Gracias, PASO, que nos han dado tanto

Carlos M. Reymundo Roberts
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17 de agosto de 2019  

Increíble que digan que las PASO no sirven para nada. En 48 horas conseguimos una baja en Ganancias, congelamiento de naftas y de créditos hipotecarios, eliminación del IVA para alimentos y hacerle pito catalán al Fondo, especialmente al gringo Lipton, que durante meses no nos dejó ponerle un techo al dólar. Si el populismo garpa en las urnas, habrá pensado Macri, yanquis go home y abramos la cajita feliz.

Mientras el Presidente actuaba bajo pulsiones kirchneristas, Alberto Fernández recibía a Marcos Galperin, fundador y CEO de Mercado Libre. Detengámonos. Alberto es un campeón: para debutar con el establishment eligió una empresa cuyo nombre es en sí mismo una declaración de principios. "Mercado" y "Libre". Nombre y apellido que son la esencia misma del más puro capitalismo. En pocas palabras: Macri haciéndose cargo de las necesidades del pueblo y Alberto en animada charla con un señor que le rinde culto al capital. El fin de la grieta. ¡Aguanten las PASO!

En realidad, la grieta empezó a agrietarse cuando Cristina ungió a AF como su jefe de campaña y después como candidato a presidente. Es decir, cuando se hizo acompañar por alguien que durante casi una década estuvo del otro lado. No será una señora amable y hasta entiendo a los que de solo verla sufren convulsiones, estrés, incontinencia, angustia y pérdida súbita del apetito, pero de tonta no tiene un pelo. Con Alberto como coartada saltaron también Massa, Felipe y casi todos los gobernadores del PJ. Macri respondió con Pichetto, otra gran jugada, pero enseguida se vio que el recién llegado estaba flojo de peronistas. Le abrieron la puerta grande y, ¡oh sorpresa!, entró solito. En el sorteo de peronistas, los Fernández tenían todos los números. Cristina enfrentaba dos graves problemas. Uno era ella. El otro, el PJ dividido. Con su pase de magia resolvió los dos, ayudada, además, por Lavagna, que si ve que se le arrima alguien manda a cerrar con candado. Ahora don Roberto suspendió la campaña. ¿Cuándo volverá? Qué suspenso.

Por supuesto, hoy sabemos que los vaivenes políticos tuvieron menos influencia que los económicos. No hay nada que hacerle: la gente vota con el bolsillo. El Gobierno estaba ilusionado con que esta vez lo hiciera con el corazón y con la cabeza, que mirara las grandes obras públicas, la resurrección energética, la inserción en el mundo, la virtual ausencia de grandes casos de corrupción, el respeto a las instituciones, el metrobús, el pavimento que no es relato y el testimonio de los venezolanos que vienen a traerte la pizza y cuentan lo mal que la pasaban con Maduro. La esperanza era que la memoria volara a los tiempos de las cadenas, los patios militantes, el conteo de dólares en La Rosadita, Oyarbide, Moreno, D'Elía, 6,7,8, José López dejando sus ahorros en el convento de Moreno, los cuadernos de Centeno... Pero no. Se sigue votando con el bolsillo. Me pasa lo mismo que a Macri: no puedo creer que la gente le dé tanta importancia a tener trabajo y llegar a fin de mes. Que no se valore que la inflación acumulada desde diciembre de 2015 es solo del 180%, que la deuda del país simplemente se haya triplicado, que la promesa de "pobreza cero" siga recontravigente porque se avanzó cero. Esta semana le pregunté a Kicillof qué planes de gobierno tiene y me contestó: "Ni lucha contra las mafias y los narcos, ni hacer rutas y cloacas. No voy a cometer los mismos errores de María Eugenia".

Otro dato interesante de las PASO es que el kirchnerismo arrasó en las cárceles. No solo en la de Ezeiza, donde Boudou y De Vido se pusieron la campaña al hombro. En todas las cárceles. No quiero tomar esto para el lado del humor. En ningún otro ámbito o sector social ha calado tan profundo el discurso esperanzador y liberador de los Fernández. Ni siquiera en Puerto Madero, barrio que en buena medida debe su vertiginoso crecimiento a la prosperidad de la familia Kirchner ampliada, con su prole de chicos de La Cámpora. Acaso todas las encuestas fallaron estrepitosamente en sus previsiones porque no se interesaron en la opinión de esos miles y miles de argentinos que, con el poder de observación que da la vida entre rejas, vislumbraron mejor que nadie la profundidad de la crisis. Es cierto que no da un gran lustre que te voten los presos. Es un apoyo incómodo. Cristina zanjó la cuestión: "Creo que las cárceles nos han devuelto lo que nosotros hemos hecho por ellas, enviando a nuestros mejores hombres".

Noto desazón y bronca en las huestes macristas, porque creen que se ha producido un fraude gigantesco. Lanzan denuncias, organizan movilizaciones, alistan un ejército de fiscales. Arden los chats de WhatsApp. Está muy bien, cada cual debe defender su cosecha. La mala noticia es que, según los expertos, un fraude, aun masivo, con toda la furia apenas llega al 2 o 3% del total de los votos. No disparen, soy Giordano: simplemente digo que el problema debe estar en otro lado. ¿Y si en vez de fraude lo que pasó es que la gente se siente defraudada? Insisto, piedad, soy Giordano.

Por cierto, hay macristas confiados en revertir el resultado. Hablan de un PASO en falso. Yo creo que la tienen muy difícil. Hoy la perspectiva es que los Fernández vuelvan a ganar por...Por mucho. Qué cosa con los K: casi pongo por afano.

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