Cristina, ante la encrucijada de decidir sola

Joaquín Morales Solá
(0)
15 de mayo de 2011  

El calendario electoral está acorralando a la Presidenta en un lugar desconocido para ella: el de la soledad para tomar decisiones políticas. En sus seis meses de viuda nunca debió resolver cuestiones de magnitud ni cambió nada de lo que ya existía en los buenos tiempos. Quizás este momento de su vida, que se parece a la parte más fina de un embudo, explica tanto las vacilaciones de su voluntad como las reiteradas advertencias de su salud. La repentina cancelación del viaje a Paraguay, donde debía participar ayer de los festejos del bicentenario de ese país, por inexplicadas razones climáticas, está mostrando un cuerpo muy frágil o un espíritu sin empeño.

Es el almanaque el que la está acorralando en ese territorio inexplorado. ¿Cuándo y cómo anunciará su candidatura a la reelección? ¿Será candidata? ¿A quién de los tres candidatos preexistentes, que expresan cosas distintas, elegirá para representarla en la Capital? ¿Ordenará la ofensiva final contra el líder cegetista, Hugo Moyano, o le conviene más quedarse sólo con el petardeo discursivo? ¿Dejará crecer en la decisiva provincia de Buenos Aires a una disidencia política y gremial contra Scioli?

En momentos como éste era cuando mejor funcionaba su matrimonio y su sociedad política con Néstor Kirchner. El acuerdo o el desacuerdo en la pareja presidencial terminaban siempre con una decisión consensuada entre ellos. Kirchner ya no está y ni siquiera un equipo reemplazó su ausencia. La Presidenta se mueve sola en su oficina o en su casona de Olivos. Los supuestos influyentes son sólo asesores parciales y esporádicos.

Hay funcionarios que le son más simpáticos que otros, es cierto, pero ninguno es un consejero decisivo en instantes críticos. Su resistencia a enfrentarse con el necesario período de duelo (que lo reemplaza con trabajo y lecturas); las consecuencias anímicas de ese ámbito yermo en el que vive y la inminencia de días cruciales para su vida y la de su familia provocan la permanente ondulación de su espíritu.

Un día parece que tenemos que salir a comprar el cotillón para el anuncio de la reelección. Pero otro día da la impresión de que todos nos volvemos a casa . El testimonio corresponde a alguien que la frecuenta. Su revelación es valiosa, aunque sólo confirma lo que se ha visto en público en los últimos días. Hace un par de semanas dijo un discurso que se consideró la antesala del anuncio sobre su candidatura a la reelección. No quiero que un enorme esfuerzo personal y familiar caiga en saco roto , proclamó, entusiasmada. El jueves dijo otro discurso, en medio de sus habituales enojos con Moyano, que se asemejó a una despedida. No me muero por ser presidenta; ya di todo lo que puedo dar , cambió entonces, con los viejos bríos muy abajo, cerca del zócalo. ¿Cuál es la Cristina verdadera?

¿Es todo una simple estrategia electoral? Puede haber algo o mucho de eso, pero Cristina Kirchner pecó en su vida de altivez y de autosuficiencia y nunca, como el jueves, de autocompasión. De cualquier forma, la encerrona presidencial no tiene salida por ahora: la presión del kirchnerismo para que siga en la jefatura del Estado es de una intensidad sólo parecida a la que suele ejercer Moyano por otras razones. Entre las presiones de uno y otro bando, la Presidenta opta a veces por llevar sus dilemas al espacio público y es ahí, precisamente, donde tales fluctuaciones promueven la confusión entre la autenticidad y el oportunismo electoral.

Una primera versión indicó que la Presidenta aprovecharía el aniversario familiar en el poder, el 25 de Mayo, para notificar a los argentinos de su decisión. Otros rumores señalan ahora que la fecha del anuncio se postergaría hasta mediados de junio. El 25 de junio vencerá el plazo para inscribir candidatos presidenciales. No hablaría bien de su vocación democrática si la Presidenta descongelara el proceso de selección del candidato presidencial del oficialismo cuando ya no habría otra alternativa que ella. Tan cerca de la fecha límite, nadie podría sentirse en condiciones de participar de la elección del candidato oficialista. Será ella, si ella quiere, aunque las formas merecen cierto respeto.

