Cumbre de países emergentes, ¿mucho ruido y pocas nueces?

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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29 de marzo de 2013  • 01:32

Desde 2009, el grupo de países emergentes -denominados Brics- se ha reunido una vez por año -a nivel de jefes de Estado- para analizar la marcha de la economía mundial y su participación en ella. Acaban de hacerlo, una vez más, en Durban, Sudáfrica.

Cabe recordar que el grupo está compuesto por Brasil, Rusia, India, China y en 2011 se agregó Sudáfrica, incorporando así a una nación del continente negro, pese a que su economía es 20 veces más chica que la de China, que es el país de mayor peso entre sus integrantes. El grupo representa, recordemos, el 25% de la producción del mundo y contiene al 40% de su población.

No obstante, frente a los inversores, particularmente a los financieros, los Brics parecen haber perdido parte de su atractivo original. Ocurre que -superado lo peor de la crisis económica del 2008- las inversiones han regresado a los Estados Unidos y a Japón y encontrado, particularmente en el sudeste de Asia, otras opciones entre los países emergentes que aparentemente lucen más atractivas.

La situación individual de los Brics

Brasil es, de todos sus integrantes, por su tradicional perfil exportador, quizás el más afectado por la desaceleración económica del mundo. De haber crecido al 7,5% de su PBI en 2010, cayó a un anémico 0,9% el año pasado. Si bien en enero de este año aparecieron señales positivas, que sugieren una mejora, es aún temprano como para pensar que el problema ha quedado atrás, lo cual se refleja en el persistente retraimiento de los inversores. Pese a que la economía brasileña genera un alto nivel de empleo, Dilma Rousseff se esfuerza en recuperar los flujos de inversión evaporados.

Pese a que la economía brasileña genera un alto nivel de empleo, Dilma Rousseff se esfuerza en recuperar los flujos de inversión evaporados

La economía de Rusia también se ha frenado. En rigor, ha estado cayendo a lo largo de los últimos cinco trimestres. Este año su crecimiento, se estima, será del 5% del PBI. La liberalización de su economía se ha revertido y el autoritarismo y el estatismo han regresado al centro de la escena de la mano de un gobierno que esconde -mal- su autoritarismo, que genera desconfianza en los inversores.

Por su parte, en la aún excesivamente burocrática India, las tasas de crecimiento "chinas" han quedado atrás. Ahora la India crece al 5% anual. No obstante, el reciente cambio de gobierno y la adopción de medidas que disminuyeron los subsidios, así como las iniciativas que apuntan a reducir los déficits de cuenta corriente y fiscal, han devuelto optimismo al sector empresario. Habrá que esperar a las elecciones nacionales de mayo del año próximo para confirmar el cambio de rumbo.

Si las cosas no cambian significativamente, la economía china alcanzará a la norteamericana en apenas tres años más

China es, como hemos dicho, el país más importante del grupo. Tanto en términos económicos, como políticos. Es su indiscutido "peso pesado", entonces. Sin embargo, su crecimiento ya no es vertiginoso, esto es de dos dígitos anuales. Ha sido del 7,8% el año pasado. Y sigue en ese nivel. Este es, para China, el ritmo más lento de los últimos 13 años. Con un nuevo gobierno en el timón del país, procura dinamizar el consumo interno. Si las cosas no cambian significativamente, la economía china alcanzará a la norteamericana en apenas tres años más.

Sudáfrica padece el mal de la desaceleración económica. Tiene ahora un ritmo lento de crecimiento del 2,7% anual. Algo mejor que el 2,5% del año pasado. Lo que no es para celebrar, atento a que resulta insuficiente para destruir pobreza, la mayor urgencia sudafricana. Con un 6,5% de déficit de cuenta corriente, la popularidad del presidente Jacob Zuma está en baja, pese a que su reelección parecería asegurada.

Falta de homogeneidad de sus miembros

Cabe señalar que los Brics no son homogéneos. Son, en rigor, bien diferentes entre sí. Sus intereses, obviamente, difieren.

