Cuentas fuertes, lealtades débiles: el secreto del poder de los intendentes

La estrategia kirchnerista de derivar recursos directamente a los jefes comunales, sobre todo en el conurbano, no sólo debilitó al gobernador, sino que, paradójicamente, les dio autonomía y un capital electoral que los convierte en personajes clave en la construcción de la oposición de cara a 2015
Laura Di Marco
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3 de noviembre de 2013  

Quiero agradecer a este grupo o puñado de intendentes de la provincia de Buenos Aires que tuvieron el coraje y la valía, pero sobre todo la convicción, de dar un paso adelante para construir un camino a futuro", decía Sergio Massa la noche de su triunfo, hace una semana, ya consagrado como verdugo del kirchnerismo y presidenciable en la carrera de 2015. No habían pasado ni 24 horas de aquel reconocimiento público cuando, de nuevo, volvió a destacar a sus colegas. El lunes papasado contó ante las cámaras de televisión que tenía pensando "salir de Tigre" para "sumar intendentes de otros puntos del país y de otras fuerzas".

La irrupción de un intendente, como el propio Massa –secundado por otro, Darío Giustozzi– quiebra un patrón en la historia electoral. Tradicionalmente, dentro del peronismo siempre fue un gobernador el aspirante a sucesor del poder central. Un gobernador que salía a buscar a sus pares. ¿Qué pasó en la política argentina que este esquema se alterara? ¿Dónde, cómo y cuándo un intendente –de un distrito próspero, hay que destacarlo– acumuló tanto capital político como para poder confrontar con la Presidenta, el gobernador de la provincia de Buenos Aires y el jefe de gobierno porteño?

Economistas especializados en federalismo y politólogos orientados a lo local coincidieron, con matices, en una explicación: la estrategia del kirchnerismo de inyectar dinero en forma directa en las comunas (del conurbano, sobre todo), para ganar así la lealtad de los intendentes pasando por encima del gobernador, fortaleció a los territorios, pero en algún punto se les terminó volviendo en contra.

Alimentados por el oxígeno financiero que les fue inyectando el Gobierno nacional desde 2003 –inicialmente a Néstor Kirchner se le ocurrió esta estrategia de construcción política para debilitar el liderazgo de Eduardo Duhalde, quien hasta su llegada era el gran señor feudal del conurbano–, los caciques territoriales se fueron haciendo cada vez más fuertes e independientes de los gobernadores. Tanto, que no sólo lograron autonomía con respecto a las provincias sino, también, al poder central que les había dado aire.

La politóloga María Matilde Ollier, decana de la Escuela de Política y Gobierno de la Universidad Nacional de San Martín, destaca la novedad política de los intendentes de "haber organizado un espacio electoral desde el territorio y, a la vez, de haber encontrado un candidato capaz de arrastrar votos. Además, en un primer momento se dijo que Massa y Scioli iban a conformar un frente común contra el oficialismo que, si bien no funcionó, pudo haber sido un disparador para Massa".

Pero sin bien los 43 puntos cosechados en la provincia de Buenos Aires –que controla el 37% del padrón electoral– son una plataforma de lanzamiento más que interesante, de cara a 2015, ¿le alcanzará a Massa para proyectarse en los 23 distritos restantes? ¿Significa lo mismo, en términos de construcción y peso territorial, el apoyo de los barones del conurbano que el de los intendentes del interior del país?

La revancha de los barones

Entre 2001 y 2002, la crisis expulsó de sus puestos a 30 intendentes en todo el país, según había estudiado entonces el investigador de Flacso Daniel García Delgado. A partir de 2001, en los años posteriores a la crisis, las intendencias se habían convertido en una suerte de mesa de quejas de una ciudadanía con muchas razones para estar enfurecida. La debacle económica y social los había dejado particularmente vulnerables por los mismos motivos por los que hoy son exitosos: la proximidad con los vecinos.

