Combatir el hambre y la malnutrición

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19 de noviembre de 2014  

El flagelo de la desnutrición afecta a los más vulnerables en nuestra sociedad, y el daño es mayor en las etapas tempranas de la vida. Más de 800 millones de personas sufren hambre crónica, alrededor del 11% de la población mundial . La subalimentación es la causa subyacente de casi la mitad de todas las muertes infantiles, y una cuarta parte de los niños sufren retraso del crecimiento debido a una alimentación inadecuada. Las deficiencias de micronutrientes causadas por dietas que carecen de vitaminas y minerales -conocidas también como "hambre oculta"- afectan a 2000 millones de personas.

Otra forma preocupante de malnutrición, la obesidad, está aumentando. Más de 500 millones de adultos son obesos como resultado de dietas que contienen exceso de grasas, azúcares y sal. Esto expone a las personas a un mayor riesgo de enfermedades no transmisibles, como las dolencias cardíacas, ictus, diabetes y cáncer, convertidas ahora en las principales causas de muerte en el mundo. La alimentación inadecuada y la inactividad física suponen también el 10% de la carga mundial de morbilidad.

Las cifras son impactantes y deben servir de llamamiento mundial a la acción. Además del terrible sufrimiento humano, las dietas poco saludables tienen también un impacto negativo en la capacidad de los países para desarrollarse y prosperar: el costo de la malnutrición, en todas sus formas, se calcula entre el 4 y el 5% del PBI mundial.

Líderes gubernamentales, científicos, nutricionistas, agricultores y representantes de la sociedad civil y del sector privado de todo el mundo se reunirán en Roma a partir de hoy en la Segunda Conferencia Internacional sobre Nutrición (CIN2). Se trata de una oportunidad que no pueden dejar escapar: hacer del derecho de los pueblos a una alimentación saludable una realidad global.

Los actuales sistemas alimentarios son insostenibles y nocivos. Lograr sistemas alimentarios saludables y sostenibles es clave para superar la malnutrición en todas sus formas, del hambre a la obesidad.

La producción de alimentos se ha triplicado desde 1945, mientras que la disponibilidad media de alimentos por persona ha aumentado en sólo un 40%. Nuestros sistemas alimentarios han conseguido aumentar la producción, pero a cambio de un elevado costo ambiental, y eso no ha sido suficiente para acabar con el hambre. Al mismo tiempo, los sistemas alimentarios han seguido evolucionando, con una proporción cada vez mayor de alimentos que se procesan y comercializan y una mayor disponibilidad de alimentos con elevado contenido calórico, grasas, azúcares y sal.

Nuestros sistemas alimentarios sencillamente no son hoy sostenibles o saludables, y mucho menos lo serán en 2050, cuando tengamos que alimentar a más de 9000 millones de personas. Tenemos que producir más alimentos, pero alimentos nutritivos, y hacerlo preservando la capacidad de las generaciones futuras para alimentarse. En pocas palabras, necesitamos sistemas alimentarios saludables y sostenibles -que produzcan alimentos de forma equilibrada, en cantidad y calidad suficiente y accesibles para todos- si queremos llevar una vida sana, productiva y sostenible.

En vista de la CIN2, los países han acordado una declaración política y un marco de acción sobre la nutrición que incluye recomendaciones concretas para el desarrollo de políticas públicas coherentes sobre agricultura, comercio, protección social, educación y salud que promuevan una alimentación sana y una mejor nutrición en todas las etapas de la vida.

El marco de acción ofrece a los gobiernos un plan para desarrollar políticas e inversiones en toda la cadena alimentaria que garanticen una alimentación saludable, variada y equilibrada para todos. Eso puede incluir fortalecer la producción y el procesado local de alimentos, especialmente por los productores chicos, y vincularlos con las comidas escolares; reduciendo grasas, azúcares y sal en los alimentos procesados; haciendo que las escuelas ofrezcan una alimentación saludable, protegiendo a los niños de la comercialización de alimentos y bebidas dañinos y permitiendo que la gente tome decisiones informadas sobre lo que come.

Si bien los ministerios de Salud, Agricultura y Educación deberían tomar la iniciativa, esta tarea incluye a todos aquellos involucrados en la producción, distribución y venta de alimentos. El marco de acción de la CIN2 sugiere también mayores inversiones para garantizar el acceso universal a intervenciones nutricionales efectivas, como la protección, la promoción y el apoyo de la lactancia materna, y el aumento de nutrientes disponibles para las madres.

Los países pueden comenzar ya a implementar estas iniciativas. El primer paso es establecer metas nacionales de nutrición para alcanzar los objetivos globales ya acordados. La CIN2 es el momento y el lugar para sellar estos compromisos.

La FAO y la OMS están preparadas para ayudar a los países en este esfuerzo. Al transformar el compromiso en acción y cooperar más eficazmente entre sí y con otras partes interesadas, el mundo tiene una oportunidad real de poner fin a los múltiples costos de la malnutrición en todas sus formas en el curso de esta generación.

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