Crecer entre la estrategia y el azar

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27 de mayo de 2003  

Fue otra vez sopa, nomás. Después de declamaciones políticas y posicionamientos públicos, por enésima vez el tema de la reforma electoral ni se trató en la Legislatura porteña. No hubo voluntad ni acuerdos posibles, de manera que en los comicios del 24 de agosto próximo los porteños volverán a sufragar con esas listas enormes que, se supone, tanto desprecian.

La manoseada reforma en cuestión no resulta ya sólo un reclamo vecinal, sino que desde la semana última también representa uno de los ejes de la modernización estatal que planteó el Consejo de Planeamiento Estratégico (CPE), ente creado por la Constitución porteña que agrupa a más de 140 organizaciones no gubernamentales, entre universidades, partidos políticos, cámaras empresariales, asociaciones sin fines de lucro, fundaciones, consejos profesionales y demás.

El CPE elevó al jefe de gobierno, Aníbal Ibarra, un papiro larguísimo con un análisis de las problemáticas porteñas y un consejo para solucionar cada uno de los conflictos.

Separó en cuatro planos los inconvenientes que deberían sortear ésta y las próximas administraciones locales para que el crecimiento de la urbe más importante del país se produzca con más inducción que azar: el social, el institucional, el económico y el físico. La reforma electoral formó parte de la dimensión institucional junto con la sanción de una ley de comunas, la descentralización del poder, la creación de una Justicia y un poder de policía propios y la articulación real de un área metropolitana.

Aunque a cada plano se le dio importancia, el director del CPE, Andrés Borthagaray, entendió que la dimensión institucional debería contar con un plus de atención. "Lo que pasa es que cada problemática necesita una respuesta institucional fuerte", explicó.

Ibarra no estuvo presente el día de la reunión con las entidades que componen el Consejo. En su nombre, el secretario de Descentralización, Ariel Schifrin, recibió a las organizaciones y fue el encargado, luego, de elevar el documento al jefe de gobierno. La presencia de Ibarra hubiera sido importante para otorgar apoyo institucional al CPE, aunque, claro está, lo único imprescindible era que el estudio llegara a sus manos.

* * *

Desacostumbrada a la planificación de largo plazo, al juego de construir una ciudad con más estrategia que definiciones coyunturales, Buenos Aires parecería no tener demasiado clara la influencia que quiere permitirle al CPE. En verdad, como organización nueva, con poco rodaje, ni siquiera el CPE conoce demasiado bien sus límites y sus capacidades.

Por el momento, sólo sabe que ante la fluctuante predisposición que probablemente encontrará en las diversas administraciones locales deberá exigirse una buena dosis de perseverancia y paciencia para subsistir.

Como herramienta que permita alcanzar consensos sobre puntos básicos de crecimiento, un ente integrado por fuerzas no gubernamentales respetadas y a la vez disímiles supone un alto grado de confiabilidad.

En el gobierno, sin embargo, no parecen del todo convencidos sobre la influencia positiva de un ente cuya capacidad de análisis ni siquiera está comprobada dentro del CPE. Al menos, no por ahora.

Pero no le quitan importancia desde el punto de vista conceptual. Que el planeamiento estratégico de la ciudad se encuentre en manos de una organización plural les parece un buen elemento para arrancar.

"Después, que resulte más o menos influyente, dependerá de su capacidad de análisis y de las propuestas que acerque. Y también del margen de acción que éste y los próximos gobiernos acepten darle", resumió un secretario de gobierno.

Como señaló Borthagaray, el CPE no marca errores de una gestión, sino que detecta problemáticas estructurales y propone soluciones para ellas, luego de estudios y consensos intestinos que, en ocasiones, pueden demorar años. Como herramienta parece interesante, aunque dependerá de su desarrollo interno y de su aceptación externa para convertirse en una figura importante para la Ciudad.

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