Del álbum de familia

Por Julio César Moreno Para LA NACION
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29 de diciembre de 2001  

De pronto la Argentina ocupó la primera plana de los diarios del mundo entero. Fue algo inusual, ya que nuestro país generalmente no figura en la prensa internacional, salvo en las secciones de economía y finanzas. Las imágenes de los saqueos, la violencia callejera y la represión fueron calificadas en tono casi apocalíptico. "La amarga Navidad de Buenos Aires, entre guerrilla urbana y desesperación", decía el título de la nota de un enviado especial. O "Argentina, la agonía de una nación", con este subtítulo: "Estados Unidos y Europa no mueven un dedo porque es la crisis de un país que no exporta ni petróleo ni terrorismo".

En esta última frase quizás esté la clave de cómo nos han mirado en el mundo durante los recientes sucesos. Lo que se trataba de determinar es si esta crisis podría tener un "efecto dominó" o de contagio. Y al parecer se llegó a la conclusión de que ese riesgo no existía, ya que la Argentina no es una pieza estratégica, no tiene el poder de desestabilizar el planeta, no es el centro de "un área caliente" donde los intereses occidentales estén en peligro. De ahí entonces que pueda ser librada a su propia suerte. A diferencia de la crisis mexicana de 1995, la tailandesa de 1997 o la rusa de 1998, la de la Argentina no ha hecho temblar los mercados, en parte porque el sistema financiero internacional -en especial, la banca norteamericana- ha aprendido a protegerse de estos golpes. Pero también porque parece que nuestro país no es portador de un virus contagioso, y por lo tanto sus habitantes pueden ser condenados a cocinarse en su propia salsa.

Hay mucho de verdad en estas apreciaciones de los corresponsales extranjeros, pero ellos mismos señalan que la indiferencia del mundo no es total. Hay intereses europeos -en particular, españoles, italianos y franceses- que se han visto seriamente afectados por la crisis argentina, y de ahí que estén preocupados por el futuro de esta lejana nación sudamericana, que oscila entre el Tercer Mundo y la modernidad.

Lazos de sangre

Pero más allá de la protección de esos intereses, la prensa italiana y española ha invocado estos días los "lazos de sangre", de cultura e historia que unen a sus países con el pueblo argentino. Más que las pérdidas sufridas por Repelos, Telefónica, Aguas Argentinas o los bancos cuyas casas matrices son europeas, algunos artículos periodísticos recordaron que la mitad de los argentinos desciende de italianos y que hablan español. El periodista italiano Federico Rampini escribió: "Es una tragedia que nos toca de cerca porque va más allá de los intereses económicos: la Argentina forma parte de nuestro álbum de familia, no sólo porque muchos de sus hijos son hijos de inmigrantes italianos sino porque sus ciudadanos leen los mismos libros, creen en los mismos valores y son una parte vital de la cultura occidental".

Esta no es una apelación simplemente emocional, ya que se ha recordado también que la Unión Europea es el segundo accionista del Fondo Monetario Internacional, después de Estados Unidos, y que algo puede hacer por la Argentina. "Si la Unión Europea cree en aquello que dice sobre la libertad y los derechos humanos, no puede al mismo tiempo mandar soldados a Kabul y dejar incendiar Buenos Aires y la democracia argentina". Palabras como éstas tal vez puedan dar pie a una ilusión: que Europa no abandone a la Argentina en estas horas tan difíciles y que, además de en sus propios intereses, se inspire en esos lazos de sangre, cultura e historia que nos unen a ella.

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