Cristina y la teoría de las dos varas

Sergio Suppo
Sergio Suppo LA NACION
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28 de octubre de 2018  

El kirchnerismo llega un poco tarde para denunciar las lacras de la Justicia. Fue esa, precisamente, una de las razones que lo sacaron del poder luego de tanta impunidad acumulada. Ese hartazgo social se convirtió en una fuerza electoral tan rotunda que hace tres años sirvió para reconfigurar el mapa del poder. Eso ya es historia, como es presente que el viejo sistema todavía existe a la mano de quien gobierne. Su utilización o erradicación abrió una herida profunda que lejos está de cerrarse entre los socios de Cambiemos.

Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat

Tampoco era nuevo en 2015 que la falta de justicia se convirtiese en un asunto de primera importancia para un presidente recién llegado.

Era tan clara la demanda que un hombre con horas en la Casa Rosada usó su fortaleza inicial para una embestida frontal contra la Corte Suprema. Diez días después de jurar, el 4 de junio de 2003, Néstor Kirchner usó la cadena nacional para forzar la renuncia de los miembros de la llamada mayoría automática de la Corte. Un día antes, el entonces presidente de la Corte, Julio Nazareno, lo había acusado de querer formar tribunal "adicto", al estilo del que él mismo, un exsocio de los Menem, presidía. Conviene no olvidarlo: hubo corrupción kirchnerista porque antes hubo corrupción menemista.

Kirchner instrumentó las audiencias públicas para los nuevos candidatos y cubrió las vacantes con una integración más plural que la mayoría automática que había dejado montada Menem y que Fernando de la Rúa no atinó a desmontar. Y fue aplaudido. Al mismo tiempo, sin discursos para la tribuna, ni épica, ni relato, Kirchner decidió beneficiarse con otra herencia judicial: el sistema de encubrimiento e impunidad de los fiscales y jueces que deben investigar la corrupción. Había cambiado una cabeza que no mandaba sobre los resortes concretos de protección al poder que roba. Los sobres de dinero en negro salidos de las catacumbas de los servicios de inteligencia y de las empresas beneficiadas por el sistema siguieron circulando en los años del kirchnerismo como durante los 90. Es una historia conocida y cada vez mejor documentada en investigaciones periodísticas notables.

Acorralado por causas que pasaron de las denuncias a las evidencias y a las autoincriminaciones colaborativas para conseguir penas atenuadas, el kirchnerismo denuncia al macrismo por controlar el sistema judicial. No es la primera versión sobre el tema que aporta la expresidenta Cristina Kirchner y su grupo de voceros, en un proceso similar al que los psicólogos suelen describir respecto de los pacientes que sufren una pérdida irreparable.

La última versión sobre su situación judicial es la vieja teoría de las dos varas. Con un poco de zapping por los discursos del kirchnerismo de los últimos días es fácil encontrar repetida en todos sus dirigentes y operadores comunicacionales esas dos palabras: "dos varas". Ya no le alcanza al kirchnerismo con descalificar a los denunciantes luego de tanta evidencia acumulada.

El planteo de las "dos varas" tiene como plataforma la idea de que todos son ladrones. Y cuando todos lo son nadie puede condenar a nadie. Es una adaptación libre de aquella frase atribuida a Jesús: "Quien esté libre de pecado que arroje la primera piedra". Al fin, tal vez no sea tan casual cierta búsqueda de refugio en la religión que tanto ruido causó una semana atrás.

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