Dejemos una huella positiva

Eduardo Macchiavelli
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6 de junio de 2018  

El cambio climático no es un tema para nuestros hijos, para nuestros nietos, no es algo de lo que tendrán que ocuparse las generaciones futuras, es algo que nos está ocurriendo hoy, ahora, aquí. Que nos sorprende los días menos pensados, a la salida del trabajo con una lluvia que cae copiosamente en cuestión de minutos o con un sol intenso de verano, pero en pleno julio.

En la ciudad de Buenos Aires, el invierno pasado fue el más cálido de toda la historia y el último mes de abril, el más cálido en los últimos 60 años. Al mismo tiempo, en la Argentina sufrimos inundaciones en el norte, sequías en el centro y fríos extremos en el sur. Todo al mismo tiempo y sin avisar. El planeta nos viene pidiendo a gritos ayuda y no podemos seguir haciendo oídos sordos. El Día Mundial del Medio Ambiente,, que celebramos ayer, fue instituido por las Naciones Unidas y es una ocasión más que nos invita a reflexionar sobre nuestro lugar como actores protagónicos del cambio que nuestra casa común requiere.

Toda actividad humana tiene impacto ambiental. La basura que generamos, el automóvil que utilizamos, la energía eléctrica que consumimos -en tanto no sea generada por fuentes renovables-, el carbón y el gas que quemamos, mucho de lo que hacemos genera emisiones de gases de efecto invernadero, con su impacto sobre el calentamiento global del planeta. Podemos decir que nuestra propia "huella de carbono" nos sigue a diario y que está en nuestras manos tomar las decisiones para reducirla. Cuando reciclamos en lugar de "tirar" papel, cartón, vidrio o plástico; cuando decidimos caminar unas cuadras o usar la bicicleta en lugar de sacar el auto; cuando hacemos un uso racional y eficiente de la energía reduciendo su consumo; cuando tomamos estas decisiones que parecen pequeñas, pero que son grandes multiplicadores de conductas sustentables, estamos dejando una huella positiva en la sociedad, que nos transforma en actores de una verdadera "ciudadanía ecológica".

El lema de este año del Día del Medio Ambiente fue "Sin contaminación por plástico". Esto nos recuerda un aspecto en el que se hace más notorio el cambio cultural que estamos haciendo realidad los porteños: incorporar a nuestra vida cotidiana las ecobolsas y el changuito que usaban nuestras madres o abuelas y así evitar -como sucedió en 2017- los 500 millones de bolsas de plástico que, en su mayoría, terminaban en nuestros sistemas pluviales y contaminando el Río de la Plata.

Como en el caso de la eliminación de las bolsas de plástico, el cambio cultural tiene que ser acompañado por políticas públicas que lo promuevan. En la ciudad de Buenos Aires, hemos asumido el desafío de transformarnos en ciudad carbono-neutral en 2050. Por ello estamos reconvirtiendo el 100% del alumbrado público a tecnología LED y vamos a distribuir cinco millones de lámparas de la misma tecnología entre los vecinos, para ayudarlos a que reduzcan su consumo de energía. Y seguiremos comprometiéndonos cada vez más con las políticas de Estado que nos llevan a incrementar el reciclado y la economía circular. En este aspecto, estamos recuperando diariamente más de la mitad de los residuos que se generan y todos los vecinos tienen, muy cerca de sus casas, alguno de los contenedores o puntos verdes adonde acercar sus materiales reciclables. Seguramente que, con un compromiso creciente, cada vez más distritos del país pueden mostrar una evolución favorable.

En suma, el cuidado del medio ambiente exige un cambio cultural y el trabajo conjunto del sector público, del sector privado y de los vecinos para mejorar nuestra calidad de vida y el mundo que lea dejamos a nuestras generaciones futuras.

Ministro de Ambiente y Espacio Público de la ciudad de Buenos Aires

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