Melodrama peronista, una constante

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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17 de marzo de 2019  

E n la abundante cartografía peronista, a lo largo de sus 74 intensos años de predominio sobre la vida nacional, las enfermedades y muertes de sus máximos representantes y familiares ocupan un lugar de máximo relieve que termina sirviendo de combustible a la exaltación de sus adherentes más fanatizados. Funciona como una suerte de melodrama en capítulos cuyo clímax dramático desemboca en la realización de exequias monumentales, como las de Eva Perón , Juan Perón y Néstor Kirchner .

El concepto épico de "entregar la vida" por los servicios prestados se mantiene inalterable a lo largo del tiempo. Los líderes justicialistas no mueren, entonces, como el resto de los seres humanos por enfermedades, fallas orgánicas, accidentes, asesinatos o suicidios, sino por la intensidad con que desempeñarían sus labores gubernamentales. Nada se habla de lo poco cuidados que son dentro de sus propios entornos (el enfriamiento de Perón en su viaje a Paraguay en junio de 1974 o la forzada e imprudente presencia de Kirchner en un acto partidario en el Luna Park, 72 horas después de una delicada operación, en septiembre de 2010).

Así, se convertirían en una suerte de mártires de la "iglesia" peronista, una religión laica que jamás se desprende de las imágenes de sus máximos santones, a quienes seguimos viendo, aunque hayan muerto hace mucho en gigantografías, estandartes, videos recordatorios y hasta en nombres de calles y centros culturales. Ellos "guían" desde el más allá, inspirando a los dirigentes terrenales que les toca conducir los destinos actuales del "movimiento".

El dispositivo genera un doble efecto contradictorio: cohesiona emotivamente a los seguidores y los entona para ser incondicionales "soldados de la causa", en tanto que mete en una compleja encerrona a adversarios y detractores: o bajan del todo su perfil exhibiendo respetuosa mesura frente a cada una de estas desgraciadas circunstancias o se les suelta la cadena y manifiestan inconcebibles dosis de crueldad y burla que los dejan muy malparados. El ejemplo más prototípico es la leyenda "Viva el cáncer" escrita en una de las paredes de la antigua residencia presidencial, donde hoy está la Biblioteca Nacional, en tiempos de la enfermedad terminal de Eva Perón.

Todas estas reflexiones surgen no por el repentino mal que aqueja a Florencia Kirchner, la hija de la multiprocesada senadora Cristina Fernández -algo a lo que está expuesto cualquier ser humano-, sino en cómo "manufacturó" su madre esa noticia y la sometió a la consideración pública.

La pieza audiovisual, con una estudiada cadencia y quiebre de la voz en el relato en off, musicalizada sugestivamente y con una prolija selección de videos y fotos de la paciente en tiempos mejores, busca instalar que el linfedema que sufre -hinchazón y dolor en las piernas que no le permitirían estar mucho tiempo parada o sentada- fue provocado por el estrés producido por la "persecución judicial" de la que es víctima, según su madre.

Por cierto, la situación judicial de Florencia Kirchner no es para nada cómoda, pero no por una arbitraria persecución, sino por estar procesada, junto con su progenitora y su hermano Máximo, en sendas causas ya elevadas a juicio, de lavado de dinero en dos empresas familiares -Hotesur y Los Sauces- mediante amañados contratos de alquiler con los empresarios ya presos Lázaro Báez y Cristóbal López . En la parte argumental más interesante del spot que grabó la viuda de Kirchner alega, para exculpar a Florencia, que "los hijos se convierten en herederos forzosos de su padre por la ley". El tema es que Florencia ya es mayor de edad (tiene 29 años) y que resultó una heredera bastante activa: percibió sueldos de esas sociedades, fue miembro directivo de las mismas y se encontraron en una de sus cajas fuertes cinco millones de dólares, que nunca pudo haber ganado por sus propios medios ni tampoco sus padres, consagrados a la función pública desde hace varias décadas. Al ser la única integrante de la familia que no cuenta con fueros legislativos que la protejan, de ser encontrada culpable y recibir una pena mayor a tres años, quedaría automáticamente detenida.

El intempestivo viaje de trasnoche de la viuda de Kirchner hacia Cuba, donde está internada su hija, dejando detrás de sí grabada una pieza tan peculiar (es del todo inusual que un progenitor cuente con el temple para grabar algo así de estar su hijo efectivamente tan mal y si, en cambio, su estado no revistiera tal gravedad, la intencionalidad distorsiva del mensaje sería grosera), se presta a múltiples interpretaciones, como quienes especulan que se trata de un ardid para eludir a la Justicia. En cualquier caso, particularmente en las redes sociales, se leyeron mensajes insultantes a madre e hija que solo hablan de la calidad humana de quienes los generaron. Algo parecido sucedió con algunos periodistas y medios de comunicación tradicionales que agitaron esas aguas con afán tribunero y pendenciero.

Solo resta desear el pronto restablecimiento de Florencia Kirchner, tanto sea grave o leve su afección, de manera que una vez repuesta regrese al país y honre como ciudadana el llamado de la Justicia.

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven

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