Coronavirus: ¿Por qué hay personas que no siguen las indicaciones?

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk
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25 de marzo de 2020  • 23:59

Con el coronavirus, estamos viviendo un tiempo impactante a nivel mundial. Este elemento disruptivo, que marca un antes y un después y del cual no tenemos antecedentes, genera a nivel emocional una mezcla de asombro, temor e intranquilidad.

Unas de las herramientas para cuidarnos y cuidar al otro es obedecer los límites. Las medidas de quedarnos en nuestras casas deben ser cumplidas a rajatabla. Sin embargo, hemos visto cierta cantidad de personas que no siguen estas indicaciones.

Pensando y reflexionando sobre esto, podemos clasificarlas o dividirlas en tres categorías:

  • a. El desobediente con rasgos de negación. El hecho de que una persona minimice el peligro es un rasgo infantil. "No es nada"; "Están exagerando"; "No es tan grave como dicen". Este tipo de frases demuestra una conducta infantil e inmadura que pone en riesgo la vida de los demás y hace que la persona solo se conecte con el placer mediato. "Quiero salir a correr"; "Quiero ir a la playa"; "Quiero ir a ver a mi novia" son actitudes de alguien que no puede ver a largo plazo. Su cortoplacismo lo conecta con el placer presente y anula su capacidad de razonar, analizar y tomar las acciones correspondientes. Toda actitud infantil construye un mecanismo de negación de la gravedad de los sucesos. Las medidas que están siendo tomadas no son para mejorar la calidad de vida, sino más bien para cuidar la vida misma.
  • b. El omnipotente que dice: "A mí no me va a suceder nada". Esta es la actitud de quien desarrolla, por su misma impotencia e inseguridad, la actitud contraria. La persona piensa: "Yo todo lo puedo", lo cual revela una actitud narcisista y omnipotente. Recuerdo que en una oportunidad leí que un campeón mundial de box se subió a un avión y la azafata le pidió: "Colóquese el cinturón", a lo cual este hombre respondió: "Superman no necesita cinturón". La azafata entonces le dijo: "Señor, Superman no necesita avión. Por favor, colóquese el cinturón". Esta es la actitud del prepotente, del "canchero", del "vivo", del "superado", del "patotero", que desafía el peligro (en este caso, a la misma vida-muerte mediante su transgresión). Y todo para demostrar su omnipotencia. Pero su actitud, en realidad, esconde la impotencia de la inseguridad y el miedo que lo conduce a actuar de manera riesgosa para sí mismo y para los demás.
  • c. El rebelde que dice: "A mí nadie me va a decir lo que yo tengo que hacer". Esta tercera actitud de corte psicopático es típica de la persona que cree que todo límite debe ser transgredido. "Yo hago lo que quiero" es su pensamiento. Se trata de una persona que establece sus propios límites y transgrede los límites impuestos por los demás. Es aquel que tiene bajo nivel de empatía. No tiene en cuenta la solidaridad ni el cuidado del otro. Siente que el límite impuesto le roba su libertad. Entonces, burlándose y utilizando el engaño y la mentira, lo transgrede en pos de su propio placer y de los límites que él mismo establece. No le importa en absoluto el bien común. Trabaja para sí mismo. Considera las normas y la obediencia como malas palabras que coartan su libertad.

Conclusiones

Podríamos continuar con otras variables, sin embargo, hoy debemos cuidar nuestra salud psicológica tanto como nuestra salud física. Actitudes sanadoras como la solidaridad, la empatía, los límites y, fundamentalmente, la obediencia a las indicaciones son fundamentales para preservar lo más preciado que tenemos los seres humanos: la vida propia y la vida de los otros. Los estudiosos de la psicología social sostienen que, cuando hay un enemigo externo, el grupo tiende a unirse frente a él. Hoy, como todos sabemos, enfrentamos a un enemigo común. Es por ello que debemos estar unidos y elevar nuestro nivel de empatía y cuidado hacia nosotros mismos y hacia los demás.

El cortoplacista deja de cuidarse, pero quien construye un puente hacia el futuro ve a largo plazo y eleva su nivel de cuidado. Sabemos que saldremos de esta situación y construiremos un futuro mucho mejor. Para quienes nos gusta el ajedrez, hay una apertura que se llama "gambito de rey" donde uno sacrifica un peón para ganar estrategia más adelante en el juego. Hoy estamos sacrificando el "salir a caminar", el "ir a cenar a un restaurante", el "visitar un amigo", etc., en pos de algo mucho más grande que una estrategia: mantener la vida propia y la ajena. Vale la pena todo el esfuerzo y el sacrificio.

Los seres humanos poseemos una capacidad de adaptabilidad extraordinaria. Somos capaces de adaptarnos a esta nueva circunstancia de tener que permanecer en nuestras casas. Por eso, evitemos los temas conflictivos y construyamos diálogos amorosos con mucha tolerancia a la frustración, sabiendo que contamos con una caja de recursos extraordinarios que hemos venido utilizando para superar todas nuestras crisis. Sin duda saldremos adelante de esta situación tan difícil. Esperamos que Dios nos cuide, pero nosotros también nos cuidamos y cuidamos a nuestros hermanos.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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