En términos de titularidad del PBI del mundo, China ocupa el segundo lugar, Brasil el sexto, Rusia el noveno, la India el décimo y Sudáfrica el vigésimo puesto. En cambio, de medir el ingreso per cápita, China ocupa apenas el puesto 86°, Brasil el 54°, Rusia el 52°, la India el 136° y Sudáfrica el 69°. Muy distintas realidades cuando hablamos de riqueza y cuando, en cambio, nos centramos en la distribución de los ingresos.

Los une a todos el deseo clarísimo de ser potencias. En sus respectivas regiones de influencia y más allá de ellas

Los une a todos el deseo clarísimo de ser potencias. En sus respectivas regiones de influencia y más allá de ellas. La ambición geopolítica, entonces. O sea, la aspiración de pesar significativamente en el concierto de las naciones. Lo que supone la voluntad de influir y el desafío de lograr ser tenidos en cuenta.

Por esto no sorprende demasiado que apenas un 2,5% de las inversiones externas de los Brics vaya a otro país del mismo grupo. Ni que más del 40 de sus inversiones aún se radiquen en el mundo desarrollado. Más allá de la retórica, Francia y los Estados Unidos, pero también Malasia, invierten más que China en África. Pese a lo cual, crecen las acusaciones contra China de tener una política colonialista y desindustrializadora, respecto de los países africanos.

Los logros en la cumbre

En Durban, los Brics anunciaron que ya han decidido crear una institución financiera para el desarrollo, que competirá con las instituciones de Bretton Woods. Para China, debería tener su prioridad respecto en el desarrollo de África. Para los demás, no necesariamente. Aunque se habla de un capital inicial de 50 billones de dólares, todavía no hay decisión final sobre ello. Ni tampoco sobre cómo se harán los aportes, ni dónde tendrá su sede la entidad que -queda visto- sigue en el "tablero de dibujo".

A ello se sumó la constitución de un "pool" de divisas para que los Brics puedan enfrentar con mayor holgura las eventuales crisis de liquidez que, de pronto, pudieran sobrevenir en un mundo todavía frágil.

Como suele suceder en las cumbres, también hay avances bilaterales. El más importante de los cuales en Durban fue el acuerdo alcanzado entre China y Brasil en función del cual se acordó un mecanismo trianual de "swap" de sus monedas nacionales, como "colchón" para el supuesto de problemas cambiarios. El intercambio comercial entre ambos gigantes es ya del orden de los 75 billones de dólares anuales. Brasil vende a China materias primas (fundamentalmente mineral de hierro) y China exporta a Brasil electrónica y maquinaria.

Una marcha con poca concertación externa

Por el momento no hay coordinación entre las políticas exteriores de los miembros. Tampoco en materia económica. Por esto, no pudieron, por ejemplo, influir en las recientes designaciones de los principales funcionarios del FMI y del Banco Mundial. Aunque lo cierto es que, en Durban expresaron un tibio parecer común a favor de una resolución de la crisis siria sin interferencias externas. Pero no aceptaron la invitación formulada por Bashar al-Assad para que mediaran en el conflicto.

No han avanzado en su objetivo de influir decisivamente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas

Más grave aún -más allá de las constantes declamaciones- no han avanzado en su objetivo de influir decisivamente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, al que Brasil, la India y Sudáfrica aspiran poder ingresar de modo permanente, aunque todavía no haya consenso internacional en ese sentido.

No obstante, lo cierto es que tanto Brasil como la India han permitido asombrosamente que, en los últimos dos años, los miembros permanentes del Consejo de Seguridad hayan agregado -a la manera de grave hecho consumado- un nuevo privilegio a los que ya tienen respecto del funcionamiento del organismo.

Me refiero a la creación de la categoría -absolutamente inédita- de los "penholders", que reserva para quienes la tienen nada menos que todo lo que tiene que ver con la confección y redacción material de los proyectos de resolución referidos a la agenda del Consejo. Sólo un "penholder" puede escribir sobre el tema, que así ha quedado insólitamente reservado para él, sin sustento normativo alguno. Esto demuestra que, más allá de las declamaciones, no hay -ni en Brasil, ni en la India- voluntad seria de asumir las responsabilidades que sus ambiciones suponen. Ni de confrontar con nadie por eso.

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