Cuba, condenada por un voto

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21 de abril de 2004  

La Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) acaba de condenar nuevamente el régimen totalitario de Cuba por sus reiteradas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos. La resolución fue aprobada por una mínima diferencia: 22 países votaron en favor de la condena al régimen castrista, 21 se pronunciaron en contra y hubo diez abstenciones (entre ellas, la de nuestro país).

Conviene analizar de qué modo votaron los 53 miembros de la comisión. Eso nos permite obtener un "quién es quién" del organismo de la ONU que vela por los derechos humanos. En favor de condenar a Cuba y de instar a su gobierno a respetar los derechos humanos votaron los siguientes países: Alemania, Armenia, Australia, Austria, Chile, Costa Rica, Croacia, Estados Unidos, Francia, Guatemala, Holanda, Honduras, Hungría, Irlanda, Italia, Japón, México, Perú, el Reino Unido, Corea del Sur, la República Dominicana y Suecia. Todos estos países son inequívocamente democráticos, incluidos -por supuesto- los seis latinoamericanos. Honduras fue el país que presentó el proyecto de resolución, lo que le valió ser impunemente insultado por el gobierno de La Habana.

En contra de la iniciativa de condenar a Cuba se pronunciaron Arabia Saudita, Bahrein, Burkina Faso, China, Cuba, Egipto, Etiopía, India, Indonesia, Nigeria, Qatar, Pakistán, Congo, Rusia, Sierra Leona, Sudáfrica, Sudán, Swazilandia, Togo, Ucrania y Zimbabwe, casi todos países con graves problemas en materia de derechos humanos. Hay, en ese sentido, dos excepciones: India y Sudáfrica.

Se manifestaron por la "abstención" la Argentina, Bután, Brasil, Eritrea, Gabón, Mauritania, Nepal, Paraguay, Sri Lanka y Uganda. Según un influyente diario norteamericano, los tres latinoamericanos que figuran en ese grupo fueron "liderados" por la Argentina en la decisión de abstenerse. En general, las naciones que se volcaron al abstencionismo carecen de estructuras democráticas aceptables o están desgarradas por crueles guerras civiles intestinas. Habría que preguntarse cuál es la razón para que estos países estén presentes la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

El voto argentino resulta injustificable. Los países no deberían practicar un "doble discurso". Si proclaman el respeto por los derechos humanos en lo interno, deben reclamar la vigencia de ese mismo principio en todos los lugares del mundo. Por esa inconsecuencia de los argentinos con nuestra propia convicción, Cuba estuvo a punto de salir absuelta en el principal foro internacional sobre derechos humanos. La madurez de otros países impidió, por un voto, que se consagrara ese absurdo.

La comisión no condenó solamente a Cuba. También emitió un juicio condenatorio contra Corea del Norte y Bielorrusia. La Argentina votó en favor de la condena a Corea del Norte y se abstuvo en la votación sobre Bielorrusia, mientras Cuba votó en contra en ambos casos.

Ante lo acontecido, vuelve a aparecer -nítidamente- el profundo problema estructural que presenta la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, que es el de su discutible composición. Integran el organismo países que se caracterizan por ser violadores constantes de los derechos humanos. La cuarta parte, por lo menos, de los estados que integran la comisión nunca debieron haber formado parte de ella. Son países interesados en que no se hable de violaciones a los derechos humanos por temor a que se pongan al descubierto sus propias debilidades en ese terreno.

Esos países practican una suerte de mecanismo defensivo, que los lleva a tratar de evitar que la comisión cumpla en plenitud con la misión para la que fue creada en 1946. Esta situación, que tiende a agravarse, ciertamente no prestigia a la comisión. Tampoco a la ONU.

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