Cuidar a los mayores es cuidarnos

Claudio Romero
Claudio Romero PARA LA NACION
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15 de junio de 2016  

Al mismo tiempo que crece la expectativa de vida en la población, crecen las tipologías de enfermedades y los temas a abordar. Hoy, 15 de junio, en muchos países del mundo se conmemora la toma de conciencia para decirle "no al abuso y al maltrato al adulto mayor".

El abuso y el maltrato en la vejez constituyen lo que se denomina un "delito oculto o invisible". Un delito que casi siempre se encuentra confinado a entornos privados, familiares y reservados. Un delito que constituye un problema social que afecta no sólo la salud y el bienestar de las personas mayores, sino también sus derechos.

Los perpetradores de este tipo delitos, en su mayoría, son los hijos o los nietos, o el cuidador formal e informal y hasta la pareja más joven. Por vergüenza, al adulto mayor le cuesta denunciar y hacer visible aquello que le pasa y lleva consigo una pesada carga de aislamiento y depresión, que son los primeros síntomas.

Existen distintos tipos de abuso y maltrato; podríamos mencionar el psicológico -faltas de respeto, amenazas, insultos-, el maltrato físico, el financiero: apoderarse de las cosas materiales del adulto mayor, de su vivienda o su jubilación, o hacer firmar poderes y/o escrituras a favor de alguien contra la voluntad. El aislamiento consiste en la prohibición de comunicarse, ya sea con amigos, familiares o vecinos. El sexual también se da en este rango etario. La negligencia es no suministrar alimentos, cuidados ni los medicamentos que pudiera necesitar.

Lo importante de este día es transformarlo en una concientización de todos los días. Aportar a esta visión es estar atento, pensar si conocemos a algún adulto mayor que esté viviendo avergonzado o que tenga miedo: ayudarlo y decirle que el maltrato no es su culpa.

No olvidemos que nuestros mayores tienen el derecho a recibir un trato justo y digno. A disfrutar de una vida plena. A la igualdad y a no ser discriminados por motivos de edad. A recibir amparo ante la desprotección. A que se reconozca su aporte al desarrollo de la sociedad. A tomar decisiones de manera autónoma. A ser valorado independientemente de su contribución económica. A su integridad física, psíquica y emocional.

Ésta, que parece una verdad de Perogrullo, muchas veces se ve vulnerada o violentada. Recordemos siempre que nuestros mayores conforman nuestro patrimonio cultural viviente y nuestro reservorio de sabiduría. Son el sinónimo del amor en un beso, la solidaridad cuando entregan su tiempo, la sabiduría cuando dan un consejo, la comprensión cuando nos entregan su calma. Pero por sobre todas las cosas son ejemplo de llegar hasta aquí por haber sabido vivir la vida.

Tengamos presente que aunque lo hagamos por ellos lo estamos haciendo por nosotros. Porque adultos mayores somos todos, sólo es cuestión de tiempo.

Secretario de Tercera Edad de la ciudad de Buenos Aires y Parlasur ad honorem por la misma ciudad

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