Coronavirus y el Juego de la Oca

Daniel Santa Cruz
Daniel Santa Cruz PARA LA NACION
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5 de abril de 2020  • 21:37

Si utilizáramos el famoso Juego de la Oca para comparar la carrera que la humanidad lleva adelante contra el COVID-19, podríamos decir que es una lucha cuyos avances se miden casillero por casillero. Avanzamos uno, dos, cinco, pero podemos también retroceder algunos en determinados momentos.

La impericia demostrada por varios funcionarios el viernes pasado al no prever que un millón de personas, en su mayoría jubilados que pertenecen a la llamada "población de alto riesgo", se agolparan en las puertas de los bancos para cobrar sus jubilaciones, pensiones y beneficios sociales, puede volver a poner esa carrera contra la pandemia en su punto de partida. Cómo si el azar, que determina la carrera hacia la meta en el Juego de la Oca, nos llevara nuevamente al comienzo.

Muchos nos preguntamos ¿Para qué tanto esfuerzo colectivo si en una mañana arruinaron todo? Se trata de un enojo fundamentado, tenemos ese derecho ganado en el esfuerzo de cada familia que vive en cada hogar en cuarentena , en cada puesto de trabajo que se pueda perder, en cada comerciante o pequeño y mediano emprendedor que sabe que este mes puede ser letal para la economía de su negocio. Esta vez no somos meros espectadores de otros hacedores y gestores. Todos estamos involucrados, porque aislándonos y cumpliendo con las normas dictadas somos parte de la solución.

Ese esfuerzo colectivo, junto al apoyo desinteresado de todas las fuerzas políticas y gobernadores detrás de la figura del Presidente, merece y exige que el gobierno escuche y no se encierre a enamorarse de su propio relato.

Hasta el jueves a la noche, funcionarios del gobierno nacional repetían lo señalado por el propio Presidente "somos ejemplo en el mundo en nuestra lucha contra la pandemia" .

Costó encontrar elogios en los medios de comunicación de otros países que, obviamente, no nos tienen muy en cuenta, por supuesto, abocados a la cobertura de los graves problemas con los que conviven cotidianamente en sus ciudades.

Sin embargo, el viernes y sábado sí fuimos noticia. El Diario El País de España tituló: "Miles de Jubilados se agolpan ante los bancos argentinos y se exponen a un contagio masivo"; El Mundo dijo: "Los fallos estructurales de Argentina dinamitan la cuarentena. Filas de 20 calles para cobrar pensiones"; hasta el New York Times nos hizo un lugar en su versión online: "Ridículo, largas filas de cuadras en el banco por pensiones argentinas pone alto riesgo por coronavirus". Entre otras atenciones que nos prestaron en el exterior, no precisamente para mostrarnos como un ejemplo.

En su editorial del viernes a la noche, en el programa Terapia de Noticias, muy atinadamente Pancho Olivera nos llevó a revisar hechos que sucedieron en Europa que fueron determinantes para la expansión del virus. Recordó que el 19 de febrero se jugó en Bérgamo un partido de fútbol entre el Atalanta y el Valencia. Italia tenía entonces 50 contagios. También que el 8 de marzo se realizó en Madrid una marcha para conmemorar el Día Internacional de los Derechos de la Mujer. España ya contaba con 600 casos y 17 muertes. Ambos hechos fueron considerados como los eventos que más influyeron para la expansión del virus en ambos países.

Se calcula que el viernes pasado en la Argentina, con 1350 casos y 43 muertes, se agruparon más de un millón de personas en los distintos bancos del país. Algo así como 20 veces más la cantidad reunida en los dos eventos mencionados de Italia y España.

Muchos especialistas señalan que lo sucedido el viernes lo vamos a sentir en diez días . El gerontólogo Diego Bernardino lo calificó como "un día infame, donde vimos el desprecio a nuestros adultos mayores". Otros, como el defensor de la tercera edad Eugenio Semino, afirman que en esos días puede colapsar el sistema de salud. Ojalá se equivoquen. Pero la ciencia, basada en experiencias concretas, les estaría otorgando la razón.

Cómo en El Juego de la Oca, ahora nos aferramos a la suerte. Porque el grave error del autodenominado "gobierno de científicos", penosamente, nos hace depender como nunca de ella.

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