensaje sería: "Te escribo con mucha bronca y quiero que vos también me respondas con mucha bronca". Algunas personas utilizan las redes para expresar frases ingeniosas pensando que eso es creatividad, cuando la creatividad siempre produce algo. Lo mejor es siempre valorar lo virtual en su justa medida: no darle demasiada trascendencia a los comentarios positivos e ignorar las agresiones.

Conclusión

Potenciar el encuentro presencial enriquece los vínculos. No debemos olvidar que lo más valioso que tenemos los seres humanos es la construcción de la intimidad, ser capaces de revelarnos al otro y permitir que el otro se revele. Podemos conocer a alguien a través de las redes sociales, pero siempre necesitamos del contacto, del encuentro para poder seguir construyendo vínculos profundos.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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