Condición sanitaria de las carnes

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31 de mayo de 2003  

Dos importantes hechos de carácter sanitario relacionados con la economía ganadera han ocurrido en los últimos días. Por un lado, en París, en la reunión anual de la Oficina Internacional de Epizootias, se decidió reconocer a nuestro país la categoría de libre de aftosa con vacunación, previo informe que acredite el mantenimiento del país como libre de la enfermedad hasta el 7 de julio, fecha en la que se cumplirán 18 meses desde el último caso local de la enfermedad. Ello permitirá la apertura de algunos mercados que valoran esta condición; significa, además, un estimable antecedente para futuras decisiones de flexibilización de las condiciones sanitarias que hoy afectan el comercio de carnes, criterio que va ganando terreno en el organismo internacional citado.

El otro hecho hecho consiste en la aparición de un bovino con el "mal de la vaca loca" en Canadá, lo cual ha provocado una grave crisis ganadera en ese país, cuarto exportador mundial de carnes vacunas, y también de ganado en pie, por un valor total que ronda los 2400 millones de dólares anuales. Los Estados Unidos, que son el primer productor y el segundo exportador del mundo de la especie y, a la vez, un gran importador de ganado en pie y de carnes de su vecino del Norte, prohibieron inmediatamente este tráfico por considerar que colocaba a su rebaño en riesgo de contraer la temible enfermedad. Otras naciones han procedido del mismo modo, incluida la Argentina.

El "mal de la vaca loca" apareció en Gran Bretaña en la década del 80, pero la verdadera inquietud se desató en 1996, al comprobarse que es transmisible al hombre. Aunque los casos en que demostradamente esto ha sucedido son, hasta ahora, sólo 135 sobre una población mundial de 6000 millones, los consumidores han reaccionado, en todos lados, con extrema sensibilidad y produjeron sensibles reducciones en el consumo del producto en las naciones en que se habían registrado casos del mal.

El tema debe ser motivo de preocupación en nuestro país. Es cierto que desde el inicio del brote británico se tomaron medidas restrictivas de la importación de reproductores y otros elementos; además, desde 1992 se halla en ejecución un programa de análisis histológicos de cerebros de vacunos, ovinos y otras especies que ha dado fehaciente testimonio de la inexistencia del mal entre nosotros y ha sido la base para que la Unión Europea ubique a la Argentina en la clasificación de países libres de ese flagelo. Pero siendo esto destacable, no es todo: puesto que el origen de este mal radica en la alimentación de los rumiantes con harinas de carne de esta misma especie o bien de ovinos, tenemos aquí vigente la prohibición de suministrar esos suplementos dietarios; de lo que se trata, entonces, es de fiscalizar el estricto cumplimiento de esa veda.

Para nuestro país, la ocurrencia de lo que tiene lugar hoy en Canadá resultaría una catástrofe productiva y exportadora. Adviértase que la presencia de un solo animal enfermo en Canadá ha desencadenado una prohibición comercial generalizada. Con el tiempo, tal vez, la magnitud de las sanciones sanitarias lleguen a tener que ver con la extensión del problema, pero hoy basta un solo animal enfermo para desencadenar una virtual exclusión comercial. Es de esperar, al respecto, que la experiencia de la aftosa haya calado hondo en todos los responsables.

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