¿Comercio o ayuda?

Por Alieto Aldo Guadagni Para LA NACION
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25 de agosto de 2001  

Raúl Prebisch en la década del 60 dijo: "No necesitamos ayuda, necesitamos comercio". Basta señalar que si hubiese comercio libre en agricultura, nuestra tierra aumentaría de valor en alrededor de 125.000 millones de dólares (una cifra equivalente a toda la deuda pública nacional). Esto no es una fantasía, si no no podríamos explicar el milagro de la productividad de nuestra agroindustria; con precios internacionales fuertemente deprimidos por los subsidios de la Unión Europea y los Estados Unidos, nuestra cosecha trepa a 68 millones de toneladas con récords absolutos en soja y trigo.

Son miles de productores, del interior, muchos de ellos jóvenes, pujantes y bien capacitados, los que están protagonizando una verdadera transformación tecnológica (biotecnología + siembra directa), sin subsidios del Estado y sin financiamiento barato. Esta transformación es "verde", conserva el suelo, es naturalmente "orgánica" y ahorra petróleo. Por litro de gasoil se están obteniendo cuatro veces más toneladas que a principios de los años 90.

Al mismo tiempo, nuestros empresarios han puesto a la Argentina en el tope mundial en nuevas exportaciones regionales, como la miel y los jugos cítricos. También la industria vitivinícola se ha modernizado y comienza a ganar mercados en un proceso que se profundizará en los próximos años, teniendo en cuenta la alta calidad de vinos producidos en óptimas condiciones de sol, tierra, riego y tecnología.

Trabas a la exportación

Al culminar las recientes negociaciones con el gobierno americano y el FMI, se planteó en Washington incorporar a la Argentina a los flujos comerciales de Estados Unidos. No es un punto de menor importancia, considerando que nuestros principales productos exportables están trabados en los Estados Unidos por barreras no arancelarias, un repertorio que incluye: antidumping en versión de la ley 301, derechos compensatorios más allá de las reglas de la Organización Mundial del Comercio, cuotas, licencias no automáticas de importación y controles "estacionales" de importaciones.

Existen 2105 restricciones que se concentran en rubros agroindustriales, donde radica nuestra principal ventaja competitiva en el comercio internacional: más del 80 por ciento de nuestras exportaciones agroindustriales enfrenta rígidas barreras no arancelarias. Estas trabas afectan importantes exportaciones, como lácteos, carnes, azúcar, frutos, pescado, legumbres, molinería, maní, cueros y acero.

Para peor, cuando una nueva industria exportadora, competitiva y de alta calidad como la miel, comienza a ingresar en el mercado norteamericano el proteccionismo se expresa con la aplicación de aranceles absurdamente elevados. El presidente Bush y el secretario O´Neill han puntualizado correctamente, en las últimas semanas, la necesidad de prestar atención a la "sustentabilidad" de largo plazo de la economía argentina, que trasciende lo meramente fiscal, ya que se debe asentar en la inversión productiva y en el aumento de las exportaciones. En este sentido, se ha propuesto abrir negociaciones bilaterales entre el Mercosur y los Estados Unidos, en el marco del acuerdo internacional denominado "4 + 1". Es una buena decisión, que abre perspectivas para que se actúe recordando que "mientras más comercio haya, menos ayuda necesitaremos".

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