La obsesión presidencial por el armado del futuro Congreso contradice sus aparentes incertidumbres. Las deslealtades de los legisladores que la acompañaron en 2007 marcan su impronta de estos días. Los gobernadores están presionados por el proyecto de Moyano para incorporar candidatos sindicales en las listas de legisladores, pero también los presiona el propósito presidencial de incluir en esas mismas listas a flamantes militantes de La Cámpora. Yo no sé ni cómo se escriben los nombres de algunos de ellos, que empezaron a militar hace tres meses , confesó un gobernador del Norte.

Moyano habla de candidatura vicepresidencial, de la de vicegobernador en Buenos Aires y de una cesión al sindicalismo del 33 por ciento de las listas de legisladores. Tanta ambición se solucionaría con un solo lugar y un solo nombre: el de Moyano como primer candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. El líder cegetista necesita de un lugar distinguido en el Congreso no para imponer sus ideas, sino para alcanzar la inmunidad parlamentaria. Scioli no quiere eso y es más que probable que Cristina Kirchner lo quiera menos que Scioli.

Sergio Massa se entreveró con el sindicalismo en el peor momento de la relación de éste con Cristina. Cayó en una trampa, producto de cierta frivolidad política por parte del popular intendente de Tigre. Se metió en una operación sindical para presionar a Scioli por las listas de legisladores , explicaron funcionarios nacionales. Moyano le contó luego a Scioli que él no formaba parte de esa conspiración, pero el gobernador sabe que las palabras de Moyano son a veces muy distintas de sus actos.

Sea como sea, la Presidenta dio una orden terminante: El gobierno nacional debe respaldar a Scioli , le dijo incluso a Aníbal Fernández, que ya estaba cayendo en la misma trampa que lo encerró a Massa. No es sólo una cuestión de solidaridad personal, que en política es siempre relativa. Se trata de la conveniencia presidencial: Scioli deberá enfrentar la elección provincial el mismo día en que lo haría Cristina Kirchner por la renovación de su mandato. ¿Para qué, entonces, debilitar a quien podría ayudarla a juntar votos en el principal distrito electoral del país?

El conflicto con la Presidenta se agravó, entonces, cuando un sector sindical se coló para promover al futuro gobernador de Buenos Aires. Esa es una decisión que pertenece a la política y no a los sindicatos. Es una reacción propia de Cristina Kirchner y de cualquier otro presidente. La Presidenta tenía razones sindicales de sobra para hartarse de Moyano, pero también influyeron esas maquinaciones puramente políticas. En rigor, Cristina sólo intuye, sin conocerlo a fondo, el clima real de intranquilidad que existe en amplios sectores sociales por la indisciplina laboral, que afecta a diario a los servicios públicos y que todavía provoca escasez de naftas.

Ahora bien, ¿vale la pena derrocarlo a Moyano prematuramente? El kirchnerismo puro cree que sí. ¿Alguien pensó en el día después?, pregunta el peronismo más clásico. ¿Por qué Gerardo Martínez sería mejor que Moyano si compiten entre ellos hasta por quién es más violento?, insisten estos últimos. La última decisión será de la Presidenta.

Moyano se metió también en el medio de la decisión presidencial sobre la Capital, donde vencen los plazos más próximos. En la semana que se inicia, Cristina Kirchner deberá elegir entre Daniel Filmus, Amado Boudou o Carlos Tomada. Los tres hicieron un patético acto conjunto de cierre de campaña, en el que terminaron confiando en el dedo presidencial. ¿No había prometido Cristina que su misión como presidenta era transparentar las decisiones políticas y fortalecer a los partidos? ¿No es ese método capitalino otro notable gesto político de absolutismo? Mauricio Macri no fue muy distinto, pero nunca prometió que cambiará el sistema partidario en el que prevalece su voluntad.

Boudou expresa a una alianza que no existe: la de Cristina y Moyano, el viejo padrino político del ministro, pero éste tiene la simpatía presidencial. Filmus representa al más cabal progresismo cristinista, aunque Cristina no le tiene mucho cariño al senador. Tomada es la expresión del peronismo y el sindicalismo clásicos. Su problema son las encuestas, que lo tratan mal.

La Capital es el primero de sus desafíos, pero no el más grave. Las otras decisiones por venir (su destino y el de Moyano) la colocaron, en cambio, en ese mundo inseguro, incómodo, ya evidente, que ella habita.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.