Cuestiones vocacionales de hoy

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27 de agosto de 2001  

El problema de la elección de los alumnos que concluyen la escuela secundaria se encuentra hoy muy afectado por los temores que despierta el futuro ocupacional de las carreras. Esta cuestión altera el proceso de las decisiones y genera en muchos adolescentes una especie de frustración anticipada en relación con su porvenir. La realidad de la situación que afrontan los jóvenes graduados, por una parte, y las alternativas que se observan en la matriculación de quienes desean completar carreras interrumpidas, por otra, permiten extraer algunas conclusiones al respecto.

El campo ocupacional de los recientes graduados universitarios se halla en el presente reducido por tres factores perturbadores: precariedad de los empleos, riesgo de despido y salarios bajos. Este cuadro desalentador se acentúa cuando se considera que, en la última década del siglo XX, el porcentaje de desocupados con título superior creció del 1% al 7,8%.

Estos datos, expuestos en un trabajo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref) del cual se informó recientemente, analizan aspectos de la situación en que se hallan los graduados sobre la base estadística provista por el Indec y el Ministerio de Educación. Se puede así conocer que solamente el 31% de los jóvenes profesionales ha logrado acceder a un cargo de jerarquía. En cambio, el 23% se desempeña en puestos precarios y un 55% se encuentra ubicado en tareas o cargos que están por debajo de sus niveles de capacitación.

Lógicamente, esta situación no es igual para los egresados de las diferentes carreras. Mientras Ciencias de la Comunicación, Farmacia y Bioquímica y Psicología proveen los más altos índices de desempleo (entre el 20,4% y el 16,5%), otras especialidades abren perspectivas más viables para el joven profesional. Entre éstas se encuentran abogacía y contaduría, en las cuales la desocupación de sus graduados oscila entre el 3 y el 3,5 por ciento.

Estos datos que periódicamente son actualizados tienen que ser difundidos y adecuadamente interpretados. Las dificultades de hoy no deben justificar el desánimo para la continuación de los estudios. La formación superior constituye siempre el camino apropiado para la realización personal y el progreso social. Dejar de hacerlo, estando en condiciones de efectuarlo, implica, por lo tanto, renunciar al desarrollo individual y de la sociedad a la que se pertenece.

Así lo han entendido jóvenes adultos, mayores de 30 años, que retornan a las aulas universitarias luego de un lapso en el cual, por diversas razones, dejaron el estudio sistemático. En este momento pertenece a esta franja de edad el 10 por ciento de los alumnos superiores. En la UBA componen un conjunto de 25.000 estudiantes.

Es interesante destacar, asimismo, que este tipo de población universitaria se encuentra en mayor número en la Facultad de Filosofía y Letras, donde el 30% tiene más de 30 años. De ellos, el 68% son mujeres y el 71,8% del total estudian y trabajan. Tal como se aprecia, son diversas las variables que juegan a la hora de elegir, de dejar y de retomar estudios, pero quienes regresan demuestran que, a pesar de obstáculos y adversidades, necesitan alcanzar una meta profesional para sentirse bien con ellos mismos y mantener esperanzadas posibilidades para el futuro.

Por último, es valioso también destacar que para un sector de los estudiantes adultos, que se muestra mayoritario, la experiencia del trabajo los moviliza a volver a las aulas, pues ven que las mejores oportunidades laborales son únicamente factibles mediante una formación superior.

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