Diez mandamientos para Alberto

(0)
9 de mayo de 2020  

Toda la semana política, económica, legislativa, judicial, sanitaria y social se resume en un solo hecho. Es muy fácil adivinar cuál fue. El país y el mundo se detuvieron para seguir las implicancias de ese momento culminante, divisor de aguas, incluso fundacional. Aunque ya no debe haber nadie sin descubrir de qué estoy hablando, por las dudas aclaro que no se trata del fallido intento de Sergio Massa de usar el recinto de la Cámara de Diputados para jugar con pantallitas, caritas y vocecitas, verdadero parlamentarismo vanguardista. No. Me refiero al encuentro cumbre de Cristina y Alberto en Olivos, el martes. Duró tres interminables horas, tras las cuales él terminó con una severa crisis vocacional: el profesor se había convertido en alumno.

Recibió una clase presencial, pero, como en Zoom, le mutearon el micrófono. Nada que le disguste demasiado. Lejos de lo que muchos pueden pensar, además de la afinidad ideológica siente por la señora un profundo respeto político e intelectual. Si bien no comparte ciertas formas, la sabe más inteligente, más culta, más pícara e inescrupulosa. Más mala, condición ineludible, piensa, para manejar un país. La sabe dueña de los votos y de una estructura que él no tiene. Le admira ese perfil de personalidad sociópata, es decir, que no siente culpa. Cuando dejó de ser su jefe de Gabinete, en julio de 2008, empezó a competir con ella. Durante 10 años intentó derrotarla, destruirla políticamente de la mano de Massa, de Randazzo, de los medios. Firmó la rendición cuando ella lo hizo su candidato a presidente. Por lo tanto, cada vez que hablan o se encuentran, como el martes, se dispone a escuchar, a aprender y a tomar nota. En esta ocasión, es cierto, la cosa se fue un poco de mambo. Cristina le recitó 10 mandamientos. Él se persignó.

Primer mandamiento. No vayas a un default, porque deberías ser muy torpe para defaultear en un momento en que a los bonistas les tirás tres migas y se hacen un festín. No quiero default, y tampoco quiero que paguemos. Si pagamos, muy poco y que no se diga. Guzmán no es ministro de Economía, es ministro de Deuda. Es su único laburo. Por más pichi que sea, no la puede pifiar. Si la pifia, el culpable serás vos. Y yo volveré y te clavaré un sermón de 6 horas.

Segundo mandamiento. Cuidame el conurbano. Me dice Axel que el virus se está expandiendo por las villas de La Matanza y no solo ahí. Está logrando tapar eso, pero no sabe por cuánto tiempo más. Ponete las pilas, ¿OK? La Matanza son más de dos millones de personas. ¡Un millón de votos!

Tercer mandamiento. Empezá a aflojar con la cuarentena. La gente ya no soporta más el encierro, la economía se cae a pedazos y Florencia está desesperada por hacerse un viajecito a Cuba.

Cuarto mandamiento. Arreglá de una buena vez lo de la distribución de alimentos en comedores populares. Ya habrás visto la queja de Juan Grabois esta semana: "No roban, pero tampoco hacen. La comida no está llegando". A ver cuándo lográs revertir la ecuación: "Roban, pero se acabó el hambre". ¿Me entendés, profesor? Win-win.

Quinto mandamiento. La excarcelación de presos es una política de Estado. Política detrás de la cual estoy yo. Y mi familia. También es una cuestión demográfica: tenemos cárceles superpobladas y casas vacías.

Sexto mandamiento. Aprendé a domesticar a tus ministros. A la Losardo, por ejemplo, que parece estar pidiendo a gritos que la haga echar. Los mejores son los que te puse yo, como Wado, un fenómeno. Me dicen que el otro día en una videoconferencia en la Casa Rosada no le tembló el pulso para cortarlo a Axel, que es imbancable, habla hasta por los codos. Tengo que ir pensando en un correctivo para él. A Máximo se le va a ocurrir alguno.

Séptimo mandamiento. Alentá jugadas de alta estrategia sanitaria, como la de Ginés y Wado llevando a Córdoba, en un Hércules, 25 respiradores. Respiradores que se hicieron en una fábrica que está a 5 minutos del aeropuerto de Córdoba.

Octavo mandamiento. No tuitees en vano. Te veo a veces discutiendo con desconocidos, felicitando a una chica que cumple años, metiéndote en bolonquis? Y después tenés que borrar lo que escribiste. Alberto, por favor, no podés estar ahí perdiendo el tiempo. Usá Twitter para cosas trascendentes. Retuiteame.

Noveno mandamiento. Evitá contramarchas grotescas como la del Mercorur: que nos vamos, que ya veremos, que no nos fuimos, que volvemos? Un papelón. Dale un consejo de mi parte a Felipe. Que no se haga el canciller.

Décimo mandamiento. Y vos no te hagas el presidente.

Alberto quedó de lo más conforme con la charla. Bueno, con la larga exposición de Cristina, que siguió en silencio, devotamente. "Es terrible, no te regala nada, pero se las sabe todas", le resumió después a Fabiola. "Nos dijimos todo lo que nos teníamos que decir", fue la versión que les dio a sus más cercanos colaboradores.

Y, como si no le hubiese alcanzado con la que acababa de escuchar, se autoinfligió dos mandamientos más. El undécimo. No contrariarla, no desairarla. Siente que apenas saca los pies del plato se mete en problemas.

El duodécimo. Postergar sine die cualquier sueño de emancipación.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.