Ciencia y técnica para las mayorías

Por Horacio Berretta Para LA NACION
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26 de abril de 2004  

Asistimos a una de las mayores incoherencias del pensamiento y de la conducta del hombre civilizado. En efecto, las propuestas de la modernidad a fines del siglo pasado prometían ser garantes del progreso ilimitado del hombre, generadoras de su liberación y felicidad a partir del desarrollo tecnológico y del intercambio global. Flagelos y desigualdades desaparecerían gracias a modelos de desarrollo irrestricto para todo el género humano.

Hoy constatamos el inmenso crecimiento de las riquezas con el concurso de la tecnología y de la globalización del mercado, pero en la era de los vuelos espaciales y de la electrónica, en un marco de democracia formal, el número de pobres aumenta inexorablemente, y aumentará en América latina a razón de un millón de personas por año en las dos próximas décadas. Un vaticinio que se cumple en nuestro propio país.

En el mundo (como señala Wolfensohn, presidente del Banco Mundial), el número de personas de extrema pobreza, ha crecido de mil millones a mil trescientos millones en 5 años, y en las dos próximas décadas habrá 4 mil millones de personas que perciben menos de 2 dólares por día.

Por otra parte, estamos iniciando una "nueva revolución tecnológica", aunque el grueso de la humanidad carece aún de los beneficios prometidos por la Revolución Industrial. Esta tercera revolución técnico-productiva y de comunicaciones entraña, pues, una aguda crisis económica en el orbe, y en ella millones de individuos seguirán perdiendo su trabajo mientras el poder adquisitivo de las masas se irá apagando progresivamente.

Se calcula que para mediados del siglo, gracias a las tecnologías de avanzada, bastaría sólo el 20% de la mano de obra mundial para la extracción y la producción, repartiéndose el resto en servicios y desempleo masivo, con hambruna, revueltas, y también la tentación por el totalitarismo.

Nunca hemos estado tan cerca de cumplir el viejo deseo de liberar al hombre de las penurias del trabajo agobiante e inhumano gracias a la tecnología, pero debemos tener en cuenta también que, estando tan próximos del cielo, estamos pisando las puertas del infierno.

Como decía Butros -Ghali ya en 1996: "No podemos olvidar que estamos sentados encima de un volcán, ya que la violencia pasiva y la activa que confinan masivamente al hambre y a la desesperación, resultan tan devastadoras como los campos de concentración de Hitler y de Stalin. En este contexto, la idea de un desarrollo armónico y lineal ya no es pensable. Por lo tanto, es urgente imaginar el futuro en términos al menos de subsistencia para las mayorías.

Auscultando los signos de los tiempos, comprobamos que el progreso técnico y el progreso humano no caminan parejos, porque en el fondo, el problema del progreso técnico y el humano es un problema espiritual y moral. Parten de allí el desarrollo y la selección de la tecnología conveniente o apropiada "a todo el hombre y todos los hombres", esto es: la tecnología no violenta ni alienante. Hay que buscar caminos tecnológicos que puedan prolongar el brazo del hombre para la subsistencia y el inicio de un generalizable desarrollo material y espiritual,

El reto es poder salir hoy de la torre de marfil, para devolver en parte al pueblo que la sostiene el rédito necesario, orientando el conocimiento para ponerlo al servicio de las necesidades actuales: el desarrollo de una tecnología no expulsora de mano de obra; salud y medicamentos de bajo costo; vivienda económica; agroindustrias; planificación del desarrollo integral; regionalización bioceánica; economía centrada en el hombre; seguridad; organización comunitaria y más.

Reforzaremos de esa manera líneas de una tarea de servicio y una mística de acción, dispuestas a colaborar con diversas corrientes en la edificación de un nuevo proyecto de sociedad, en el cual la ciencia y la técnica asuman un rol comprometido, aunando sabiduría práctica con justicia y libertad.

Así, en nuestro país, tanto el sistema científico-tecnológico como los que integramos centros y grupos de investigación no podemos desentendernos de los graves problemas a cuya resolución debemos contribuir con nuestras tareas ampliando los alcances de una visión de servicio de la ciencia y de la técnica, dado que no basta acumular conocimientos, si estos no se concretan en soluciones apropiadas para afianzar la calidad de vida de las mayorías y el mejoramiento económico y social del país.

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