¿Cuál de los dos Kirchner gobierna la Argentina?

Joaquín Morales Solá
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20 de abril de 2008  

¿Quién gobierna la Argentina? ¿Es Cristina Kirchner o es su esposo quien, por la vía de la decisión o del veto, termina fijando las líneas esenciales de la administración? En última instancia, ¿están ellos de acuerdo en todo o, en cambio, corporizan liderazgos de líneas distintas dentro del propio gobierno? La dualidad del mando, la confusión sobre las políticas que emanan de la cima y las constantes contradicciones de las acciones oficiales, que asombran a dirigentes de cualquier extracción, se producen en el momento más crítico de la gestión kirchnerista. La política debe decidir, definitivamente, quién gobernará la Argentina.

La envergadura de los conflictos internos y los problemas que se acercan por los efectos de un mundo más complicado han encogido el margen de esas vacilaciones en el vértice mismo del poder. Economistas extranjeros que se dedican a analizar la política latinoamericana aseguran que los coletazos de la crisis financiera y económica mundial llegarán a la región, infalibles, en el curso del próximo año. Al mismo tiempo, el problema político crucial de la Argentina de estos días es la inflación, capaz de dislocar la economía, de exasperar a la sociedad y de acorralar al Gobierno y a su liderazgo, ya sea expresado por una o por dos personas.

El conflicto entre el Gobierno y el campo comenzó, precisamente, por la receta de un mal remedio contra la inflación ordenado por un médico chapucero. Los dirigentes rurales creen que están en el medio de una furiosa interna oficial, que los tiene a ellos como el trofeo de la batalla. Un día Alberto Fernández los llama para salvar el diálogo y les hace buenos anuncios parciales; al día siguiente, o durante ese mismo diálogo, Guillermo Moreno los provoca, los azuza o los desaira. Moreno es Néstor Kirchner como Fernández es el ejecutor más confiable de Cristina Kirchner.

El boicot de Moreno a las gestiones de Fernández, explicitado sin disimulos durante las reuniones con los dirigentes agropecuarios, es la prueba de que el ex presidente está detrás del secretario de Comercio. Sin ese respaldo, un secretario de Estado que desafía la línea del jefe del Gabinete (jefe de los ministros, por lo tanto) no podría durar ni media hora más en la administración. Fernández se resigna, por el contrario, a reprenderlo a Moreno como los padres reprenden a los chicos: Basta, Guillermo . O más patético aún: Guillermo, ya te dije que tenés que portarte bien .

En esas reuniones, Moreno camina, corre, se despatarra en un sillón, habla por el celular, susurra amenazas a los productores mientras habla Fernández ( Viene la picadora de carne , le dijo el jueves a uno de ellos). El jueves se firmó un acuerdo sobre la carne que Fernández imaginó como una oferta casi desesperada para continuar el diálogo. El viernes, los hombres de Moreno hostigaban a los productores de carne con preguntas inútiles, pero formales, en un organismo que también integra el Estado. El único argentino que puso en caja a Moreno es un productor pampeano, Ulises Forte, un Goliat enorme, tan chabacano y malhablado como el propio Moreno. Pero, ¿cómo se enfrenta a Moreno si no es con sus propias armas?

¿Dónde está Lousteau? , se preguntan los dirigentes rurales entre ellos. El ministro ha desaparecido de las reuniones y es posible que no vuelva, por ahora al menos. Lousteau no puede agregar mucho a lo que en esos encuentros dice Fernández, su jefe político, y tampoco tiene la autoridad política necesaria como para callar la boca de Moreno. No puede, en fin, darse el lujo de mostrar los síntomas de su debilidad. Sin embargo, la Presidenta lo recibe, se distribuyen fotos de él con ella, en un esfuerzo evidente de defender la decisión de Cristina Kirchner de nombrarlo ministro. Néstor Kirchner es el jefe político de Moreno y nadie sabe si, en el medio de su pelea pasional e ideológica con el campo, le interesa mucho si desestabiliza o no a los funcionarios de su esposa. Un esfuerzo de pacificación, en el centro de una guerra feroz, está creando malas perspectivas para esa negociación.

Dos polos parecen ya irreconciliables. El ejército beligerante de Néstor Kirchner, por un lado, y los productores rasos, que ni siquiera confían en que la negociación sea un buen camino, por el otro. Kirchner decide o veta. Su entronización como jefe supremo del peronismo, cuya conducción fue hecha a su medida, ha depositado el definitivo poder político en él. El espacio de Cristina Kirchner para crear un gobierno propio, si es que quisiera hacerlo, es cada vez más angosto y corto.

El piélago de contradicciones oficiales no se detuvo ahí. Los dueños españoles de Aerolíneas Argentina debieron ceder otra vez. Antes echaron por presión oficial a uno de sus accionistas y le abrieron al Estado una parte del paquete accionario. Ahora aceptaron, de hecho, incorporar a la sociedad a empresarios argentinos cercanos al Gobierno. La diplomacia española había comenzado a actuar en defensa de la empresa Marsans, propietaria de la compañía aérea, cuando los dueños españoles le anunciaron a Julio De Vido y a Ricardo Jaime que aceptarían a los socios locales. Cierta sorpresa pudo percibirse en Madrid por el apuro de la empresa en hacer el anuncio cuando había comenzado una gestión diplomática.

El embajador español, Rafael Estrella, se vio personalmente con Jaime para expresarle la "preocupación" de su gobierno por las presiones a la empresa, cuyos propietarios son en Madrid los líderes de la única y poderosa organización que agrupa a todas las empresas hispanas. No hay ninguna presión sobre Aerolíneas , le contestó Jaime, suelto de cuerpo, cuando en la oficina de al lado se consumaba lo mismo que estaba desmintiendo. Cuando se le miente a un embajador no se le miente a una persona, sino a un Estado. Esa enorme diferencia es demasiado sutil para ser interpretada por Jaime.

Jaime es Kirchner. Alberto Fernández no quiso nunca ampliar la participación del Estado en la compañía en más del cinco por ciento, pero está por llegar al 20 por ciento. Cristina Kirchner trató de seducir personalmente a los dueños de la compañía aérea, porque sabe que tienen importancia en el mundo de los inversores españoles. Pero el ex presidente se mantuvo en sus trece: quiere a socios argentinos en Aerolíneas Argentinas. Ningún argentino se interesó nunca ante los propietarios españoles por la compra de acciones. Es el gobierno argentino el que busca empresarios locales. Sólo Néstor Kirchner y Silvio Berlusconi confunden en el mundo globalizado de hoy a una aerolínea con la bandera nacional.

La decisión de la empresa tiene su explicación en el intenso juego de pinzas a la que era sometida por Jaime. Ninguna resolución que la hiciera rentable salía de los cajones de Jaime, mientras la combativa conducción del sindicato de pilotos cuenta con la simpatía y la confianza del secretario de Transporte. Así, la empresa perderá todo valor en pocos meses más, dijeron los dueños españoles.

Cristina Kirchner aspira a viajar en junio a Madrid y a ser bien recibida allí. ¿Lo será? La Argentina está aislada en el mundo. No hay a la vista proyectos serios para combatir la extenuante inflación. El conflicto con el campo marcha hacia el triunfo de los que quieren vencedores y vencidos. El eje dual y desconcertante del poder se define entre muy pocos en una vieja casona de Olivos.

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