"La singularidad de la política hace que los intendentes sean muy visibles para los vecinos y útiles para el poder central –explica el politólogo e investigador de la Universidad de San Andrés, Marcelo Leiras–. Por un lado, tienen una riqueza de información incomparable sobre el municipio y los votantes. La administración es simple, pero lo suficientemente visible como para que ellos se destaquen, desligándose a la vez de otras responsabilidades mayores porque no son su competencia. Afrontan demandas sobre la seguridad, es cierto, y en algunos casos las capitalizan como en Tigre, pero el grueso de esa área está en manos de la Nación. La cercanía con los votantes hace que, cuando la gestión es buena, la gente los evalúa muy, pero muy bien. Y en el escenario opuesto, los castiga muy mal".

Y eso fue justamente lo que sucedió en los años posteriores a 2001, una tendencia que empezó a revertirse en 2006. Algunos dirigentes y operadores, como Felipe Solá, que por esa época era gobernador, incluso habían llegado a confeccionaron listas de los intendentes del conurbano con causas penales abiertas para medir su grado de "vulnerabilidad".

Sin embargo, el progresivo desgaste del gobierno nacional, la pérdida de capital político de la Presidenta y sobre todo la percepción de que el kirchnerismo estaba agotando su ciclo fueron dejando un espacio vacante. Pero el factor decisivo para que Massa alcanzara visibilidad nacional parece ser haber sido, según los politólogos, la estrategia inicial de Kirchner de conectar directamente con los territorios.

"La provincia de Buenos Aires sólo coparticipa el 16, 14% del total de fondos a los 135 municipios. Es decir, siempre han sido muy mezquinas las provincias con relación a los municipios. En cambio, desde hace casi diez años, los fondos que reciben en forma de directa del gobierno nacional son casi iguales y en algunos casos mucho mayores que los otorgados por la provincia", sintetiza el economista Alejandro López Acotto, de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Su investigación registra que, durante 2010, José C. Paz, una de las comunas más pobres del conurbano, se financió del siguiente modo: 7,4% con recursos propios (cobrando tasas de servicios generales, como alumbrado, barrido y limpieza); 21,2% fueron fondos de la coparticipación, mientras que el Estado nacional aportó el 71,4%.

¿Qué pasó en Tigre, durante el mismo año? La Nación aportó el 37,8%, mientras que la provincia lo hizo con el 31,3%. La inversión directa, en el caso de las comunas más pobres, es fundamentalmente en infraestructura básica: pavimentación, agua, electricidad. Y, se sabe, la obra pública es mucho más visible en la provincia que en cualquier otro distrito del interior del país.

¿Qué les permitió esta nueva vuelta de tuerca a los intendentes? "Más visibilidad, porque quedaron asociados a esa inversión directa de la Nación, desde el momento en que son ellos quienes inauguran escuelas, una ruta, un hospital o una salita sanitaria", acerca el politólogo Germán Lodola, de la Universidad Torcuato Di Tella, un estudioso de temas del federalismo y política fiscal vinculada con las provincias.

Kirchner inyectó dinero, sobre todo, en los territorios del conurbano sur, allí donde Duhalde, su ex mentor al que ahora había que debilitar, era fuerte. "Por eso le decían el presidente del conurbano", apunta López Acotto. "Aún hoy, el kirchnerismo es fuerte allí donde lo era el duhaldismo".

Lodola acerca otro dato sobre las razones menos obvias de la victoria massista: "En toda comuna, el intendente tiene, como para arrancar, el 30% del padrón electoral. Son los votos vinculados con el empleo público y los negocios legales con la comuna, como la obra pública. Eso hace que sean actores muy interesantes para asociar a un proceso electoral".

Hay más razones económicas que explican la consolidación de las comunas y, en paralelo, el debilitamiento de los gobernadores. Señala Lodola: "En 2002, durante la presidencia de Duhalde, la Nación decide hacerse cargo de deuda que tenían las provincias con la banca nacional e internacional, con lo que se convierte en el principal acreedor. Además, hay una normativa por la cual cada provincia tiene que negociar en forma unilateral. Esta reestructuración de la deuda provincial volvió insolventes a los gobernadores".

