Cuando menos significa más

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25 de abril de 2004  

La vi tan accesible que me animé a preguntárselo sin rodeos.

--¿Cómo es la vida cuando no se puede caminar por la calle sin que la gente te detenga cada medio metro?

--Y... ya sé que eso es así. Por eso sólo salgo a caminar el día que estoy de humor para aceptar las cosas como son --me contestó Susana Giménez hace más de cuatro años. Hizo una pausa y agregó: --Pero lo mío no es nada. En el exterior, camino tranquila sin que nadie me reconozca. Complicado es lo de Maradona. Te cuento algo que me ocurrió en Egipto. Mientras hacía la fila para entrar a visitar la tumba de Tutankamon me puse a conversar con el muchacho que cuidaba el lugar. Para él, yo era una turista más. Me preguntó de dónde venía. Cuando le respondí, se le iluminó la sonrisa: "¡Ah, Argentina-Maradona!", me dijo. Pensé: ¡qué terrible!, Diego no puede dejar de ser famoso en ninguna parte.

La anécdota fue tan gráfica que una sensación de ahogo subió por mi garganta de sólo imaginarme en los botines de Diego, siempre expuesto, sin respiro geográfico.

Meses atrás entrevisté a Marcelo Tinelli. Me pareció que no ha nacido para el divismo y quise saber cómo pilotea su vida en el tormentoso cielo de la popularidad.

--Yo tengo suerte --evaluó--. En las últimas vacaciones, por ejemplo, apenas llegamos a París, le propuse a mi hijo: "Vení, Francisco, te juego una mancha aquí, en la calle". No soy un desubicado y sé que en la Argentina no puedo jugar con el nene en la vereda. Pero, ¿sabés todos los países que me quedan para disfrutar de la calle sin que nadie me mire? Problema es el de Maradona: él no tiene ni un rincón donde pasar inadvertido.

Por segunda vez, traté de ponerme en el pellejo de Diego. Imaginé un planisferio en el que se iban iluminando los territorios donde su fama había echado raíces. A poco andar, la Tierra entera era una bola de luz que me encandilaba. Retrocedí, asfixiada, hasta Susana y Marcelo. "Menos es más", razoné. Menos notoriedad es más alivio. Menos celebridad es más espacio para la libertad. Entonces, me asaltó la imagen de tantos hombres dispuestos a vender el alma a cambio de los mentados quince minutos de fama. ¿Sabrán que en alguna estación querrán recuperar el alma rematada para bajarse a jugar a la mancha?

"Menos es más", vuelvo a pensar ahora que la intimidad de Maradona ha sido violada. Algún inescrupuloso fotografió su imagen desde el monitor que se utiliza para controlarlo. Supuso que alguien pagaría por publicarla porque muchos otros pagarían gustosos por verla.

Recordé las tres internaciones de mi padre, también por problemas cardíacos, en la misma terapia intensiva. Imaginé a Claudia Villafañe y a sus hijas con sentimientos semejantes a los que experimentamos, mi familia y yo, en ese cuarto piso: el miedo infinito por un corazón maltrecho y la confianza absoluta en los médicos y en las enfermeras a los que uno ve peleando por la vida con bendita obstinación. Los mismos profesionales, la misma tensión esperanzada. Pero también una diferencia abismal. Los monitores ubicados en el centro de la sala eran para nosotros motivo de tranquilidad: desde allí se supervisa hasta el pestañeo del paciente. Diego supo generar alegría para multitudes. Mi papá, sólo para sus íntimos.

Diego es una celebridad planetaria. Mi papá, un maravilloso hombre común. ¿Es humano que "menos siga siendo más" incluso en la delgada línea que separa la vida de la muerte?

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