Cuando el desafío es sufrir ante la cámara

Roxana Morduchowicz Para LA NACION
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21 de junio de 2011  

Todos queremos una TV de calidad. Porque la televisión es, junto con la radio, el único medio presente en todos los hogares; porque es tema diario de conversación; porque ver TV es de las pocas actividades que comparten ricos y pobres, jóvenes y ancianos, rurales y urbanos, niños y adultos. Todo el mundo ve televisión. Todo el mundo habla de ella.

Necesitamos una televisión de calidad, porque es un medio esencial para la socialización. Porque puede compensar desigualdades culturales. Porque la TV siempre enseña (aunque no se lo proponga). Porque los chicos siempre aprenden. Necesitamos una TV de calidad porque transmite valores. Porque incide en la formación de las personas. Y porque es un servicio público.

Una televisión de calidad innova, arriesga, enriquece la programación, diversifica contenidos y prioriza valores constructivos. Nada de esto sucede en el programa televisivo Bariló (El Trece, 18.30) en el que alumnos secundarios buscan -a todo o nada y mediante prendas- el viaje a Bariloche. Un formato conocido y que remite a viejas fórmulas, en una propuesta más pobre y hasta ofensiva para sus protagonistas.

El problema de Bariló no es sólo la falta de innovación. La propuesta que ofrece a los adolescentes es lo que más preocupa: prendas que humillan, que buscan el ridículo de los chicos, que no interpelan su inteligencia sino su capacidad para sufrir, y que refuerzan la representación negativa de los jóvenes a la que nos tiene ya acostumbrados la TV argentina.

Cuando hablan de los adolescentes, los noticieros suelen referirse a la violencia, al fracaso educativo, la drogadicción, la anorexia, la bulimia, la deserción escolar, la depresión, el alcoholismo o el embarazo precoz. Y todo ello atribuido a "conductas antisociales". Esta es la imagen que se instala y legitima en la sociedad. No es casual que un grupo de jóvenes se quejara porque, al sentarse en un bar, el mozo les había llevado por su cuenta cerveza para todos, dando por sentado que sería eso lo que iban a pedir.

Bariló transmite la misma imagen negativa de los adolescentes. Ninguna prenda apela a la inteligencia de los estudiantes; ninguna alude a su capacidad intelectual; ninguna constituye un desafío cultural ni requiere de creatividad o imaginación.

Lejos de ello, las prendas proponen "que los varones soporten una depilación sin hacer ninguna mueca en el rostro", o "sostener durante el mayor tiempo posible una barra de hielo entre las manos mientras el cuerpo es bombardeado con frío seco", o "comer insectos de una", o "que las mujeres acepten raparse su larga cabellera". Los chicos son sometidos al ridículo para ver "quién tolera más y mejor el sufrimiento propuesto".

Al programa no le interesa saber cómo piensan los alumnos, o qué capacidad tienen para argumentar o fundamentar una opinión. Ni siquiera le importan los sentimientos de los adolescentes. Por eso cuando una de las chicas llora mientras le rapan la cabeza, el conductor sólo dice -casi con entusiasmo- "miren, parece que llora, se está arrepintiendo?" Todo ello, por supuesto, sin frenar la prenda.

A Bariló sólo le interesa si los estudiantes pueden soportar el sufrimiento. No le importa qué imagen construye de los adolescentes en cada emisión. Poco le interesa si el público se ríe de ellos, o del ridículo de sus acciones ante prendas absurdas. Cuando muestra a los alumnos en "la hazaña" de comer insectos o depilarse sin reaccionar, refleja la peor imagen de los adolescentes y fortalece estereotipos. Millones de chicos en la Argentina, sin embargo, no pertenecen ni se sienten incluidos en esta representación. Pero a Bariló esto no le interesa.

Lo que no se entiende es por qué se empeña el canal en presentarlo como programa de entretenimiento. Viendo Bariló , no sólo podemos decir qué concepción de adolescente tienen en su cabeza quienes lo hacen y programan. También descubrimos qué extraño sentido tiene para ellos la palabra entretener.

© La Nacion

La autora dirige el programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación de la Nación

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