Defensa nacional y seguridad

Por Juan Carlos Mugnolo Para LA NACION
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27 de noviembre de 2002  

Una conocida definición del término seguridad refiere a "la situación en la que un Estado se considera a resguardo de agresiones militares, presiones políticas o coerciones económicas significativas, obteniendo con ello libertad de acción para proseguir con su propio desarrollo y progreso". Sin embargo, este enunciado, generalmente aceptado por las Naciones Unidas, no presupone las complejas implicaciones del vocablo y su correlato directo, la "seguridad nacional".

La expresión "seguridad nacional", aunque puede ser hallada en documentos de distintas épocas históricas, no se incorporó al vocabulario común de las relaciones internacionales sino hasta 1943, a través del influyente libro de Walter Lipman Política exterior de los Estados Unidos. Escudo de la República . La fuerza de las circunstancias al final de la Gran Guerra, decía el autor, comenzaba a delinear para los Estados Unidos un "perímetro de seguridad" muy superior al de sus simples fronteras.

Esa visión, ya alejada en el tiempo, sería ratificada, sesenta años después, con el surgimiento de graves e imprevisibles agresiones a la paz y a la seguridad del mundo. Se reconocía entonces, en ese país, un hecho relevante: el desuso y paulatino reemplazo del término "defensa", con su connotación básica referida a repeler agresiones, por uno mucho más amplio y complejo, el de "seguridad", vocablo cuya semántica no sólo indicaba resistencia a las amenazas, sino, más bien, "anticipación, prevención y disuasión", en bien de una sociedad de vida abierta y confiada.

Por otra parte, esa "comunidad de destino" o "proyecto de vida en común" del cual Francia ha sido siempre ejemplo, erige esa voluntad y espíritu de defensa no tanto, hoy, "contra ocasionales enemigos (como en los siglos XIX y XX)", sino "para el sostén de los valores y la organización social", frente a las nuevas amenazas, como dice el reciente libro Comprendre la Défense , del Instituto de Altos Estudios de Defensa Nacional de ese país.

Los años 70

En la Argentina, el concepto de "seguridad" aparece expresamente citado en septiembre de 1948, cuando el Congreso sancionó la Ley de Organización General de la Nación para Tiempos de Guerra. Esta ley respondía a la necesidad de adoptar previsiones de seguridad, que hasta entonces la Nación había soslayado. Se creaban, así, el Consejo de Defensa Nacional y tres gabinetes de seguridad: Interior, Exterior y Económico.

Ambos términos - seguridad y defensa - coexistieron sin mayores dificultades hasta promediar la década de los 70, cuando los acontecimientos que enlutaron a nuestra sociedad enfrentaron sus contenidos y los ubicaron en territorios separados.

Hoy, la condición legal que activa el sistema de defensa es la "externalidad de la agresión". Consecuentemente, la defensa nacional, hasta que la amenaza se concrete, convive con la desventaja de la sorpresa y la inacción. Y ello será así hasta que la duda de su origen se disipe y permita actuar con la preparación necesaria para el éxito.

Empero, una aproximación a la solución de estas divergencias se halla en el Preámbulo de la Constitución Nacional, ya que allí se reclama "consolidar la paz interior, proveer a la defensa común". Sobre esta base, entonces, es posible entender el concepto de defensa nacional como la acción del Estado para "asegurar los beneficios de la libertad", tal como termina diciendo el citado texto constitucional. Se ratificaría así la interrelación jerárquico-funcional que existe entre seguridad y defensa, considerada la seguridad como objetivo o situación deseada y la defensa como la concreción de medidas y acciones para su consecución.

Pero no todo es tan sencillo respecto de estos términos cuando se avanza hacia los ámbitos de aplicación. Allí, lo geográfico, lo político y lo jurídico producen rígidas y artificiales delimitaciones en nuestra legislación, aspecto que las nuevas amenazas aprovechan en su favor.

Un ejemplo de esas dificultades lo hallamos en el concepto de frontera. Burlada fácilmente por la mundialización de las nuevas amenazas, como el terrorismo demencial acaba de demostrar en Estados Unidos, Indonesia y Rusia, la frontera o "confín del Estado" -que no sólo conlleva un límite, sino su zona de influencia (más extensa de lo que vulgarmente se cree)- presenta una problemática que, de no abordarse, aumentará la dicotomía existente entre seguridad nacional y defensa nacional.

Tal como coinciden en decir Umberto Eco y Giovanni Sartori, "nos enfrentamos a un nuevo fenómeno, la guerra difusa", en el que "no hay más enemigos ni fronteras identificadas; no se sabe de dónde provienen las amenazas y sólo se sabe que pueden causar masacres en un instante por el poder destructivo que tiene la tecnología hoy".

Mecanismos institucionales

Frente a todo ello, es mi intención transmitir la idea de la multiplicidad de los instrumentos a disposición del Estado, para no dejar al margen la consideración de ninguno de ellos. Se trata de ofrecer, con imparcialidad y espíritu de servicio, una visión profesional acerca de tan importante materia.

En efecto, en lo relativo a la seguridad y la defensa nacionales, así como sus relaciones, es imprescindible un esclarecimiento, el cual incluye la intervención de todos los mecanismos institucionales que correspondan, tendientes a consensuar pertinentes conceptos flexibles, abarcativos y modernos.

Desde mi punto de vista y por lo expuesto, se puede afirmar que los conceptos de seguridad y defensa no son antagónicos ni fácilmente separables, ya que ellos mantienen una relación jerárquica funcional reconocida en los países más avanzados del mundo y que, en el caso argentino, emanan del Preámbulo de la Constitución Nacional.

El Estado, con el monopolio de la fuerza, cuenta con todos los instrumentos de seguridad y defensa a su alcance. La graduación en el uso y la sabiduría en su aplicación permitirá que no algunas sino todas las fuerzas de la Nación contribuyan a la paz interior, ejerzan la legítima defensa común y aseguren los beneficios de la libertad a los habitantes de nuestra querida patria.

El teniente general Juan Carlos Mugnolo es jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas.

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