Estrategia territorial

Lodola acota que esta pérdida de influencia de los gobernadores se acentuó aún más durante el cristinismo, desde que la Presidenta monopoliza el poder de la lapicera. Es decir, desde que ella define la lista de los candidatos a diputados nacionales en las provincias, privando así a los caudillos de la influencia que otorga "colocar" a su gente en esas nóminas.

Claro que no es lo mismo, ni tiene el mismo peso político, ser un jefe comunal del conurbano en el corredor norte, como es el caso de Massa, que ser intendente en el sur de la provincia o, peor aún, en los municipios del norte del país. En Argentina existen 2172 gobiernos locales distribuidos de manera muy dispar, con siderales diferencias de desarrollo incluso dentro del mismo municipio

"Massa recauda mucho en su municipio por el cobro de tasas en una zona rica. Lo mismo le pasa a sus colegas de Vicente López o San Isidro. Pero ésa no es, de ninguna manera, la situación del resto de las provincias, que siguen teniendo serias dificultades financieras", recuerda Leiras.

"Un intendente del conurbano también tiene más poder que uno del interior, si lo vemos en términos electorales y de movilización. Si bien hay ciudades grandes del interior como Rosario, Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Tucumán, que tienen igual cantidad de habitantes que algunas del conurbano, su capacidad de movilización difícilmente impacte en el poder central. Las acciones en el conurbano, aparte de la cercanía con la ciudad de Buenos Aires, tienen más impacto en los medios nacionales", completa Ollier.

Y agrega: "La llegada de recursos directos del gobierno nacional les permitió tener cierta independencia de los gobernadores y experimentar que moviéndose con inteligencia podían obtener ventajas de ambos lados, tanto del gobierno nacional como del provincial".

El tigrense empezó colonizando las intendencias vecinas. En 2011, por ejemplo, en San Fernando perdió un intendente histórico del duhalsimo (Amieiro) a manos de un hombre de Massa, Luis Andreoti. En ese mismo año ganó en San Martín otro dirigente ligado al tigrense: Gabriel Katopodis. El capital de su municipio, más sus intervenciones mediáticas promoviendo su política de seguridad en Tigre, lo llevaron, desde hace ya unos tres o cuatro años, a tener altísimos niveles de conocimiento en la provincia de Buenos Aires, algo inusual para un intendente.

La fuerza del intendente de Tigre ganó en distritos clave y en territorios kirchneristas, que sólo se impuso en Florencio Varela, Lomas de Zamora, Berazategui y La Matanza, donde la votación fue muy pareja. En Avellaneda y Ezeiza hubo un notorio corte de boleta, que dejó al desnudo el juego de los propios operadores de cada intendente.

¿La autonomía financiera también fomenta la fragilidad de sus lealtades? En parte, sí. Pero, en parte, esa trama propia hace que los intendentes peleen por su supervivencia política. Y para eso necesitan un juego doble, uno a nivel nacional y otro, a nivel local. "Traición" llamaba a eso Néstor Kirchner.

Varios intendentes del conurbano tuvieron una actitud sinuosa respecto de las listas nacionales del kirchnerismo, cuando vieron que la diferencia entre Massa e Insaurralde los podía complicar a ellos en el manejo de sus concejos deliberantes. En algunos distritos, como Ezeiza, hubo diferencias entre las listas a concejales y las nacionales de hasta 19 puntos. Las urnas del último domingo mostraron casos de intendentes que se beneficiaron al pasarse de bando, y los que "zafaron" de la derrota oficialista al ganar en sus distritos gracias al corte de boleta.

Cuentan los peronistas que, en 1973, Perón citó, molesto, al presidente del Concejo Deliberante, Miguel Unamuno, porque el cuerpo había votado un repudio al golpe de Augusto Pinochet. "Mire Unamuno –lo retó el general– yo soy el presidente de la Nación y tengo dos misiones fundamentales: la política interior y la política exterior. Ustedes, que son concejales, tienen otras tres: alumbrado, barrido y limpieza. Por favor, dedíquense a eso".

Parece que, desde el domingo pasado, ese esquema se ha invertido en el país un jefe comunal, cuya tarea es cobrar tasas de ABL, tiene chances de llegar a la Casa Rosada.

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