Confianzudos

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17 de mayo de 2020  

"La base es la confianza mutua entre las autoridades estatales y los ciudadanos".

(De la embajada de Suecia.)

Con el tono suave, inteligente y pragmático de la diplomacia -de la diplomacia inteligente, valga aclararlo-, la embajada de Suecia le respondió a Alberto Fernández sobre sus cuestionamientos respecto de la forma en que aquel país encaró la crisis por la pandemia de coronavirus.

"La base de eso es la confianza mutua entre las autoridades estatales y los ciudadanos", se lee en el comunicado sueco oficial. Palabras más que gentiles para definir una relación de la que no muchos países se pueden jactar.

Cómo será esa confianza que hoy, en Suecia, los bares están abiertos para tomar un cafecito en la vereda, pero no puede haber gente parada. y todos cumplen religiosamente la consigna.

Qué lejos está la tía Susana de la idiosincrasia sueca. Desde que se enteró de que algunos lugares del país empezaban a flexibilizar la cuarentena, anda martirizando al GPS. Le exige que le marque dónde no hay controles policiales para saltar a otros distritos y satisfacer así sus instintos menos solidarios.

Tarea complicada. Tal como están las cosas, en la Capital y el conurbano conseguir una peluquería abierta es más difícil que renegociar la deuda pública. Para hacerse color, la tía tendría que ir a Rosario y aprovechar el viajecito para alquilar algo, ya que allá las inmobiliarias pueden mostrar propiedades.

Si la idea es comprarse un departamento de pozo, le conviene agarrar para el lado de Tucumán, donde ya se reactivó la obra privada. Mientras que si quiere ir al psicólogo, podría viajar a Córdoba los lunes, miércoles y viernes, de 14 a 20 y con turno.

En el caso de necesitar un abogado que la divorcie del tío Alfredo, a quien no aguantaba más ya antes de la cuarentena, podría rumbear para La Pampa, que atienden al público de 13 a 18, también con turno.

Para renovar el placard le alcanza con ir a Junín, donde los locales de ropa pueden vender entre las 9 y las 15, con lo cual le sobra el tiempo para volver a la Capital y asistir a las 19 al bailongo entre balcones que se arma en su barrio, al cacerolazo residual de las 20 contra el Gobierno por los presos y la economía y al aplausazo de las 21 en favor de los médicos, a los que ningunea el Gobierno.

Según cómo termine su DNI, puede salir con los nietos solo el sábado, de 10 a 11, e ir a la iglesia a rezar, pero sin misa ni cantos ni hostia ni nada.

Todo eso si no la frenamos los sobrinos al grito de "no te hagas la sueca, Susana. Quedate en casa".

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