Cristianos en Plaza de Mayo

José Ignacio López
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23 de octubre de 2000  

Bien está que se haya elegido la Plaza de Mayo, un ámbito que fácilmente se identifica con los acontecimientos de mayor significación. Porque lo que allí sucederá al atardecer del próximo sábado será, ciertamente, un acontecimiento histórico y un significativo paso adelante en la laboriosa búsqueda de la unidad de los cristianos por más que no puedan ignorarse el desagrado y las consiguientes reacciones adversas suscitadas por la declaración difundida en septiembre desde la Congregación para la Doctrina de la Fe por el cardenal Joseph Ratzinger.

Convencidos del escándalo que significa la división y urgidos por testimoniar públicamente su voluntad de trabajar en favor de una sociedad más humana y solidaria, cristianos de diferentes confesiones decididos a prestar más atención a aquello que los une se congregarán para orar juntos y celebrar los 2000 años del nacimiento de Jesús. El lema del Encuentro lo dice todo: "Jesucristo nos une", y el propósito de que el encuentro religioso adquiera carácter de hito para el movimiento ecuménico en el país se verá reflejado tanto en la oración y en algunos gestos en común como en los comentarios que sobre las lecturas evangélicas formularán el obispo anglicano David Leake y el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Bergoglio.

Cierto es que algunos términos de aquel pronunciamiento vaticano cayeron como balde de agua fría, alteraron muchos ánimos y determinaron, por ejemplo, que la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas optara por retirarse de la organización del acto, aunque procurando preservar el espíritu ecuménico, por lo que dejó en libertad de acción a las iglesias que la conforman. La arquidiócesis porteña, las diócesis católicas del conurbano, las eparquías maronita, ucraniana y armenia, la Iglesia Anglicana, la Apostólica Armenia, la Católica Ortodoxa de Antioquia, la Ortodoxa Rusa del Patriarcado de Moscú, la del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, la Iglesia Evangélica Luterana Unida, la Iglesia Valdense, la Presbiteriana y algunos pastores pentecostales que lo harán a título personal participarán del Encuentro Cristiano 2000.

Ese sentido que concibe al ecumenismo como un movimiento de cristianos que reconoce el impulso del Espíritu y la honda vigencia del mandato de Jesús ("sean Uno para que el mundo crea") quedaron en evidencia en estos días en Eldorado, Misiones, donde se encontraron delegados laicos, pastores y diáconos de 42 congregaciones para celebrar la Conferencia Sinodal y la asamblea general de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata. El obispo católico de Iguazú, monseñor Joaquín Piña, y el secretario de la Comisión de Ecumenismo del Episcopado, padre Francisco Ballarini, ratificaron allí la voluntad de diálogo y la vigencia de lo proclamado por Juan Pablo II en su última encíclica sobre la unidad cristiana: "El camino ecuménico es irreversible".

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