Cuidado, el petrolão baja a estas playas

Francisco Olivera
Francisco Olivera LA NACION
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1 de agosto de 2015  

Los brasileños tienen una metáfora perfecta para momentos de pánico generalizado. " Barata voa", dicen. La cucaracha vuela. Es la mejor descripción que parte del establishment parece haberle encontrado al sálvese quien pueda en que se convirtió el petrol ã o, el escándalo de corrupción más grande de la historia de América latina. "Te levantás y aparece otro empresario preso", reflexionaba anteanoche un consultor en San Pablo. La crisis, que se inició con una investigación por supuestas coimas en contratos con Petrobras, ya se cobró una detención emblemática en el mundo de la obra pública regional: la de Marcelo Odebrecht, bautizado allí como "Príncipe de los Contratistas", en prisión preventiva desde hace más de un mes. Se trata de una cadena de efectos múltiples. Luego de tenerlos presos durante semanas en celdas de 12 metros cuadrados, la justicia brasileña les da a los ejecutivos la posibilidad de atenuar la pena mediante la figura del arrepentido, conocida en Brasil como delación premiada, y así un arresto sigue al otro y provoca nuevas acusaciones casi en progresión geométrica.

Un sorpresivo fin de fiesta para varias décadas de travesuras público-privadas. Algo que los propios protagonistas llegaron a llamar "El Club": un conglomerado de contratistas abocados a pagar regularmente contribuciones a funcionarios al sólo efecto de pertenecer a círculos que les permiten atribuirse licitaciones que a menudo, como en vastas partes del planeta, se reparten ellos mismos. A los ojos de un argentino, lo que está logrando la delación premiada en Brasil roza el universo de la ciencia ficción. Hace cuatro meses, acorralado por el caso, Pedro Barusco, un gerente raso de Petrobras, aceptó devolver más de 120 millones de dólares que tenía en cuentas del extranjero y que admitió haber recibido de coimas. La magnitud de los descubrimientos sobrepasa incluso todo intento por atenuar el impacto en los diarios. Son números insoslayables: en Abreu E Lima, una refinería que Petrobras construyó en Pernambuco, los sobreprecios oscilarían el 700%.

Es natural que las corporaciones brasileñas hayan ido de la perplejidad al espanto. En las últimas semanas, varios lobbistas intentaron llegar a Fernando Henrique Cardoso, el hombre más influyente de la oposición, para convencerlo de que una mayor presión para forzar un juicio político a la presidenta Dilma Rousseff equivaldría a atentar contra la república. Viejo trastocamiento sectorial: empresarios que, de tan compenetrados, confunden patria con intereses.

Los primeros reverberos del terremoto están llegando al Río de la Plata. El martes, en lo que llamó Operación Radioactividad, y luego de arrestar de manera preventiva a Othon Luiz Pinheiro da Silva, directivo de la usina eléctrica Eletronuclear, la policía allanó en San Pablo las oficinas de la constructora argentina Techint, contratista de esa generadora, y obligó a declarar a su director general, el brasileño Ricardo Ourique Marques. La fiscalía afirma algo que Techint negó ese mismo día en un comunicado: que existen indicios de que Pinheiro da Silva habría cobrado una coima de 1,3 millones de dólares para favorecerla con contratos, junto con un grupo de empresas que se cartelizaron para repartirse licitaciones de Petrobras. Son Andrade Gutierrez, Odebrecht, OAS, Queiroz Galvão, UTC, Camargo Correa, MPE y Techint.

El allanamiento y sus implicancias sorprendieron a la Unión Industrial Argentina (UIA) en plena discusión interna por la renovación de las autoridades. Aquí, la preocupación es creciente y tiene un doble impacto: no sólo porque varias de las firmas involucradas tienen operaciones en el país, sino porque las denuncias ahondan la recesión del socio del Mercosur. Se suspendió el financiamiento del Banco Nacional de Desarrollo (Bndes) a las empresas, los bancos privados también cerraron el crédito y la obra pública quedó paralizada. Hasta el petrol ã o, el 100% de los astilleros brasileños hacía trabajos para Petrobras; esa cifra cayó ahora a 40%, lo que provocó 15.000 despidos. Algunas corporaciones, como Queiroz Galvão, han comenzado ya la liquidación de parte de sus activos. Brasil está en venta, y eso lleva a los elucubradores a imaginar manos foráneas ensañándose con la burguesía nacional. Militancia empresaria: la patria son los contratos.

La economía brasileña caerá entonces este año 2% y, en el mejor de los casos, se podrá soñar con un 0% en 2016. Tantos contratiempos afectarán sin duda las exportaciones argentinas, cuyo primer efecto se sentirá en la industria automotriz, que ya recortó en 50.000 vehículos (de 600.000 a 550.000) la proyección de producción para este año.

Hasta aquí, lo fácil de prever. El resto de los temores obedecen a algo más incierto. ¿Hasta dónde llegará Sergio Fernando Moro, un juez de Curitiba, de 43 años, profesor universitario formado en Harvard, padre de dos chicos y con fama de austero? ¿Es cierto que la investigación ha entrado ya en su segunda etapa, que consiste en auscultar el financiamiento del Bndes más allá de las fronteras de Brasil? En la Argentina, el banco acumula más de 500 millones de dólares en financiamiento para distintos proyectos. Colombia, por ejemplo, ya decidió anticiparse públicamente a cualquier condena: su vicepresidente, Germán Vargas Llera, acaba de advertir que "cualquier condena internacional en materia de soborno" inhabilitaría las contrataciones y las ejecuciones de obra de Odebrecht durante 20 años. ¿A alguien podría ocurrírsele aquí revisar, por ejemplo, las transferencias que Petrobras ha hecho de sus activos, como la refinería y las 360 estaciones de servicio que le vendió a Cristóbal López? De esos vientos políticos dependerá la otra parte del repliegue: la petrolera puso en venta todos sus activos en la Argentina, estimados entre 1000 y 1500 millones de dólares, y ya hay cuatro compañías -YPF, Tecpetrol, Pluspetrol y Pan American Energy- analizando ofertas.

No deja de ser una ironía bilateral. Empantanado en una recesión más política que económica y herido en su liderazgo y gobernabilidad, Brasil tiene, sin embargo, lecciones institucionales que darle a su viejo socio. La cucaracha vuela como cóndor y no precisamente en los Andes: un ignoto juez federal cumplió con su trabajo de un modo tan atípico que no sólo desencadenó fantasías sobre sus reales motivaciones y respaldos, sino que, en el colmo de la irreverencia, dejó perplejos a empresarios poderosos habituados a un esquema de contrataciones cuya elusión, hay que decirlo, los habría dejado fuera de cualquier obra pública.

Es el costo y el sentido de la ética. Antojos que vienen con la libertad.

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